«El Indio es un gran fabulador» 

El legendario guitarrista viene a San Juan junto a Los Fakires para mostrar La Luna Hueca, su último CD.

Autor: Diario de Cuyo, 5 de julio de 2015

Amante de la literatura y del buen cine, a sus 63 años Eduardo Skay Beilinson llega a San Juan junto a su banda Los Fakires para brindar un recital imperdible para los fans con su última producción, La Luna Hueca. Previo al encuentro del miércoles próximo (ver aparte) Skay habló con DIARIO DE CUYO sobre su presente artístico y también despejó varios mitos sobre la separación de Los Redonditos de Ricota y su histórica pelea con El Indio Solari.

– ¿Con qué se encontrará el público sanjuanino cuando toquen?

– Quiero hacer un recital lo más bello y virtuoso posible. La ventaja de hacerlo en vivo, es que suceden cosas que en la grabación de un disco no queda. Me gusta el ida y vuelta con la gente, pero no soy arengador. Lo que pasa es que se genera un ámbito mágico que me hace conectar a otra dimensión.

– ¿Qué sucede en tu mundo interior?

– La ventaja que tiene la música es que me permite nadar por aquellos lugares donde la razón no tiene por qué estar. La poesía juega a favor de eso. Para mí, la música no es una carrera, es una aventura de vida donde me dejo llevar. Aclaro que no soy solista. No me veo en esa idea sino que somos un equipo de personas trabajando. Somos un órgano independiente y todo terreno.

– ¿Cómo fue la experiencia de vivir el Mayo Francés?

– Había viajado a París en 1968 y estuve preso con mi hermano. Cuando pasamos a Inglaterra pude ver en vivo a Jimi Hendrix. En esos años Argentina era una sociedad gris, pacata y pautada, no había espacio, no había libertad, los jóvenes no tenían nada. Cuando estuve allá me encontré con un desborde de colores, de liberación de ideas, de vitalidad. Para mí fue un mazazo en la cabeza. Fueron los primeros años del hippismo. Meses después vuelvo a La Plata y conocí a la Cofradía de la Flor Solar. Ellos no tenían idea de quién era Hendrix, pero vivieron una experiencia muy similar. Fue muy curioso, porque lo único que se conocía era el rock en castellano de Los Gatos. Un pensador habla de campos morfogéneticos, sobre cómo la cultura se transmite, no por imitación, pero atraviesa fronteras. Toda esta onda se palpaba en el aire.

– ¿Aquello sembró en vos?

– Sin duda. Cuando volví nunca fui el mismo. Comenzó otra etapa de mi historia. Los años me dieron algo maravilloso: que las cosas se asientan en uno. Todas estas experiencias en mi juventud fueron flashes, explosiones y alumbramientos. Hoy se han vuelto más profundas y que me conmueven todavía. Sigo creyendo que la mejor manera de hacer es con otros.

– ¿Qué sentís cuando los fans siguen reclamando que vuelvan Los Redondos?

– Lo peor que me puede pasar es anclarme en el pasado. Para mí la vida sigue. Lo que viví con Redonditos fue algo espectacular y duró lo que tenía que durar. Soy conciente de que fuimos importantes para la cultura nacional. Pero lo peor que le puede pasar a una generación de seguidores es que se vuelva conservadora.

– ¿Cómo te cayó la noticia sobre la salud del Indio?

– El Indio es un gran fabulador. No sé si lo que dijo sea falso o verdadero, pero de todas maneras, ojalá sea algo pasajero y nada grave de ser cierto.

– ¿Cómo puede ser que el origen de tu pelea con él fuera por un material fílmico?

– Esa historia es absolutamente falsa y no es así. Fue un argumento mediático que el amigo largó para sacarse de encima el bardo. Lo demás es pura pavada.

– ¿Y qué fue en realidad?

– Nada. Como todo ciclo en la vida tuvo que finalizar. Hubo un desgaste de ambos y cada uno tenía necesidades diferentes. Paramos un tiempo para tomarnos distancia y bueno pasaron 12 años en el medio. Todo terminó como tenía que terminar.

– Si pasara algo parecido con Los Fakires, ¿qué actitud tomarías?

– Saber cuando las cosas se agotan y cuando sucede, hay que tomar nuevo camino. Hay que ser fiel a sí mismo y no traicionarse. Cuando vos te quedás pegado a algo que no te dice nada, no tiene sentido. Sería la peor apuesta en tu vida. Hoy no pienso colgar los botines y vivir de las glorias del pasado.

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