Edelmiro Molinari: «Quería tocar con los negros»

El ex Color Humano habla de su exilio en Hollywood y de un legado que va de La Renga a Babasónicos.

Autor: Revista Rolling Stone Argntina, 1 de octubre de 2006

Hace tres años un volkswagen descapotable cargado de afectos y equipos cruzaba la Cordillera de los Andes. Había partido de Viña del Mar y su destino era Buenos Aires. Un auto más, otra historia entre miles y, sin embargo, una bien personal y significativa para el rock hecho en la Argentina. Se trataba de Edelmiro Molinari, el mítico e influyente guitarrista, ex Almendra y Color Humano, acompañado porsu pareja, su hijo Jidu y, claro, guitarras, amplificadores y accesorios varios. Sin anuncios ni estrategias de marketing, aliado del silencio y con las montañas nevadas como únicos testigos, Edelmiro volvía a radicarse en Buenos Aires después de más de veintiséis años.

«Siempre prioricé la vida y la música. No importa dónde me llevaran», dice Molinari. Con apenas veinticinco años y el prestigio de Almendra y Color Humano todavía fresco, el cantante y guitarrista decidió iniciar unviaje hacia el anonimato profundo. Se instaló en Hollywood «porque quería tocar con negros» y disfrutó de la experiencia por casi veintitrés años. Después le siguieron unos meses en Hawaii «me interesaba aprender de los maestros de la guitarra hawaiana, el slide, las afinaciones, todo» y casi cuatro años en Chile.

En el medio hubo varias visitas a Buenos Aires, la mayoría por motivosfamiliares. Además del reencuentro de Almendra del 79/80, las más significativas fueron las que propiciaron la grabación de Edelmiro y la Galletita (1983) junto a Skay, y Color Humano: En vivo en El Roxy (1995). El regreso ¿definitivo? empezó a tomar su mejorforma el año pasado en el boliche La Vaca Profana. Acompañado de Daniel «Maza» Correa (bajo) y Sebastián Peyceré (batería), Edelmiro armó un power trío vigoroso y versátil. Su testimonio digital es Expreso de agua santa (2006), en rigor, su primer disco solista y un efectivo puente entre el pasado y el presente.

¿Por qué decidiste incluir temas históricos en Expreso..?

Quería rescatar mis canciones de Almendra & y Color Humano. Temas que siento muy adentro como «Cosas rústicas», «Sílbame, oh cabeza», «El vuelo 144«, «Hace casi 2.000 años», «Mestizo» o el mismo «Color humano». Me parece un acto de justicia frente a la imposición de por vida que disfrutan las discográficas. Nosotros firmamos contratos a los 18 años con una inocencia total y los empresarios no dudaron en aprovecharse al máximo. Disfruto haciendo los viejos temas con este nuevo trío y por supuesto que me encanta tocar los nuevos.

¿Hasta qué punto el maltrato de las compañías te empujó a editar Expreso de agua santa en forma independiente?

Tuvo muchísimo que ver. Es verdad que con esta forma de laburo perdés a nivel distribución, publicidad y difusión. Pero al ser independiente tenés el control de tu obra y eso es impagable. Organizamos un sistema de distribución casero que está funcionandomuy bien. La gente nos escribe a edelmirotrio@yahoo.com.ar y nosotros le mandamos el disco a la casa.

Además del repertorio del disco, los invitados también parecen sugerir un puente entre tu pasado y tu presente.

Sí, es verdad. Se dio todo muy naturalmente. La mayoría de ellos aportaron voces. Por un lado vinieron Emilio del Guercio y Rodolfo García, León Gieco, Willy Quiroga y Claudia Puyó. Con ellos compartí muchas cosas en la vida y dejaron un aporte riquísimo. Por el otro también colaboraron amigos nuevos como Carca y Adrián Dárgelos. Todos aportaron algo valioso. Sólo faltó Chizzo, que estaba de gira con La Renga en México y no pudo grabar.

¿Cómo fue la experiencia de vivir y tocar en los Estados Unidos?

Impresionante. Cuando llegué puse un aviso en la revista Music Connection diciendo que buscaba músicos negros para tocar. Los tipos llamaban y no entendían nada. Hasta que me organizaron una audition para una banda enorme con bronces y todo. Eran tiempos de soul y funk, y largamos con “Superstition” (Steve Wonder). Les rompió la cabeza que yo doblara el riff principal en lugar de tocar la guitarra rítmica típica. Así le daba una onda rockera que en ese momento no era común. Empecé aquel día y no paré más. Vivíamos de tocar en clubes y fiestas. Yo siempre era el único blanco en ese ambiente y nunca tuve un roce.

En 1982 volviste por unos meses a la Argentina y grabaste Edelmiro y la Galletita junto a Skay. ¿Qué recordás de la experiencia y cómo era ese Skay antes de los Redonditos?

Fue un momento muy duro. El día antes de llegar estaba mirando la tele en los Estados Unidos y me enteré de que la Argentina invadía las Malvinas. ¡No lo podía creer! La situación era increíble. Los militares sólo querían usar al rock. Y las compañías te grababan un disco, lo editaban cuando querían y después lo enterraban. “¿Qué querés que hagamos? Estamos en guerra”, te decían. Con Skay teníamos una química muy especial. Yo lo admiro porque es el guitarrista más original de la Argentina. Toca dos notas y te das cuenta de que es él. Incluso en aquella época.

¿Te quedó algo pendiente en todos esos años?

Durante 1974, pocos días antes de irme, di un show con una banda que me mataba. Yo sentía que era una nueva versión de Color Humano. Pero no tenía tiempo de explicarlo, si salía con ese nombre la gente hubiera esperado el trío y no quise generar malos entendidos. Me acompañaban Bernardo Baraj [saxo], Osvaldito López [baterista], Emilio Valle en el bajo y la esposa de Osvaldo [arpa]. Incluso también tocó Luis Alberto [Spinetta]. En ese momento estaba muy influenciado por la Mahavishnu Orchestra y creo que hicimos música maravillosa. Tenía un máster de ese show, pero lo perdí. Ojalá aparezca y me pueda dar el gusto de editarlo.

Nombraste a Spinetta. ¿Siguen distanciados?

Hace bastante tiempo que no nos vemos. Pero nos conocemos desde los 15 años y mantenemos cosas en común. Suele pasar que muchas familias no se ven por años así que esto no debería sorprender a nadie. Nunca se sabe, pero todo está muy frío. Hace bastante que no nos damos bola.

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