El tío Alberto en el Día de la Bicicleta

LETRA

Cambió la luz
y él pedaleó
Las callecitas de Basilea
seguían igual
«Mundo exterior»
y «mundo interior»
fueron lo mismo
por el sendero que recorrió

Bravo por el tío!
Por el tío Alberto

Si ves en el fondo
vos ves el fondo
gracias a él

Se descuidó
Su conciencia vibró
Venció a la muerte
la «pequeña muerte»
que descubrió

Agonizó y renació
Ninguna palabra logró abarcar
lo que lo invadió

Luego quiso saber por qué Dios calla así
Silencio ante el dolor que nos da
no entender la oscuridad

Llegó el temor y lo liberó
lastimaduras en la inocencia
de su niñez
y de ahí en más enderezó
también mi vida con la conciencia
que él asomó
No estaba seguro de entender qué oía
Ni lo que veía podía creer que fuera verdad

Luego quiso saber por qué Dios calla así
Silencio ante el dolor que nos da
no entender la oscuridad

no entender la oscuridad

no entender la oscuridad

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El Tío Alberto en el Día de la Bicicleta.

La gente que ha hecho experiencias psicodélicas recuerda que un 19 de abril se descubrió el LSD. Albert Hofmann era un científico que estudiaba los alcaloides del cornezuelo del centeno. De acuerdo con las tradiciones del Medioevo, cuando aparecía el cornezuelo en el grano y la gente comía el pan preparado con esa harina, entraba en estados de locura: ¡se les batía la marota! Pensá que el ácido lisérgico tiene 26 alcaloides, de los cuales sólo el número 25 provoca esto. En fin: ocurre que el tío Alberto tocó algo accidentalmente, y mientras volvía en bicicleta a su casa de Basilea, Suiza, se le batió la pepa. Empezó a tener alucinaciones agarrado al manubrio de la bici… Por eso los 19 de abril alzamos una copa festejando el Día de la Bicicleta, la ocasión en que se descubrió esa sustancia que sigue estado prohibida hasta para ser investigada, al menos en los Estados Unidos.
Al principio el LSD se usó en psiquiatría, para hacer terapias. Cuando en el estribillo el tío Albert se pregunta por Dios, se debe a que ya se ha producido en él una especie de escalada: ha superado la sorpresa de las alucinaciones, que son lo periférico, lo epidérmico —el efecto que busca la mayoría: tener visiones, cuando no ves más que tus propios fantasmas, la iridiscencia y el proceso alucinatorio—, pero la experiencia verdadera viene después de ese momento. Se produce una pequeña muerte, de la cual volvés con un estado de conciencia diferente y desde ahí empezás a mirar otra vez toda la estructura. Es como la prueba matemática, que te indica si hiciste bien las cuentas. La posibilidad de tener un estado alterado de conciencia —como les gusta decir a los que no creen que simplemente existen otros estados de conciencia—, ayuda a mirar la vida de manera diferente, desde una renovada inocencia. Pero en sí es una droga inocua, en tanto no produce adicción.
Yo compartí estas experiencias con poca gente en este mundo. La experiencia esencial no pasa por el mero hecho de tomar ácido, sino por aquello que estás buscando al hacerlo. El hambre, la sed que uno tiene de satisfacer una incógnita. El tipo que sólo sabe de vacas y toma opio, sigue hablando de vacas. La experiencia per se no te da sabiduría necesariamente. Ahora, si pretendés algo de verdad…
El oráculo representaría algo parecido. O el mandala. Las drogas naturales no tienen las mismas propiedades de lo que ha sido purificado en laboratorio. Si chupás la soga de Caín o tomás ayahuasca, estás bebiendo un caldo marrón que te hace vomitar toda la noche, te intoxica y te da alucinaciones, pero esto es otra cosa. Cuando tomás ácido puro, el cuerpo no te avisa que estás drogado, no hay ninguna sensación extra o de contractura. En cambio otras drogas te sacan del lugar, el cuerpo te avisa que está padeciendo incomodidades.

Indio Solari en conversaciones con Marcelo Figueras. Este texto forma parte del capítulo 26 del libro autobiográfico Recuerdos que mienten un poco (Bs. As, 1era. edición, Editorial Sudamericana, 2019).

El Tío Alberto en el Día de la Bicicleta. Es una referencia a Albert Hofmann, el tipo que descubrió accidentalmente el LSD.

Marcelo Figueras, «Big Bang», FM La Patriada, 22 de febrero de 2018

Lo que se celebra de Albert Hoffman —el descubridor de las propiedades alucinógenas del LSD— en El tío Alberto y el Día de la Bicicleta, es el hecho de que “venció a la muerte”.

«Un gran remedio para un gran mal». Marcelo Figueras para «El cohete a la luna», 28 de julio de 2018

INGENIERÍA Y TAMBORES: Don Martin
GUITARRAS: Gaspar y Baltasar
BAJO: Fernando «Muchacho» Nale
VOCES: Protoplasman-Deborah y Luciana
SAXOS: Nattycombo Colombo
TROMPETAS: Tallarita le Fou
CORO ANARCO-PONTIFICIO: Marcello Raiter-Ax-Gustavo Cielo
Don Martin-Protoplasman-Culito
Deborah-Luciana

Y EL APORTE EXCEPCIONAL DE LA SOPRANO INTERNACIONAL
Rosie de Jardin

PIEDAD Y MÁS PIEDAD: Big Klaus

MÚSICA, LETRAS, PRODUCCIÓN ARTÍSTICA Y ALGÚN QUE OTRO RUIDO: por Protoplasman

ARTE DE TAPA:
Idea original: Protoplasman
Realización: Adrián Marzano

Grabado, mezclado y masterizado en Luzbola.
LUZBOLA©2018

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