El fundamentalista de la cultura rock

Pre­sen­ta­ción de Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado , anteanoche, en el Estadio Unico de La Plata. Músicos: Solari en voz, Baltasar Comotto y Gaspar Benegas en guitarras, Marcelo Torres en bajo, Hernán Aramberri en batería, Pablo Sbaraglia en teclados y sampler, Débora Dixon en coros, Ervin Stutz en trompeta y Alejo von der Pahlen en saxo. Nuestra opinión: muy bueno.

Autor: Diario La Nación, 14 de noviembre de 2005. Por Sebastián Ramos.

«Crearé un reino donde el amor sea Rey. Y te contaré la historia de un Rey que murió al no poder volver a encontrarte» (Jacques Brel).

Indio, el hombre, el cantante, la leyenda y el mito. El Rey de Patricio y sus Redonditos de Ricota, la cultura rock, el espíritu performático que casi nadie recuerda y el pogo más grande del mundo en directo y por TV. Una noche para pispear de reojo el pasado dulzón de tiempos que no volverán y con los clichés necesarios para que celebren aquí y ahora, juntas, unas 50 mil almas debajo de una misma bandera. «Damas y caballeros… Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.»

El sábado a la noche, en el Estadio Unico de La Plata, Indio (a secas y sin artículo) actuó por primera vez tras la separación de los Redondos, allá por aquel revoltoso diciembre de 2001, cuando la banda más popular del rock de acá desistió de realizar un concierto en Santa Fe y el final de las aventuras de Patricio Rey fue un hecho.

De allí la expectativa creada en torno al show más esperado del año (con la excusa de presentar en sociedad el primer álbum en soledad de Indio, «El tesoro de los inocentes [Bingo Fuel]»), envuelta en un mar de preguntas surgidas en más de cuatro años de abstinencia escénica: ¿cómo sonará la nueva banda que acompaña a Solari? ¿Lograrán reemplazar la guitarra épica de Skay Beilinson sin que se note cierto vacío? ¿Qué temas de los Redondos tocarán? ¿Irá mucha gente? ¿Habrá incidentes o la fiesta ricotera volverá para quedarse?

Algunas de ellas comenzaron a responderse por sí solas en las horas previas al concierto: una excelente organización (con más de medio millar de policías de la provincia involucrados en el operativo) y el comportamiento ejemplar de los miles de jóvenes y no tanto que se acercaron hasta La Plata en micros, combis y trenes, sellaron un precedente auspicioso hacia el futuro (anoche, al cierre de esta edición, la historia se repetía en el segundo y último concierto de esta serie).

El resto de las incógnitas fueron develándose una a una, a partir de las 21.20, cuando, tras la presentación oficial en off y con las luces del estadio apagadas, la pelada más famosa de la historia del rock argentino asomó como una estampita para esos desangelados que se levantan de sus asientos, se emocionan hasta las lágrimas y se amontonan lo más cerca del escenario posible. Todo está a punto de estallar pero, de pronto, el anticlímax. La banda comienza a tocar, Indio canta y despliega su set de movimientos sigilosos, pero no se escucha absolutamente nada. Chan. Fallas en el sonido, desesperación, silbidos generales y, treinta segundos después, sí, por fin, la fiesta es para todos.

De fidelidades y perversiones

«Yo muchas veces me jacté de ser fiel, tomando a la fidelidad más como algo perverso que como una virtud. Les agradezco a todos el grado de perversión que han tenido conmigo hoy», fueron las primeras palabras de Solari para su público.

Tres temas de su último álbum abrieron el concierto, mientras se solucionaban las fallas técnicas: «Nike es la cultura», «Amnesia» y «¿Tomasito, podés oírme? ¿Tomasito, podés verme?». Queda entonces demostrado aquí que este hombre de 56 años continúa bien arriba en el podio de las mejores voces del género. Pasan los años, pasan los músicos, pero el tipo hace una mueca y arrastra una «e» o una «a», canta eso de «que el pasado acabe y a su fin que llegue plantando su jeta, hoy» y eriza la piel de la multitud.

Allí está quizás una buena parte de la explicación de por qué la convocatoria masiva lo persigue a él y no a su compañero de travesuras ricoteras (Skay se mantiene tocando en teatros y estadios cerrados): Solari es la voz del mito y ese rostro imperturbable, con los anteojos negros de siempre, es la cara del monstruo que supo ser héroe de la contracultura y también Rey de la popularidad al palo.

Así las cosas, a quince minutos del inicio, el primer estallido ricotero llegó con «Un ángel de la soledad», como si la separación y el tiempo transcurrido no fueran suficiente para opacar una obra escrita con las venas abiertas, durante más de veinte años de historia redonda.

¿Cómo suenan los temas de los Redondos en las manos de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado? Si uno cierra los ojos bien podría imaginarse a Skay, a Sergio Dawi o a Semilla Bucciarelli arriba del escenario. El respeto por las versiones de la ex banda del Indio completa aquello que el cantante había adelantado: que tenía la voluntad para que Patricio Rey volviera a juntarse y que iba a cantar las canciones más emblemáticas de la banda. Así también lo confirma la lista de temas del concierto (ver recuadro), en el que se repartieron por partes iguales las composiciones nuevas y las históricas (en su mayoría pertenecientes a discos grabados en los años 90, una elección diferente a la de Skay, que luego de la separación se inclinó más por versionar clásicos ricoteros de los 80).

Que se vuelvan a juntar

Entre los presentes hubo muchos jóvenes que debutaron en esta «misa» que vuelve a celebrarse en paz. «¿Esto siempre es así?», preguntaban incrédulos ante el espectáculo que une artista y público en perfecta armonía, como si los Redondos no hubieran existido antes de ser masivos, porque estas canciones parecen haber nacido para ser coreadas por miles de voces emocionadas, casi al borde del llanto, palabra por palabra: «Vivir sólo cuesta vida», canta Indio, y pide que lo acompañen, porque su «gola» no está bien.

Poco menos de una hora de show y el primer intervalo (el más extenso de los tres que hubo en la noche) dio respiro a la gente que, ya en la segunda etapa del concierto, con el sonido mucho más acorde a la leyenda que representa este artista, se sorprendió con el rescate de temas como «Fuegos de oktubre» y «Héroe del whisky», y festejó con aplausos ensordecedores las líneas de una de las canciones del álbum solista, «Tsunami», que dejaron flotando en el aire cierto espíritu nostálgico: «Y yo allí, pensando en vos siempre, extrañándote».

No faltaron las dedicatorias a los presos e internos que son maltratados por el sistema, ni tampoco el cántico de guerra de los fieles ricoteros: «Sólo te pido que se vuelvan a juntar».

El final: una avalancha de éxitos que concluye con el pogo más grande de la noche en «Ji ji ji» y la felicidad en las caras de 50 mil personas que aun creen capaz a este hombre de crear un reino donde el amor sea (Patricio) Rey.

Todos los temas

  • «Nike es la cultura», «Amnesia», «¿Tomasito podés oírme? ¿Tomasito podés verme?», «Un ángel de la soledad», «El lobo caído», «La piba del Blockbuster», «Mi caramel machiato», «El tesoro de los inocentes», «Yo, caníbal», «Ropa sucia», «Fuegos de oktubre», «Tsunami», «Ciudad Baigón», «Shopping disco-zen», «Héroe del whisky», «Nueva Roma», «To Beef or not to Beef», «Pabellón séptimo (relato de Horacio)», «El pibe de los astilleros», «Juguetes perdidos», «El charro chino», «Susanita», «Tarea fina», «Un poco de amor francés», «Ji ji ji».