El delito americano: Cerdos & Peces

Autor: Carlos Solari
Este texto forma parte del denominado “Delito americano”, una serie de escritos que el Indio está redactando desde hace décadas. Fue publicado en la revista Cerdos & Peces.

Esta imagen fue exhibida en la exposición “Indio en la Biblioteca. El tesoro de los inocentes”, que se desarrolló entre febrero y marzo de 2015 en la Biblioteca Nacional.

El hermoso corazón, el que en cualquier momento puede quedarse sin trabajo, corre en taxi por un sueño frenético. El cerebro festeja, insensible al dolor, al pellizco en el tendón de la ofrenda endovenosa. El vello público se eriza por la presión sanguínea y un tenue vaho de amoniaco, un vapor lento y melancólico, se congela entre las piernas. ¡Vaya delito el nuestro!

El Ruiseñor de Brasil ganó la lotería psicótica. Sacó  del bolsillo el tubo de aspirinas. Puso dos en la lengua. Abajo, en la playa, las lanchas encallaban en la arena. Ruidos de equipo y una leve risa, apenas audible. Miró el boleto afortunado, se quitó la camisa y una gota de sudor cayó como mercurio en el canasto de los pescados. Se sentó, hundió la cara entre las rodillas, y se durmió suspirando.

La chusma ha acampado en el sueño de Disney. Guerrilleros mestizos han transformado el barco del capitán Garfio en mingitorio y están vivaqueando en Futureland. 

¡Esta guerra es un completo éxito! Los soldados están dale que dale arrojando bombas y cohetes. Son las nubecitas que vemos en el firmamento. Bombas enanas soviéticas y grupotoneladas conocedoras de los trucos de seguridad atacan el gigantesco Nippon óptico de Brasil. Misiles, guardias y viejos Pershing pasan cacareando. Los pulsadores están frenéticos y los comentarios son muy crueles. Lo dicho es un completo éxito…

Sin uniforme, sin comida, solloza entre las baterías de gas coreano. Estaba lejos del Nippon cuando fue atacado, pero la cosa le pegó en la cara. Una bofetada moral a largo plazo. Se enderezó con mucha lentitud, haciendo un esfuerzo enorme e intentó escupir para quitarse el sabor amargo de la boca. La saliva había desaparecido.
Está envidiando la suerte de sus compañeros. Los imagina con los cascos al rojo vivo y ve ennegrecer sus ojos asombrados. Sin un instante de perturbación, sin pánico. Todo estaba arruinado antes de ensordecer. El cielo, rígido como una loca, y sordo a las exclamaciones, les están venciendo con salvajismo.

El Ruiseñor ha muerto. Un pobre infeliz del pasado ha cobrado venganza (¡Bingo!). Un espécimen sin ninguna oportunidad ha dejado una copia de su impaciencia. Ha garrapateado, como decimos en el Máximo Cielo, una “postal psíquica” de un BEER-DRINKING BURRO AT NIPPON BEACH. Un deseo insignificante que, sin embargo, ha sido tomado en cuenta por nuestro ordenador: “…. estoy esperando un ángel que descienda del cuelo, acribille a nuestros comisarios, viole nuestras mujeres y asalte nuestros bancos con total impunidad”.

Si uno acepta lo que le dice el radio-espejo, deberíamos abandonar el puerto inmediatamente. “Flarng-flarng-flarng-rrrrrrrng-Gases mortíferos, absolutamente antinaturales. rrrrrrrng-algunas sacudidas y el Óptico comienza a crujir flarrrrng-flarng-tenebrosidad cerrada. Densas ráfagas de aire caliente arrastran bloquecitos de una espesa crosta cenicienta-Flaaaaarng-flaaarng-Nubes de gas venenoso se elevan a gran altura y rompen en miríadas de gotas y grumos de magma incandescente. Esta lluvia se enfría durante la caída y se solidifica en una capa negra de casquillos radioactivos chisporroteantes-Fla-flaaa-flaaarrrng-rrrrng-El secreto es adaptarse.

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