El petiso orejudo: el chico que no podía parar de matar

El personaje de la canción inédita redonda, cantada por Vivi Tellas, asesinó a cuatro nenes de entre 3 y 6 años. Los ahorcaba o les prendía fuego. Se sospecha que mató a más de diez.

Autor: Mundo Redondo / Redondos Subtitulados, 23 de mayo de 2018
Letra:
Esta es la historia
de un asesino porteño.
Tenía diecinueve años y parecía diez.
Lo llamaban «el petiso orejudo».
Creía que hacía el bien,
mataba a los niños sin mirar a quién.
Pobre petiso orejudo…
quiso crecer y no pudo.
Pobre petiso orejudo…
¡quiso crecer y no pudo!
La policía llegaba y él declaraba:
«¡yo estaba aquí cuando pasó!
Lo quise ayudar. ¡Pobre niñito!, ¡no lo pude salvar!»
Así él mataba y nadie sospechaba.
La policía creía en su ingenuidad,
¡pero el noveno crimen ya era mucha casualidad!
Pobre petiso orejudo…
quiso crecer y no pudo.
Pobre petiso orejudo…
¡quiso crecer y no pudo!
Un día ya nadie le creyó
y el petiso orejudo a la cárcel marchó.
Le daban lástima los niños
y para que no sufran
con clavos oxidados morían y le decían:
«Pobre petiso orejudo…
quiso crecer y no pudo»
Pobre petiso orejudo…
¡quiso crecer, créanme!

El chico que no podía parar de matar

Diario Clarín, 9 de septiembre de 2003 

«Señas particulares: orejas aladas». El hombre que apareció muerto hace 59 años en su celda de la cárcel de Ushuaia llevaba con él la marca que figuraba en la ficha del presidio. Murió herido en un ataque, durante una pelea con otros presos. Y se llevó tras él la sordidez de su historia increíble.

Cayetano Santos Godino fue mucho más que él mismo y una serie de crímenes inexplicables a cuatro chicos de entre 3 y 6 años a los que golpeó, prendió fuego o ahorcó con un cordón que usaba como cinto. Fue el asesino serial más estudiado de la criminología argentina. Y el mito a una pregunta sin respuesta: ¿supo lo que hacía cuando mataba?

«Las condiciones de la personalidad lo definen como un imbécil», informaron los forenses Negri y Lucero. «Se está ante un caso de degeneración por el abandono social del que ha sido víctima, y por lo tanto no es responsable de sus crímenes», dijo el profesor Nelson.

Los dos jueces que investigaron su caso lo absolvieron por inimputable. Pero la Cámara del Crimen revocó ese fallo y lo condenó a perpetua. Muchos pedían la pena de muerte. Pero era un chico de 16 años, con 27 cicatrices en la cabeza por los golpes de su padre. Las discusiones ardían. ¿Había que mandarlo a la cárcel o a un hospital psiquiátrico?

Llegó al penal de Ushuaia en 1923 y salió en 1944, muerto. Nadie jamás lo visitó. Por vergüenza, su familia se había vuelto a Italia.

CAYETANO SANTOS GODINO – ALIAS “EL PETISO OREJUDO”
LA HISTORIA DEL PRIMER ASESINO SERIAL ARGENTINO

Un día de 1906 el empleado municipal Fiore Godino entró en la comisaría décima, de la calle Urquiza 550, a los gritos y clamó ayuda para controlar a su propio hijo, Cayetano Santos Godino, de sólo 9 años.

-¡Señor Comisario, yo no puedo con él! Es imposible dominarlo. Rompe a pedradas los vidrios de los vecinos, les pega a los niños del barrio… y si lo encierro en casa es peor, se pone como loco. El otro día encontré una caja de zapatos, había matado a los canarios del jardín y les había arrancado los ojos y las plumas y me los dejó en la caja, al lado de mi cama..

El comisario fue a buscar a Cayetano al conventillo de la calle 24 de noviembre 623, donde vivían entonces los Godino, y se lo envió al juez. Tras una reprimenda fue devuelto a sus padres. Como no mejoraba, en 1908 lo encerraron en un reformatorio de Marcos Paz. Iba a pasar allí tres aos, pero no sirvió para nada.

Cayetano Santos Godino comenzó a matar y a quemar en un raid criminal como la ciudad jamás había visto. Buenos Aires celebrarba con grandes fastos el centenario de la patria, la ciudad era una fiesta, pero algunos comensales no habían sido invitados. Entre ellos, Cayetano Santos Godino, que quedó en la historia criminal argentina- y en la mitología negra de Buenos Aires- como “el petiso orejudo”.

Fiore Godino y Lucía Rufo, dos campesinos sardos, habían llegado en 1884 a Buenos Aires. Eran analfabetos y huían de la pobreza de Italia, pero también de una tragedia personal: el hijo primogénito, también Cayetano, había muerto de una afeccióncardíaca a los diez meses de vida. Después los Godino tuvieron una hija, Josefa, con la que emprendieron la travesía en barco hacia la Argentina. Ya en Buenos Aires les nacieron nueve hijos más. Al último que vio la luz en 1896 en el conventillo de Dean Funes 1158 lo bautizaron Cayetano, como al muertito.

La vida de los Godino no fue fácil, no sólo porque l’América ya estaba hecha, sino por las desventuras de Fiore. El padre de Cayetano era sifilítico y alcohólico, aunque se las arreglaba para ir tirando, hasta que finalmente consiguió un trabajo de farolero (encendía el fuego en los faroles de alumbrado público de aquella época). Cayetano era un chico frágil, enfermó de enteritis a los pocos años y creció raquítico. Peor les fue a algunos de sus hermanos, como Antonio, que era epiléptico. Cuando Fiore llegaba a casa -las dos piezas del conventillo donde la familia habitaba- les propinaba feroces palizas a Lucía y a sus hijos. Cayetano fue a varias escuelas, pero duraba poco. Lo expulsaron seis veces y nadie le enseñó a leer. Cuando fue revisado por los médicos, éstos contaron 27 cicatrices en la cabeza provocadas por las palizas del padre y de su hermano Antonio.

A los siete años, Cayetano era tan bajo y menudo que  parecía de cuatro. Lo llamaban “el Oreja” o “el Petiso Orejudo” porque sus apéndices auditivos eran grandes y apantallados. A los ocho años cometió su primera fechoría: tomó de la mano a un niño de 21 meses y lo llevó a un baldío donde comenzó a pegarle en la cabeza con una piedra. Al pequeño Miguel de Paoli lo salvó el vigilante de la esquina, que llevó al agresor a la comisaría. EL padre tuvo que ir a buscarlo. ¿Quién podía pensar que en ése incidente comenzaba la carrera el mayor asesino serial y pirómano nunca conocido en América del Sur?

No se sabe qué sucedió durante los tres años que Cayetano pasó en el reformatorio de Marcos Paz, salvo que varias veces intentó fugarse. Pero a fines de 1911 mandaron a Cayetano a casa para que pasara Navidad en familia.

LA NIÑA EN LLAMAS

El año siguiente, 1912, iba a ser un año lleno de acontecimientos en la Argentina y en el mundo. Se hundió el Titanic en el Atlántico Norte y en algunos cabarets de Buenos Aires comenzó a actuar un  dúo de tangueros: el cantor Carlos Gardel y su guitarrista José Razzano. Pero para muchos porteños aquel 1912 quedó en la memoria como un año atroz porque fue cuando un fantasma recorrió Buenos Aires dejando una huella de sangre…

El 25 de enero de 1912 se encontró en una casa vacía de Pavón 1541, elcadáver de Arturo Laurora, de 13 años, golpeado y estrangulado.

A las 6 de la tarde del 7 de marzo de 1912, una niña de 5 años llamada Reina Bonita Valdinicoff, hija de inmigrantes judíos que vivían en la avenida Entre Ríos 522, miraba la vidriera de una zapatería. De pronto, sin que nadie atinara a darse cuenta cómo, el vestido blanco de Reina, lleno de volados y puntillas, comenzó a arder. Alguien le había tirado un fósforo. A pesar de los desgarradores gritos de la niña en llamas, y de que un policía se tiró sobre ella para apagar el fuego con su cuerpo, no pudo salvarse. Reina Bonita, con quemaduras múltiples, murió 16 días más tarde. La tragedia se ensañó con la familia Vainicoff: el abuelo, al ver que su nieta ardía, cruzó la avenida Entre Ríos sin mirar y lo mató un auto.

El 16 de julio de ese mismo año, Cayetano incendió un corralón en Garay al 3100. En septiembre, mientras trabajaba de mandadero en unos almacenes del barrio, acuchilló a un caballo en los establos de Chiclana al 3300. Dos días después prendió fuego a la estación de tranvías de la compañía Anglo. El 8 de noviembre, y en un descuido de sus padres, despareció el niño Roberto Carmelo Russo, de dos años y medio que jugaba con su hermanito mayor en la vereda de Carlos Calvo al 3800. Minutos más tarde, un vigilante rescató a Roberto Carmelo en un baldío. Lo habían maniatado y juinto a él estaba un muchacho menudo y de orejas apantalladas. Cayetano alegó que acababa de descubrir a Robertito y que estaba desatándolo.

Durante ese mes de noviembre, otros extraños sucesos conmovieron al barrio. Alguien incendión un galpón de azulejos, y una niña de tres años, Carmen Ghittoni, fue golpeada en un baldío de Chiclana y Dean Funes. El vigilante llegó corriendio y vió al agresor cuando huía. Cuatro días después, Carolina Neolener, de cinco años, sufrió un ataque similar en el umbral de su casa. Pero todo se iba a precipitar el día de la tragedia, el martes 3 de diciembre de 1912.

UN CHICO LLAMADO JESUALDO.

Esa mañana, la señora María Giordano, abrió la puerta de calle y le dijo a su hijo Jesualdo que permaneciera jugando en la vereda, sin cruzar la calle. Fue lo último que le dijo, cuando volvió a verlo su hijo estaba muerto.

La tarde del 3 de diciembre Jesualdo fue hallado muerto en un basural conocido como la quinta Moreno, donde antes funcionaba el horno de ladrillos de la fábrica La Americana. Lo habían estrangulado con 13 vueltas de un piolín que se le hundió en el cuello. Como no terminaba de morir, el homicida le perforó la sien con un clavo de cuatro pulgadas, al que golpeó con una piedra hasta que la punta le salió por el otro parietal. Luego tapó el cuerpito con unas chapas de cinc y se fue tranquilamente a su casa.

El horroroso crimen de Jesualdo Giordano hizo explotar la ciudad. El conventillo de Progreso 2585 donde vivían los Giordano se colmó de vecinos indignados. Según la crónica del diario La Prensa, la policía sabía perfectamente quién era el asesino: sospechaban hace tiempo de Godino pero no tenían pruebas. Quizás no se animaban a proclamar que un niño fuese el autor de esos crímenes que la opinión pública adjudicaba a siniestras organizaciones criminales como la Mano Negra, dedicada a secuestrar chicos.

El “Oreja”, con inconsciencia, parecía provocar al mundo. Durante la reconstrucción del crimen de Jesualdo Giordano, Godino fue visto entre la gente que llenaba el baldío de la quinta Moreno. También fue al velorio y algunos dijeron que hasta se mostró compungido al acercarse al féretro blanco y tocarle la cabecita al muerto. Se sabe que se compró un ejemplar del diario y se hizo leer la crónica de los hechos porque era analfabeto. Luego recortó la noticia y se la guardó.

Los vecinos que declararon ante la policía coincidieron: poco antes del hecho, ahbían visto pasar a Jesualdo de la mano con Godino. EL “Oreja” fue detenido la noche del 5 de diciembre. Los diarios revelaron detalles de la confesión del “Petiso”, que habló durante varias horas.

LOCO MORAL

El proceso a Godino se prolongó por dos años, durante los cuales el “petiso” fue recluido en el Hospicio de las Mercedes. Las más importantes figuras de la psiquiatría criminal concurrían para examinar al reo y comprobar cómo era aquel ser al que la prensa calificaba de “fiera humana”. Muchas voces reclamaron que se lo condenara a la pena capital, que entonces estaba en vigencia para delitos como el homicidio, aunque no podía aplicarse a menores. Para esa altura, Godino tenía 15 años.

Godino fue procesado por tres homicidios (los de los niños Arturo Laurora, Reina Bonita Vainicoff y Jesualdo Giordano) y once agresiones. El proceso nunca esclareció si cometió otros crímenes más. Se dijo con insistencia que el “oreja” había matado a otros niños, por ejemplo la pequeña María Rosa Face, una nena perdida que nunca apareció ni viva ni muerta.. También al niño Lautaro Marchi, que no figura en el expediente criminal.

No había mucho que discutir en el proceso a Godino,a sesino y pirómano confeso. Para el doctor Domingo Cabred, célebre analista y director del Hospicio, Cayetano era un imbécil o bien un loco moral.: su degeneración provenía de la falta de afectos, la limitación de su inteligencia y su impulsividad mórbida. “Tiene conciencia y memoria del impulso destructor”, sostenían los dictámenes, pero era “un degenerado hereditario” y eso explicaba su sadismo.

Godino era examinado como un cobayo, en el diagnóstico se destacaban sus características físicas: la escasa talla (medía 1,51 metros), la cabeza pequeña (microsomía), la extensión de sus brazos (abiertos alcanzaban 1.85 metros), sus orejas desmesuradas y en asa, su miseria física y la desmesura de su órgano sexual. Todo conducía a una conclusión: estaba predestinado al crimen.

El doctor Cabred sostuvo este diálogo con el “Petiso Orejudo”:

¿Es usted un muchacho desgraciado o feliz?
Feliz.
¿No siente remordimientos por lo que usted ha hecho?
No entiendo.
¿Piensa que será castigado por sus delitos?
He oído que me condenarán a 20 años de cárcel y que si no fuera menor me pegarían un tiro.
¿Por qué incendiaba las casas?
Porque me gusta ver trabajar a los bomberos. Cuando ellos llegaban yo les colaboraba acercándoles baldes con agua.
¿Y robar le gusta?
He probado pero no me gusta.
¿Qué pasaba por la mente de Godino cuando cometía los crímenes? Según sus propias palabras, una fuerza ingobernable lo dominaba, el dolor le partía el cráneo y ese sufrimiento sólo se aliviaba golpeando, matando. Sin embargo, todos los exámenes médicos descartaron que padeciera epilepsia.

Godino fue condenado a reclusión perpetua en 1914, y fue destinado a la Penitenciaría Nacional de la calle Las Heras, donde podía ser aislado en una celda. Allí pasó varios años, aprendió a leer y a ecribir, a sumar y restar.

En 1923 se inauguró en Ushuaia un presidio de máxima seguridad, que se llamó “la cárcel del fin del mundo”. Godino, severamente custodiado y engrillado, fue trasladado a ella.

LOS GATITOS MUERTOS

En 1933, José María Soiza Reilly, periodista y escritor muy popular, entrevistó a Cayetano Santos Godino en la celda que ocupaba, la número 90. Por esa entrevista, publicada en la revista Caras&Caretas, el público se enteró que Godino había matado a dos gatitos que eran las mascotas de los presos y que por ello le habían propinado una feroz paliza. También contaba que en una de las primeras operaciones de cirugía estética que se habían hecho en el país, le habían achatado las orejas., esas orejas aladas que según algunos eran la causa de su maldad. La operación fue auspiciada por el gobierno, que envió un equipo médico y un fotógrafo a Ushuaia.

Cayetano Santos Godino nunca recuperó la libertad. Según el certificado de defunción, “el Petiso Orejudo” falleció el 15 de noviembre de 1944 por una hemorragia interna causada por una gastritis avanzada, pero también se dijo que fue por una paliza propinada por los otros presos. Cuenta la leyenda que, cuando el penal fue clausurado, los huesos de nuestro primer asesino serial no pudieron ser hallados en el camposanto del lugar. En cambio, la esposa del último director, tenía un pisapapeles con el fémur de Cayetano Santos Godino.

Fuentes:

“El petiso orejudo” (1994), de María Moreno.
“Orejas aladas” (2000), de Leonel Contreras, reeditado en 2003 con el título “La leyenda del Petiso Orejudo”.
Revista La Nación, 15-01-2006.

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