El rock no es un lugar seguro

El guitarrista del sombrero tiene su tercer disco, la marca de caín, con gráfica del maestro Rocambole y lo presenta, tema por tema. Gloria Guerrero estuvo allí y anoto todo.

Autor: Revista La Mano, número 40, julio de 2007. Por Gloria Guerrero. Fotos Alejandro Lypszyk y Fabian MaurI (La Mano). Alejandro Kaminetzky ( foto en vivo)

He aquí a un tipo feliz.

Ahora puedo tocar en las provincias, por ejemplo. Con los Redondos no lo podíamos hacer porque era un monstruo demasiado pesado para mo­vilizar. Los permisos del Ministerio del Interior… ¡eran meses y meses y meses de hablar y de hacer reuniones! Y después estaba el asunto del pueblo, cuando llegaban las bandas de chicos… Pero, por suerte, eso pasó. Y ahora puedo salir a tocar por donde quiero. Fuimos a hacer una gira por el sur, fuimos a Tucumán, a lugares donde nunca habíamos ido…

¿Es un alivio post-Redondos?

¡Pero claro, es lo que siempre quise! Me saqué un peso de encima. Lo que quise toda la vida es tocar… es lo que me gusta y lo que sé hacer.Y si hay un lugar en el mundo para mí, es estar conectado con la música. Ahora puedo entregar lo mejor que tengo. Vivo por y para la música, rodeado de la mejor gente que he podido encontrar y compartimos una hermosa aventura, así que, ¿de qué quejarme? Para mí todo está perfecto. Y no tengo que esconderme más (sonríe)…Y en mis recitales no hay violencia. En absoluto. Así es. Es una bendición, es una bendición. Es hermoso. Sentado a la mesa de la sencilla casa de Palermo que comparte con Poli, la «ondina curadora» y su mujer de toda la vida, Skay es­tá muy contento. Dice que no le falta nada. Que la vida es bella. Que ya no le pesa ninguna mochila, ni cuadrada ni redonda. Y tiene un nuevo disco, el tercero como solista: La marca de Caín. Y el primer tema del álbum se llama Ángeles caídos.

¿No hubo problemas con Attaque?

Me enteré después… son esas cosas que uno desconoce… El otro día leí que había un disco y un tema de Attaque llamados así (el álbum es de 1992), pe­ro este asunto de los títulos ahora es diferente. En aquel momento, en Sadaic te pedían un título y dos alternativas, por si el primero estaba registrado, pero eso ya no corre más. Me enteré después, te juro (sonríe).

Está muy mal que no conozcas los discos de Attaque

Sí, la verdad es que está muy mal.

Parece vivir en una burbuja, pero es sólo su sonrisa clara: Skay está conec­tado con todo, sabe todo, conoce y mira. A los cincuenta y cinco, se alegra de poder seguir en forma. «Se puede, y muy bien. Veo a B.B. King, que va a cumplir ochenta y dos años, y el tipo toca prácticamente todas las no­ches; Dylan es otro, con sesenta y seis… los Rolling Stones, ¡que Richards esté de pie y tocando como toca!» Camina a paso vivo por los bosques de Palermo, todos los días, durante una hora. Hay que cuidar el cuerpo, ya que dejar de fumar todavía no da. Hay que hacer ejercicio. «En vivo hay un gran desgaste físico, sí. Transpiro como un chivo y el corazón me late a mil.» Y después de cada caminata y de cada show llega el «premio»: silencio y quietud. La televisión está apagada, y sólo se prende un rato, a la hora de comer. He aquí a un tipo feliz.
¿Sabes qué pasa? Es como que no tengo tiempo, no tengo tiempo mental… El tiempo del que dispongo quiero aprovecharlo en silencio, en quietud, no con más información. En realidad, no me ayuda incorporar
más información. Prefiero poca, y digerirla pausadamente. Sé que me pierdo de miles de cosas, pero lo que estoy ganando en estos mo­mentos de quietud y de silencio es más importante para mí.

Tus shows siguen sin publicitarse a lo grande, las noticias corren de boca en boca…

Es la manera en que me gusta que la cosa vaya creciendo. Descreo de las promociones gigantescas, porque en esos casos no sabes por qué ra­zón estás creciendo. Pero sí lo sabes cuando crecen de esta manera: si viste un espectáculo que te pareció conmovedor, bueno, invitas a tus amigos, y lo querés ver otra vez. Y creo que de esa manera funciona. Yo voy sin apuro, contentísimo con estas dimensiones que me permiten to­car en lugares así, para dos mil personas, y si quiero hago más fechas; cosa que antes, con los Redondos, no podíamos hacer.

¿Cuándo pasó que Los Bipolares se convirtieron en Los Seguidores de la Diosa Kali?

(Se ríe) Ese es un punto. Me estoy dando cuenta de que lo que quería, en realidad, era una banda que fuese mutante, que pudiese cambiar. Somos una especie de aventureros que nos vamos embarcando en diferentes historias, y es así. En el primer disco [A través del Mar de los Zargazos) to­davía no tenía banda: simplemente había convocado al Negro Colombres en batería, y al bajista Dani Castro. Para el segundo, Talismán, una banda empezaba a tomar forma, pero no tenía nombre. Ahí me di cuenta de que ya había pasado ese tiempo de prueba, de conocernos y de encon­trarnos. Ahora, cada uno hace su aporte al funcionamiento grupal y, aunque soy quien compone, todo el trabajo es un trabajo de banda. Re­cién este año empezamos con los nombres: una vez nos llamamos Los Bipolares, otra vez Los Trapezoides, después Los Trogloditas, y ahora somos Los Seguidores de la Diosa Kali. Incluso, te digo más: ahora creo que somos más banda que cuando estaba Colombres.

¿Qué pasó con él? ¿Por qué dejaron de tocar juntos?

Sigo creyendo que el Negro es el mejor baterista que hay en la Argen­tina; es un tipazo y nos llevamos muy bien, pero es, ante todo, un músico sesionísta, y recibió un llamado de Litto Nebbia para hacer una gira por España. Le salió esa oportunidad, fue para allá, y con el tiempo la gira se fue haciendo más larga… el Negro no volvía… y nosotros teníamos que salir a tocar. Buscamos otro baterista y apareció el Topo Espíndola, que es una perlita. Es un chico de La Plata. Es el más joven de la banda -debe de tener unos veintiocho o treinta años- y había tocado bastante tiempo con Claudio Quartero, nuestro bajista. Y cuando Clau­dio y el Topo empezaron a sonar juntos en esta banda, se armó… ¿viste cuando hay un click, cuando el engranaje funciona? No lo extrañé al Negro, en absoluto. El Topo es el baterista que todos estábamos esperando: parecía que el puesto hubiera sido creado para él. Todo el resto de la banda piensa igual. El Negro es un personaje fantástico, pero también genera relaciones con una cierta tensión; tiene mucha personalidad… Y los que están en este grupo (Javier Lecumberry, Claudio, Oscar Reyna) son personas prísti­nas, transparentes, con una gran musicalidad y una gran espiritualidad. El Topo permitió que todo empezara a tomar otro carácter.

¿Y de dónde salió la diosa Kali?

Es algo que desconozco todavía, quién era la verdadera diosa Kali (se riel.

¿
Y no te pusiste a googlear?

Primero… bueno, no tengo computadora (baja la cabeza, divertido). Busqué en los diccionarios y no pude encontrarla. Pero creo que los títulos se van poniendo solos: empiezan a salir cosas cuando nos juntamos con Rocambole y con Poli, y aparecieron una vez las historias de Emilio Salgan, cuando menciona a la diosa Kali… Y cuando ellos sugirieron ese nombre, dije: «¡Está perfecto: Los Seguidores de la Diosa Kali en La marca de CainV. Es la película perfecta, es el título perfecto…

Indio Solari y Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado presentan el tesoro de los inocentes… Skay y Los Seguidores de la Diosa Kali en La marca de Caín… ¿No es medio hinchapelotas pedir esas cosas interminables en una disquería?

(Se ríe) Sí, sí, supongo que sí… Es verdad, es verdad… No sé, por ahí al Indio otra cosa no le sonaba. En mi caso, la obra eligió su propio título, no lo elegí yo…

Para hablar de las canciones de este disco, ¿te molestaría comenzar al re­vés? Porque el último tema es el que tiene que ver con el título
Exacto.

LA DOBLE MARCA

«Tenes la llaga, no cicatriza: tenes la marca de Caín. Te vi buscando, siempre buscando, a otro paria como vos, otro cainita, tan que no encaja; alguien como vos y yo.»

Siempre decimos que vagando por el mundo hay un montón de seres que, con sólo verlos, te das cuenta de que son como parte de una misma familia: los locos, los poetas, los músicos. Y de alguna manera parecemos llevar una marca en algún lugar de la frente, o del corazón, no sé
dónde. Es una forma de reconocernos. Por eso lo de «Estás marcado, estás condenado, llevas la marca de Caín». Por otro lado, Caín tuvo hijos, que a su vez tuvieron hijos, y estos hijos otros hijos, y me enteré de que uno de ellos se llamó Jubal: es el padre de todos los músicos. Y, de alguna manera, él nos representa como descendientes de Caín.

¿Por qué la marca del «malo» de la historia? ¿Por qué no la marca de Abel? 

Bueno, Abel desapareció… (sonríe). Caín y Abel representan los dos as­pectos que conviven dentro de una misma persona. Abel es la parte espi­ritual, de quien Dios acepta sus ofrendas, y Caín es la parte a la que le to­ca lidiar con el mundo, la parte más difícil: la parte física, la de la personalidad, cómo se maneja uno en la realidad. Y ahí está, condenado a an­dar errante sobre la Tierra y tratando de encontrar la manera de poder justificar este viaje.

¿Por eso la música del tema es así, ominosa?

El tema de la música no me lo planteo. Para mí, la canción se va descu­briendo sola. De pronto, esa parte empezó a tornarse en una epopeya, y el tema se armó por su cuenta…

Después de tres discos, ¿escribir letras te resulta ahora una tarea más fácil? 

Fluye de otra manera… ¡Es un hábito que no tenía! Fui aprendiendo a re­crear imágenes, a anotar… Cuando salgo a caminar por Palermo, una de las cosas que hago es cantarme frases; aquellas que me resultan signi­ficativas las voy guardando en un archivo, y es como con la música: tenes que trabajar también sobre esas letras…

Un ejercicio que antes no necesitabas…

En absoluto. Pero ahora todo se me va haciendo más cómodo. De todos modos, tengo acá a la gran compañera (señala la cocina, don­de está Poli): ante todo, es una gran contadora de historias, una gran inspiradora, y muchas veces me ayuda a armar determinadas
frases, o a corregir alguna imagen.

MEROE Y LOS SORTILEGIOS 

«Me trozabas, me comías, y yo me dejaba hacer. Me envolvías en tu pelo hasta perderme en tu piel, soplando en mi boca palabras de ayer.»

Hay un libro que se llama El asno de oro, de Apuleyo (novela romana es­crita a finales del siglo I de). Es una historia muy fantasiosa en la que aparece Meroe, una bruja; Meroe llega con sus sortilegios, se mete con los personajes y después se los moría: es como una especie de Circe. El asno, mientras, va sufriendo una metamorfosis. Es un libro muy lindo, muy entretenido para leer. Y ésa es la historia. La de alguien atrapado por Meroe y sus sortilegios.

Caín, Abel, Jubal, una bruja… un montón de mística y leyenda.

Reconozco que el ser humano tiene varias dimensiones, y la dimensión más preciosa tiene que ver con la espiritualidad. Hay mil maneras y ca­minos de buscarla, y mil maneras de ir encontrándola y descubriéndola. Siempre eso me ha fascinado, pero son cosas que uno por lo general se guarda para sí. Muchas veces, hablar de ellas es desnaturalizarlas.

EL FANTASMA DEL QUINTO PISO

«Hay un dragón en la pared, y se derrite la pared, bate sus alas el dragón y vuela lento sobre mí.’

Hace rato que vengo queriendo hacer un tema que sea así, casi como una especie de suite. Algo que se vaya desarrollando y pase por diferen­tes lugares. Salir de la estructura propia de «canción»… Arranca con una introducción bastante volada, empieza a armarse, te mete en un clima, cambia, se va a otro, y termina en otro lado. Empieza con tonos menores y termina con tonos mayores. Y la historia que cuenta: me acordé de una de las primeras veces que fumé hash, allá en Londres, en una especie de pieza de hotel, y lo trasladé a una situación imaginaria, alucinatoria, donde ves que te empiezan a aparecer cosas de las paredes. (Se ríe) Es bastante raro, sí.

¡Brillante solo! Uno siempre busca «el solo de Skay»…

¡Y ese solo no es mío, es de Oscar! (se ríe). Es un músico excelente, y quería que también tuviera un lugar desde donde pudiera movilizar todo su viaje. Yo no busco el solo cuando hago las canciones. Pero si encuen­tro un buen lugar para un solo…

TAL VEZ MAÑANA 

«Todavía no ha perdido la esperanza de encontrar, en la marcha, su destino. Siempre está buscando ese tren sin frenos que lo lleve a Katmandú.»

 Vos, que viajaste bastante, ¿alguna vez estuviste en Katmandú?

Con la cabeza, no más (se ríe). Por más que viajé, nunca llegué hasta allá. Pero este tren es un pasaje para alguien que está acá, sometido a una situación de mierda, perdido en los andenes. Puede ser cualquier chico de la calle, que está soñando que alguna vez puede encontrar el tren que lo lleve a ese otro lugar.

Katmandú, como destino promisorio, pasó de moda

Sí (se ríe). Para nosotros era otra cosa. Los chicos de ahora encontrarán sus propios referentes… no sé si será Disneylandia, ¡qué sé yo! Un tren a Disneylandia… (se ríe). La verdad es que no sé…

No tenes computadora, pero ¿tenes noción de lo que hay colgado tuyo en Youtube?

Muy poquito, me han dicho que hay cositas dando vueltas, pero tampoco sé qué significa que «haya cositas dando vuel­tas» (levanta las cejas).

Una versión en vivo de este mismo tema, que todavía no salió en disco, por ejemplo, filmado en no sé qué show tuyo. Pero no lo llaman Tal vez mañana, lo llaman Tren a Katmandú

. ¡Mira vos! Estuvimos presentando canciones de Caíen lo que va del año, pero nunca más de un tema por show, como para ir ablandando… ¿Y se escucha bien?

Sí, muy bien… Y si buscas tu nombre en Youtube también aparece un cantante ucraniano que se llama Skay…
(Carcajada) ¡No me digas! ¡Buenisimo! ¡No te puedo creer!

Ni hablar de que los ucranianos, cuando buscan «Skay»…

¡¡Les aparezco yo!!  ¡Qué bueno! (Otra carcajada.) Mira, no tengo manera de ponerme al tanto de lo que sale mío por ahí. A esta altura, ya me resigné. Sigo haciendo lo que sé hacer y lo mejor que puedo, y todo lo demás, cómo empieza a circu­lar por el mundo, no tengo idea. Pero tu página web es impecable…
Tampoco es nuestra, y no la hacemos nosotros: la hace un chi­co, un fanático, no es oficial. [Sonríe) Yo no tengo computadora.

EL VIAJE DE LAS PARTÍCULAS

«Cuando se apague la última estrella, cuando se seque el último mar, yo voy a estar girando y girando juera del tiempo, girando con vos.»

Tranquilidad acústica…

Sí. El formato acústico tiene algo muy atractivo… En el disco anterior es­taba Dragones, por ejemplo. Ya de movida, las guitarras acústicas te me­ten en una atmósfera muy particular. Este es un tema que habíamos gra­bado en Sol mayor, y cuando lo fui a cantar me quedaba demasiado alto y lejos, y no daba para gritarlo, así que lo hicimos de vuelta y quedó lindo… quedó muy lindo. La letra fue saliendo de estas caminatas que hago.

Tu sala de ensayo vienen a ser los bosques de Palermo, un poco. 

Muchísimo, sí.

No vamos a revelar tu ruta, para que no te vayan a buscar los fans. 

Es verdad, es verdad (sonríe).

¿Vas camuflado?

Un poco sí, un poco sí. Lo increíble es que tengo la gran virtud de ha­cerme invisible casi cuando quiero. A veces no me sale, pero por lo ge­neral sí. Porque a veces te miran y se quedan pensando: «¿Será, o no será?». Si pones la cara de pelotudo que no sos; si no te crees que sos, no sos. Y en todo caso les quedará la duda: «Qué parecido que era este narigón a aquel otro»…

También sirve que en escena estés sepultado debajo de sombreros, anteojos de sol…

Claro, ayuda, no hay con qué darle.

¿Ésta es una canción de amor?

Si hay una letra dedicada a Poli, es ésta.

Llevan treinta y ocho años juntos, es un montón…

Sí, sí, es una experiencia (sonríe)… Somos absolutamente diferentes y opuestos, y hemos compartido viajes alucinantes e historias fantásti­cas… Pero no estamos obligados… Ni siquiera estamos casados.

ARCANO XIV

«Si vos sos la espada, yo soy el filo; si vos sos la luz, la sombra soy yo.» 

Éste lo busqué en Google. El arcano 14 del Tarot es La templanza.

¡Muy bien, muy bien, campeona! (Carcajada) El título en re­alidad se lo puso Poli: estábamos buscando cómo nombrar un momento de caminos cruzados… Quizás es este juego de tirar una especie de enigma, de pista para seguir y buscar, que caiga de repente en la carta del arcano. La figura tiene dos cántaros, y se está traspasando agua de uno a otro. Son los opuestos complementarios, ésa es la historia.

SOLDADITO DE PLOMO 

«Siempre nada, siempre nadie, siempre nunca, siempre no, positivo el negativo, ¡no, nada, nadie, nunca,jamás1.»

Es un rocanrol… Un roquito, sí.

¿Qué tanto material usas que te haya sobrado, por así decir, de las épocas de los Redondos?…

No, sobrar, no. Lo que pasa es que tengo un archivo de cosas que he hecho durante toda la vida. Y con mis cosas puedo hacer lo que quiera. Entonces agarro una frase que tenía en un tema por allá, y la corto y la pego con otra… el riff de Soldadito de plomo no lo compuse ahora: lo tengo desde hace tres o cuatro años, y de repente empezó a armarse, y tenía ganas de hacer un roquito así, sencillo. Estoy buscando síntesis, ¿no? Pero, igual, tiene mucho trabajo encima… El proceso de componer es muy curioso, porque llega un momento en que sobre una misma canción estás volcando todo lo que te su­giere, todos los mundos musicales posibles, y terminas armando una especie de monstruo que es una composición que puede durar veinte horas, y hay que empezar a lim­piar, saber qué es lo esencial, sobre qué puntos querés afirmarte, cuáles son los puntos para distender y cuáles para generar tensiones… ¡Y quedó un rockito más o menos como lo pensaba!

LOS CAMINOS DEL VIENTO 

‘Ese mismo viento que puede apagar un Juego, puede reanimar la llama que agoniza. Sopla como brisa en la mañana del estío y poco después es un huracán.»

Acá sigue el espíritu redondo…

Espíritu redondo, sí… No me doy mucha cuenta… en serio (levanta los hombros).

¿Podes leer la letra de este tema escrita en un papel, como poesía? ¿0 te suena la canción en la cabeza?

No, no… Nunca leo las letras como poesías, liberadas de la música. No puedo, porque las hice en otra función. Aunque quisiera, no podría verlas por separado, ni separarlas. Para mí no es una poesía: es la letra de una canción (sonríe).

CANCIÓN DE CUNA

«Puse un nuevo remache en tu frente, aceite fresco en tu corazón.Yo te canto esta canción de cuna; duerme, niño, mi niño robot.»

Es un blusito… Con el blues también tengo mi cosas… Es cortito porque no necesito más que eso: como te dije, intento hacer síntesis. Cuando está planteado todo, ya está. Admiro a los Beatles porque te muestran un universo completo en muy poco tiempo. Salvando las distancias (sonríe), intento hacer eso: si en dos minutos puedo concentrar todo lo que quise decir, para mí está perfecto. Lo del niño robot es una imagen inquietan­te… Creo que, un poco, ta civilización misma está proponiendo un tipo de modelo humano medio robot: cuanto menos pienses, mejor, y te ponemos los auriculares… Ésta es una canción para ese pobre niño.

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EL MEJOR ESTADO DE ANIMO, POR MARTIN PEREZ

Por la defensa del estado de ánimo. Alguna vez ésa fue la consigna de Patricio Rey, el fantasmal líder del grupo que Carlos «El In­dio» Solari y Skay Beilinson (junto a su eter­na compinche Poli, Ondina Curadora y Sortilogística, según primer y segundo disco solista, respectivamente), llevaron adelante durante más de dos décadas. Y ese es el principio que rige en los shows de Skay jun­to a Los Trogloditas, el conjunto que lo acompaña desde su último disco solista, Ta­lismán, un par de años atrás. Eterno comandante de los combos de Patri­cio, responsable de ponerlos a punto durante la larga cabalgata de los Redondos, Skay ha formado para su cada vez más consolidado rostro solista una banda que recuerda los mejores momentos musicales de la mítica banda que compartía con el Indio, cuando su guitarra estaba arropada por un compinche
del mismo instrumento, con compañeros co­mo Rodolfo Gorosito o -durante dos discos y casi tres- el inolvidable Tito Fargo. Aquí, con Carlos Reyna en guitarra y Javier Lecumberri en teclados, Los Trogloditas permiten imaginar en lo que se hubiesen convertido los Redondos de haber continuado con la banda que grabó Gulp! Oktubre. Claro que sin la mugre que hizo de aquellos años algo memorable, ya que ahora son otros tiempos. Y también, por suerte, sin esa vibración que presagiaba siempre algo terrible que ronda­ba los últimos shows de la mítico agrupación. Ahora el estado de ánimo es otro, ya no hay ninguna disputa por (con) ningún poder, y así Los Trogloditas pueden desplegar toda su prolija musicalidad, y esa marioneta del rock que es Skay en escena se encuentra más a gusto que nunca para encarnar un rol protagónico que jamás parece haber
buscado. En el show que realizó a comien­zos del mes pasado un repleto Roxy Club de Lacroze y Alvarez Thomas, sus temas solistas se mezclaron naturalmente con los muchos de los Redondos que aparecieron en la lista, clásicos como Negrita, El pibe de los astilleros o Jijiji, y dos sorpresas como Se­men up Rock para los dientes. Se puede incluso cometer la herejía de afirmar que, a pesar de semejantes gemas ricoteras, un tema como E/ Golem de la Paternal debe ser incluido entre lo mejor del recital. Porque la defensa del estado de ánimo así lo permite. Porque el paso del tiempo releva de iniciar comparaciones.
Y porque Skay sigue siendo ese comandante galáctico. Capitán Beto por el espacio, cada vez que hace sonar las seis cuerdas de su guitarra.
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Y SODA?
ESTA REUNION ME ALEGRA

Para mí Soda es un grupo brillante que ha marcado por más de una década a una generación. Me parece que tiene algunos hallazgos artísticos muy grandes; y esta reunión me alegra. Creo que siempre han trabajado muy bien, y el último disco de Gustavo Cerati también me parece un discazo. Laburan muy bien. Y a la gente que labura bien, la respeto y la admiro. 

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CROMANON, ANTES Y DESPUÉS

Una crónica de tus dos shows de julio de 2004 en Cromañón dice: «Luego fue la hora de la primera aparición redonda: El infierno está encantador, en donde se encendieron las dos primeras bengalas de la noche…» ¿Podes ver esas locuras en perspectiva?

Las bengalas… sí. Lo que pasó meses des­pués fue tremendo, ¡tremendo! Sin embar­go, para ser honestos, Cromañón ha sido el lugar más seguro en el que he tocado, aunque te parezca una joda. Un lugar que estaba mucho mejor preparado, si considera­mos todos los lugares donde se toca rock… qué sé yo: La Esquina del Sol, Cemento, Prix D’Ami, los que quieras, eran lugares muchísimo, muchísimo más peligrosos. ¡Muchísimo más peligrosos! Y había otros miles de boliches, a veces muy hacinados,
en los que no había posibilidad de evacua­ción. Cromañón tenía grandes portones, era el lugar más seguro para el rock. Lo que pasó fue otro tipo de desgracia: la te­nencia de pirotecnia ahí adentro, evidentemente. Y me podría haber pasado a mí, cla­ro. Debo reconocer que, en realidad, el rock nunca fue un lugar seguro. Siempre recordamos la anécdota de cuando toca­mos en La Esquina del Sol, una vuelta que se había inundado todo: había como treinta centímetros de agua, las zapatillas con los enchufes a 220 estaban flotando en el agua, y nosotros seguíamos tocando… El único consciente del peligro fue el Gordo Pierre (Bayona). Nosotros podríamos haber muerto. Pierre dijo: «¡Paren esto, es una locura!», pero ya habíamos empezado
a tocar y no nos paraba nadie… Y el Gordo dio el portazo y se rompió el vidrio y ahí quedó lo de Pierre el Vitricida.

A partir de la tragedia, todos los músicos tu­vieron que vérselas negras para conseguir un lugar donde tocar. ¿Vos cómo hiciste?

Se desencadenó una especie de psicosis medio demente y, claro, ningún inspector quería poner la firma porque, aunque es­tuviera todo perfecto en el lugar, «si pasa algo, me escrachan y me lo cuelgan». En­tonces nadie quería firmar ninguna autorización y no hubo lugares donde tocar. Todavía sigue siendo muy difícil. Recién ahora parece que empiezan a dar algunos permisos, pero… bueno, gracias a Dios está Poli, a la que siempre se le ocurre inventar alguna cosa.

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