El Indio regaló una noche bien ricotera

Carlos Solari brindó el mejor recital de su carrera solista ante más de 100 mil personas en el Hipódromo de Tandil. Homenajeó a Manal y Pescado Rabioso, y cerró con “el pogo más grande del Universo”.

Autor: La Mañana de Neuquen, 21 de noviembre de 2010. Por Cristian Navazo.

Tandil > El sábado por la noche, Carlos Solari, el Indio, dio su mejor show desde que arrancó su etapa solista, allá por 2005 en el Estadio Único de La Plata. Fue su tercera presentación en Tandil; tuvo una con Los Redondos en 1997 y otra con los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, hace dos años en el Hipódromo de la ciudad.

El sábado repitió el lugar pero la convocatoria fue superior. Más de 100 mil personas coparon la tranquila ciudad serrana. El Hipódromo, tal como lo definió el Indio, se convirtió en un mini Woodstock: un campo abierto de pasto flanqueado por vallas para evitar a los colados.

Fue un recital épico. Arrancó con una versión rockera de “Jugo de tomate frío”, de Manal. Ya sea con Los Redondos o como solista, el Indio nunca cantó un tema de otro artista en un show. Además hizo una recomendación: “si pueden compren el primer disco de Manal, ahí hay buenos blues, y no se hizo nunca más algo igual”.

A “Jugo de tomate frío” le enganchó “Un tal Brigitte Bardot”, un tema inédito de Los Redondos de los ’70, que sirvió de presagio del que sería el recital más ricotero que haya dado el Indio desde que se divorció de Skay Beilinson. Más tarde llegó “El regreso de Mao”, otra de las canciones que no fueron grabadas en discos oficiales pero que todo redondito de ley conoce.

Y al promediar el show, que comenzó 21.50 y terminó minutos después de la medianoche, sorprendió con otro tributo: su voz filosa y aguda penetró el cielo del hipódromo con “Post Crucifixión”, de Pescado Rabioso. A esa altura la entrada y los miles de kilómetros que viajaron más de 100 mil ricoteros, estaban saldados.

Si bien recorrió sus dos discos solistas, los momentos más emotivos se vivieron con los temas de Los Redondos. El pogo y las bengalas completaron la fiesta con himnos como “Juguetes Perdidos”, “El infierno está encantador”, “Yo caníbal”, “Divina TV furer” o “Un ángel para tu soledad”. Los Fundamentalistas sonaron bien compactos y rockeros, acompañados por un potente sonido y varias pantallas gigantes en el escenario y en medio del campo.

Solari sabía que era una noche especial. Hombre de pocas pulgas, se lo notó de muy buen humor y regaló varias frases, algo poco habitual en sus recitales. “Hay un futuro acá, un futuro muy lindo”, aseguró después de cantar “To beef or not to beef”, una gran canción que habla de las desventuras de los mexicanos que cruzan la sangrienta frontera en busca de mejor vida en los EE.UU.

“Esto es increíble, ya no sé cómo agradecerles”, dijo, y agregó: “Les debo la vida”.

Cuando ya empezaba el domingo, cerró el show con “el pogo más grande del Universo”, tal como lo definió. Los acordes de «Ji Ji Ji», que brotaron de la guitarra de Baltasar Comotto, el músico que más se lució en toda la velada tandilense, desataron la fiesta.

Solari demostró que es el músico más convocante de la historia en el país. Llevó más de 100 mil personas a la apacible ciudad del interior de la provincia de Buenos Aires. Su público trasciende edades y clases sociales. Había desde bebés hasta mayores de 60 años. Pibes del conurbano con el cuero curtido con muchas batallas rockeras, vino barato y otras sustancias, se mezclaron con quinceañeras que no desentonarían en un recital de los Jonas Brothers.

Gente de toda la Argentina, de Uruguay, Paraguay y Chile llegaron hasta el Hipódromo, ubicado en el barrio Villa Aguirre, uno de los más humildes, que la Tandil de las sierras y el turismo no muestra. Los vecinos del lugar aprovecharon para salvar el mes: montaron cientos de puestos de choripanes, hamburguesas y regaron las venas de los jóvenes con cerveza y fernet. Otros alquilaron sus patios como estacionamiento. La capacidad hotelera se colmó.
En una de las casas bajos de Villa Aguirre, tres nenes de entre 4 y 5 años sostenían un cartón que decía “Vamos los Redo”, mientras miraban pasar la marea de ricoteros hacia el Hipódromo. No habían siquiera nacido cuando los Redonditos tocaron por última vez.

Solari es el único heredero de un fenómeno social que trasciende lo musical como lo fueron Los Redondos, y que conforma una compleja amalgama de tribu, hinchada de fútbol, fanatismo cuasi religioso, expresión cultural y un fuerte sentido de identidad. Como ningún otro, moviliza masas a lugares recónditos del país. La próxima cita será el 26 de marzo en Salta, donde tal vez presente su nuevo disco: “El perfume de las tempestades”.