El Indio Solari tiene su propio folklore 

Entre ritos y peregrinajes, 50.000 personas vieron en Jesús María el concierto del ex cantante de los Redondos.

Autor: Diario La Nación, 14 de abril de 2008.

Concierto de Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Presentación del álbum Porco Rex.

Nuestra opinión: excelente

JESUS MARIA.- Indiotizados, así están todos por aquí, en el auditorio de Jesús María, sede anual del tradicional festival de doma y folklore. Pero la historia que se contaba anteayer, en una noche de sábado fría, era bien distinta. Hasta aquí llegó una hueste rockera de cincuenta mil almas, para la cual el folklore pasa por este peregrinar hacia una meca itinerante, cuyo destino, caprichoso, es anunciado periódicamente por ese gran artesano que sigue siendo Indio Solari: un hombre tan público como misterioso, que prefiere estar la mayor parte de su tiempo alejado de las multitudes, pero que, cuando toma la decisión de volver a escena, sabe que del otro lado la historia de amor y entrega que ya experimentó en tantísimas ocasiones con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, se repetirá. Por creencia, por convicción, o aunque más no sea por el folklore mismo de revivir los buenos recuerdos.

«Vayan tranquilos, nos vemos el 5 de julio en Tandil», anunció Solari en el epílogo de un concierto de dos horas, con veinticinco temas y los rituales que se hicieron hábito. Una alegría más para los feligreses que, después de «Ji ji ji» y después de todo ya no pedían nada a cambio. El ex cantante de los Redondos ya había manifestado que con su segundo disco solista, Porco Rex , tenía ganas de volver a salir a la ruta y, dado su anuncio y los rumores de otros conciertos esparcidos por el país, es probable que concrete, además de la fecha invernal en las sierras, un par más para 2008.

A las 21.20, Carlos Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado salieron al escenario semicircular de Jesús María. Y si los viejos rituales cantaban presente para volver a experimentar aquello que parte de los asistentes vivió con los Redondos -una buena porción del público se educó teóricamente en la escuela ricotera, sin la posibilidad de ver a la banda en vivo por culpa de sus partidas de nacimiento-, también se dieron cita las prácticas que creímos desterradas. Las bengalas regresaron con fuerza a un concierto de rock y el recuerdo y el respeto por las 194 personas que murieron en Cromagnon hizo que a más de uno le diera vergüenza ese fuego de colores cambiantes, a centímetros de miles y miles de cabezas. Fueron tres, cuatro, cinco, pero sólo al comienzo; con el transcurso del show, las bengalas y los «tres tiros» se fueron sucediendo hasta transformarse en un aspecto más del rito.

«Pedía siempre temas en la radio», de Porco Rex , fue la canción que inauguró el último capítulo de la fiesta. Atrás habían quedado el viaje, la reunión con los amigos y cada uno de los detalles que hacen a este ritual pagano, uno de los más sagrados de la cultura rock argentina. Y desde ese instante en que Indio hizo su aparición, se impuso una celebración profunda de la tristeza. Sus nuevas canciones, sus ya viejos temas de su primer paso en solitario – El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel) – e incluso varias de las gemas redondas selecciondas se fueron ajustando a ese clima. Es que si la intención de Solari y su banda fue provocar el trance de las 50 mil almas, el objetivo se cumplió con amplitud. Bastaba integrarse a la larga y apacible caminata tras el show para darse cuenta de que más allá de los saltos, de ese choque de energías que se produce, a manera de descarga, en el cierre habitual con «Ji ji ji», el público se retiraba conmocionado y emocionado por una sensación intensa de placer.

En algunos de sus últimos comentarios públicos, el Indio Solari había dejado entrever que si se producía algún hecho de violencia le iba a ser muy difícil volver a subirse a un escenario. Pero nada de eso sucedió; al contrario, la producción del show fue impecable, las medidas de seguridad resultaron efectivas y, lo más importante, la gente tomó prestada la ciudad de Jesús María y la empezó a devolver tras el show en el mismo estado que la había encontrado.

«Ramas desnudas» y «Martinis y tafiroles», de Porco Rex , estuvieron en el tramo inicial de la celebración, dedicada al hijo más joven del Indio, pero también a recordar a sus otros vástagos. Porque se quiere a todos los hijos por igual. ¿No es cierto? Entonces, ¿cómo dejar afuera clásicos de Patricio Rey como «El pibe de los astilleros», «Un ángel para tu soledad», «Tarea fina», «El infierno está encantador esta noche» y, ya saben, el pogo más grande, intenso y coreográfico del mundo que se desata con «Ji ji ji»?

Indio habló poco y casi no se le entendió cuando decidía pronunciar alguna palabra tras un tema o a modo de preámbulo del siguiente. Pero hubo excepciones, como cuando cantaba aquello de que «Nike es la cultura» e impactó en su cuerpo una zapatilla. En tono enérgico se refirió al hecho. Uno muy distinto aplicó sobre el final, cuando preguntó primero si lo podían oír y luego contó que iba a dedicarle la próxima canción («Tomasito…», de El tesoro de los inocentes ) a su madre, recientemente fallecida.

La puesta fue sobria y contundente, como Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, una banda que vibra y hace vibrar y que transmite una sensación de seguridad que asusta. El Indio escribió anteayer una página más de su historia en escena, una página excepcional, de esas que no alcanzan la dimensión de la tinta para valorar en su medida.

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