El Indio Solari hizo explotar el rock del país en San Luis

Carlos Alberto Solari convocó a más de 35 mil personas para la presentación de su último disco, Porco Rex. Pisando los 60, demostró que el ritual ricotero sigue intacto y que tiene resto de sobra para manejar la batuta del rock nacional.

Autor: Los Andes online, 29 de septiembre de 2008. Por Cristian Avanzini Enviado especial Los Andes On Line Fotos: Marcos García

Ciudad de La Punta, San Luis. El caldo se cocinaba a fuego lento desde hacía una semana. Tribus de toda la geografía nacional concurrían hipnóticamente a uno de los rituales supremos del rock argentino: la presentación en vivo de Carlos Alberto “El Indio” Solari y su aura mística, casi sagrada para “las bandas”. En esta oportunidad la excusa era la presentación de su último disco, Porco Rex.

La tarde del sábado la ciudad y las pintorescas localidades aledañas estaban desbordadas. Con el espíritu elevado a partir de altas dosis de clásicos mantras ricoteros, bebidas etílicas y bocanadas, la procesión llegó hasta el estadio Juan Gilberto Funes.

Poco después de las veintiuna, los acordes de Pedía siempre temas en la radio –casualmente la canción que abre Porco Rex-, desataron la locura de las 36 mil almas que copaban las tribunas y se esparcían como hormigas por todo el campo. Después de un triplete de temas del nuevo disco el Indio hizo estallar el estadio con una selección ricotera para nostálgicos. Así pasaron Cruz Diablo!, Fusilados por la Cruz Roja y Rock para el Negro Atila.

Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado (la banda que acompaña al Indio luego de la separación de los Redondos) manejaron esta misión con soltura, altura y precisión de relojería. Guitarras fuertes, al frente y en estéreo, acompañadas por un gran ensamble de vientos y una base rítmica sólida marcaron el pulso rockero del episodio.

“Y mientras tanto el sol se muere” –estremecedora balada rockera escrita por el Indio para su esposa- calmó los ánimos, que volvieron a encenderse con Porco Rex, acompañada por una psicodélica proyección sobre las pantallas gigantes que hacían de telón de fondo para el escenario.

Así se fueron sucediendo melodías nuevas y una azarosa selección de clásicos de Los Redondos. El tándem rocanrolero “Nadie es perfecto / Ñam fri fruli fali fru” desató piernas y caderas que improvisaron una pista de baile al fondo del campo. No faltaron tampoco canciones de su primer disco solista, El Tesoro de los Inocentes Pero sin dudas uno de los puntos más altos fue el regalo especial que el Indio dedicó a las tribus de todo el país presentes. “Un ángel para tu soledad” fue coreada a rabiar desde cada rincón del estadio. Más tarde, “Juguetes perdidos” marcó el clímax emotivo del show, con un centenar de bengalas iluminando la misa ricotera.

Por momentos el Indio dejó de lado su costado sórdido para conectarse verbalmente con su gente. Agradeció un par de veces al público por su asistencia, y otro par le hizo saber que no es de su agrado recibir el calzado de los pibes sobre el escenario. “No jodan más con las zapatillas… me sacan de mambo”, dijo enojado después de que una decena de ellas volara hacia las tablas. También aprovechó para anunciar que se tomará unos meses de descanso para grabar un nuevo disco e invitó a los shows que dará en diciembre junto a Andrés Calamaro en La Plata.

La multitud también respondió y coreó con insistencia: “Olé olé, olé olé olá, sólo te pido que se vuelvan a juntar”, lo cual seguramente no debe hacer mayor gracia al vocalista, que ha apostado todas sus fichas a su proyecto solista junto a Los Fundamentalistas…. Ya cerca de las 23.30 y luego de más de dos horas de show llegó el final que todos esperaban. Las luces del Gilberto Funes comenzaron a encenderse lentamente mientras las guitarras arengaban con las armonías de Ji ji ji. El resto ya es historia conocida, pero igualmente adrenalínica y atractiva. El “no lo soñé” del estribillo desató un pogo masivo en el campo. Cuerpos chocando, bailando y saltando cerraron la postal de una noche mágica y, como cada show del Indio, inolvidable.

Pisando los 60, Solari demostró una vez más que tiene resto de sobra para manejar la batuta y encarnar al rock nacional. “Yo sé que no puedo darte más que un par de promesas. Tics de la revolución, implacable rocanrol y un par de sienes ardientes que son todo el tesoro”, canta el Indio en Juguetes Perdidos. Nadie podría haberlo sintetizado mejor. La leyenda sigue viva.

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