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A 10 años del primer show solista del Indio Solari

El 12 y 13 de noviembre de 2005, en el Estadio Único de La Plata, debutaban el ex Redondos junto a los Fundamentalistas del Aire Acondicionado; el recuerdo de sus músicos.

Autor: Revista Rolling Stone Argentina, 12 de noviembre de 2005. Por Nicolás Igarzábal

Se podría adivinar en qué época del país estábamos con solamente ver el valor de la entrada en el margen derecho: 35 pesos. Eran los primeros años del kirchnerismo, las heridas de Cromañón estaban frescas, y el rock argentino atravesaba una suerte de reconstrucción interna después del golpe. A fines de 2004, el Indio Solari había roto el silencio con su primer disco solista, El tesoro de los inocentes (bingo fuel), tras la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Un año después, lo presentó en sociedad con dos shows masivos en el Estadio Único de La Plata, frente a 50.000 personas cada uno. Fue su regreso triunfal a los escenarios, la primera piedra de un fenómeno que hoy, 10 años después, ya pasó el millón de espectadores, si sumamos las 16 presentaciones que tuvo en total con todos sus discos.

Fueron varios meses de preparación; primero en Luzbola (el estudio/sala del Indio) y, más tarde, en un boliche de Parque Leloir donde se montó el escenario a escala. Se mezclaban sus temas nuevos con los himnos ricoteros de antaño, se buscaba la mejor calidad de audio, y la banda tomaba vuelo con Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Pablo Sbaraglia en teclados y Hernán Aramberri en batería. Este último fue clave en el armado del grupo porque venía tocando con el Indio como colaborador de Los Redondos desde los 90, con gran protagonismo en Último bondi a Finisterre y Momo Sampler. El otro pilar de ese proceso inicial fue Eduardo Herrera, productor e ingeniero de grabación en ambas etapas del cantante, en cuanto a los nombres que se barajaron y los que finalmente quedaron elegidos.

“Fue una bisagra en mi vida”, repasa Sbaraglia, ex Man Ray y Los Romeos. “Estaba viviendo en Madrid y mi vuelta a Buenos Aires tuvo que ver directamente con esos shows de La Plata, para entrar en un proyecto de un músico del que era fanático. Yo siempre decía, medio en chiste, que solamente iba a volver acá si me llamaban para tocar en Los Redondos”. Una comunicación telefónica con Herrera cambió su destino, como también le pasó a Baltasar, que a su vez propuso después a Gaspar. “Vi a Los Redondos en Obras Sanitarias, por un amigo que me llevó, pero siempre fui más de escuchar música extranjera. Nunca fui del rock nacional”, aclara el guitarrista, quien en ese entonces ya tocaba con Spinetta. “Fuimos conociendo los gustos del Indio, ya sabemos qué ideas toma y qué no. Escuchamos música en su casa y siempre hay intercambios. Gracias a él conocí a John Mellencamp, por ejemplo. Y yo una vez le llevé The Roots of The Ramones”, completa el violero.

¿Y Marcelo Torres? Es el más grande de sus compañeros y el más experimentado (ex Los Socios del Desierto, empezó a tocar en 1978), el único que llegó a compartir una fecha con Los Redondos, cuando era miembro del grupo de Piero. Fue en el Festival Pan Caliente de 1982, en Excursionistas. “El escenario estaba arriba de unos camiones y ellos entraron como un circo, eran todo un colectivo artístico con actores y bailarines. Me llamó mucho la atención”, recuerda. Dos décadas después, fue convocado por el Indio (“Me vio tocando en un programa de cable con mi banda y me llamó”) y se acopló al proyecto.

Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado se fueron haciendo amigos con el correr de los ensayos, con la mira puesta en los recitales de La Plata. Cuenta Sbaraglia: “Al principio, costó un poco adaptarnos, dado que veníamos todos de lugares muy distintos. Somos una banda poco homogénea, pero muy homogénea al mismo tiempo, porque cada uno suma lo que sabe hacer desde su lugar”. Y agrega: “Logramos amalgamar nuestras características y encontrar un audio propio. Al Indio no le divierte el plan de sesionistas, él pretende tener una banda. Y nosotros lo tomamos así: juntarnos, ensayar, compartir giras y tomarnos unos whiskies son elementos que también le aportan a la música”.

El vivo y el estudio son dos mundos distintos. Y más en esta situación. “Una cosa es estar ensayando en la sala y otra cosa es estar en un lugar frente a 50.000 personas que te comen el hígado”, diferencia Comotto. “Es mucha energía arriba y abajo del escenario. Gaspar ha parado zapatillas con el pecho y yo he esquivado varias también”. ¿Cómo se dividen los roles rítmicos? “Están bastante repartidos, no es que uno hace más solos que el otro. Si no, sería demasiado laburo para una sola persona, ¡no sé cómo haría Skay! La música del Indio te requiere muchas violas, es muy obsesivo con las guitarras”. Remata Torres: “Cuando nos juntamos, somos todos engranajes de una máquina que tiene que sonar perfecta. No puede haber ninguna fisura, porque no tenemos un show a la semana siguiente, como cualquier banda, para mejorar”.

La lista de temas fue adquiriendo forma en los ensayos también. Hay que pensar que en ese bautismo de fuego, Solari tenía que combinar las 14 canciones de El tesoro de los inocentes con todo el repertorio de Los Redondos y podían salir perdiendo. Comenta Sbaraglia: “En esos primeros encuentros, había colgado en la sala un cartelote con la lista de temas y empezamos a prepararlos. Yo la tenía enfrente, la miraba, la miraba, hasta que un día me animé y le dije: ‘Están bien los temas, Indio, pero, ¿Y el orden?’, y me respondió: ‘¿No te gusta el orden? Hacé otra’. Así que estuve una semana entera preparando listas alternativas para proponérselas… ¡Hice como 15 distintas!”.

Así quedó confeccionado el repertorio que sonó el 12 y 13 de noviembre de 2005. Fueron 25 canciones (14 redondas, 11 solistas) que se apretaban en bloques de 3. De ahí que se haya elegido abrir con “Nike es la cultura”, “Amnesia” y “Tomasito podés oírme? Tomasito podés verme?”. Recuerda Baltasar: “Con Hernán fuimos al campo antes de arrancar e hicimos una caminata entre la gente. Nos gustaba hacer eso. En ese momento no nos conocían tanto y lo podíamos hacer”. Después volvieron al camarín con sus compañeros. Ya estaba todo listo. “Cuando nos subimos a la camioneta que nos llevaba al escenario, el chofer puso ‘Nike es la cultura’ adentro, como para entrar en calor… ¡eso no me lo olvido más!”.

Los técnicos y asistentes del grupo le habían advertido a Marcelo Torres que no iba a escuchar nada arriba del escenario, por los gritos del público. “Y yo les decía que no podía ser, que cómo no se iba a escuchar… hasta que salimos al escenario y la gente cantaba todos los arreglos, los solos de guitarra, de vientos, todo. Tardé unos minutos hasta ubicarme en esa situación, porque perdías las referencias de sonido”. A Sbaraglia le pasó durante el tema “Insomnio”, al comienzo: “Tengo una parte instrumental de cuerdas con el teclado y nunca pensé que iban a corear esa melodía. Escuchaba a la gente más fuerte que a mí, me entró el nervio de la vida, ¡me temblaba la mano!”.

Solari saludó a los fans y agradeció: “Yo muchas veces me jacté de ser fiel, tomando a la fidelidad más como algo perverso que como una virtud. Les agradezco a todos el grado de perversión que han tenido conmigo”. El concierto siguió con “Un ángel para tu soledad” (el último tema del último show de Los Redondos en Córdoba 2001, todo un símbolo) y “El lobo caído”. Para “La piba de Blockbuster” (¡todavía existía esa cadena de videoclubes!) se sumó como invitada Deborah Dixon, tal como había grabado en el disco. “Es un tema distinto a todo el álbum y tiene un trabajazo impresionante. Fue una gran exigencia en vivo porque lo canté mano a mano con él”, recuerda la ex Blacanblus, quien había hecho coros para Patricio Rey en Huracán 94, cuando se presentó Lobo suelto/Cordero atado.

La primera parte cerró con “Yo caníbal” y “Ropa sucia”, después vino un intervalo que se hizo infinito, y la banda volvió a cabalgar con “Fuegos de oktubre”. En el segundo bloque hubo canciones solistas que con el tiempo se iban a convertir en clásicos, como “To beef or not to beef” y “Pabellón séptimo (relato de Horacio)”, y otras que no volvieron a tocar más, como “El charro chino” y “Ciudad Baigón”. Momentos altos sobre el final: “Juguetes perdidos”, “El pibe de los astilleros” y “Tarea fina”, con bengalas incluidas, a pesar del recuerdo de Cromañón. Explica Sbaraglia: “Los temas de Los Redondos se eligen acorde a la magnitud del estadio y del tempo, que no sean muy oscuros. En la sala se han probado algunos que no funcionaron y no se tocaron nunca. Yo hice fuerza por muchas, como ‘Tarea Fina’, que rompí los huevos para hacerla porque era una de esas canciones que yo tocaba con la guitarra en reuniones de amigos”.

¿Hace falta contar con qué tema cerraron? Uno con el que, según confirmó el Observatorio Astronómico de La Plata al otro día, provocó un leve sismo en toda la ciudad. “‘Jijiji’ es una cosa de locos”, opina Torres. “Y es un gran desafío: como banda tenemos que tocar la canción como la hacían Los Redondos y, a la vez, ponerle algún plus nuestro. Y creo que lo hemos logrado todos estos años, que estuvimos a la altura de todo su repertorio”. Y cierra Baltasar: “Estos dos shows adrenalínicos fueron el puntapié para todo lo que vino después. Salíamos a Vietnam: ninguno de nosotros, salvo el Indio y Hernán, tenía experiencia de esa magnitud y con ese fervor tan grande”.

Al mes siguiente, tocaron en el Velódromo Municipal de Montevideo y ese fue el final de la etapa de El tesoro de los inocentes. Recién volverían al ruedo en 2008, para presentar Porco Rex en Córdoba, San Luis, Tandil, Salta y… otra vez, La Plata.

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