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En el cielo con diamantes. Entrevista a Skay

Mientras prepara un nuevo CD, habla de Omar Chabán, de monopolios rockeros y de su reciente encuentro con el Indio Solari.

Autor: Diario La Nación, mayo de 2006. Por Sebastián Ramos

Si se le pregunta a Skay Beilinson por qué caminos transitan hoy sus inquietudes creativas, dirá que como artista tiene más preguntas que respuestas; que aún trata de descubrir aquello que está oculto; que no tiene un mensaje explícito para dar y que, en todo caso, le gustaría ser optimista en el momento de transmitir algo, pero la realidad no suele aportarle demasiados elementos para serlo.

Una forma elegante, quizá, de esquivar una posible intelectualización de su obra o tal vez un intento más de no encasillar su arte. Para encontrar pistas más precisas al respecto, entonces, habrá que introducirse en una charla de lo más amable, pero por cierto extensa, que puede viajar de su reciente pasión por una teoría que fusiona ciencia y filosofía y es considerada casi demoníaca por los científicos más conservadores, a sus conceptos sobre la tragedia de Cromagnon, o de su relación

con un músico folklórico como Ricardo Vilca al encuentro que finalmente lo juntó, mesa de por medio, con el Indio Solari y terminó con un distanciamiento de casi cinco años: “De alguna manera, los dos nos dimos cuenta de que somos más diferentes de lo que piensa la mayoría de la gente e incluso de lo que pensamos nosotros mismos”.

Esta noche, Skay volverá a actuar en un local de José C. Paz (no toca en Capital Federal desde hace un año y medio y no lo hará hasta que se cumplan aproximadamente dos años, en agosto próximo, cuando sea el encargado de estrenar un nuevo espacio para la escena rockera porteña, en el estadio cerrado del club Argentinos Juniors), mientras trata de cerrar el concepto musical del material que, antes de fin de año, se transformará en su tercer álbum solista. “Es como un rompecabezas -sostiene- y espero que al final descubra un poco más cómo es la propia historia del disco.” Dice que en este tiempo, además de componer y dejar casi listas nueve canciones nuevas, se fue de gira por el interior y tocó en lugares donde los Redondos jamás habían llegado (“sé lo que significa para la gente del interior viajar hasta la Capital para ver un show, y rescato la sensación de poder devolverle el gesto”). Pero también sugiere que ciertas prácticas monopólicas de la industria complicaron su presencia en los escenarios de Buenos Aires. “La industria del rock empezó a uniformar la historia y dio una pauta de cómo deben ser las cosas -señala-, pero también creo que parte de este juego tiene que ver con buscar lo que no hay. Lo que hicimos en enero en Cosquín, un evento de rock en el que se podía hablar de producciones independientes o de arte gráfico y del que podían participar artistas que bordean el género como Ricardo Vilca, fue también una manera de apostar a algo que, si bien ha existido, hoy no es lo que se ve cotidianamente.”

-Cinco años después de la separación de los Redondos… ¿encontraste lo que buscabas en el plano artístico y que no podías realizar con la banda?

-En realidad, cuando paramos no me propuse hacer nada, sino que las cosas se fueron dando solas. Cuando me quise dar cuenta, tenía un montón de temas y quise grabarlos mejor, y después comprendí que eso era un disco, y me dieron ganas de tocarlo; entonces, armé una banda y salí. Por suerte, me encontré con una gente preciosa para poder realizar este viaje. Ahora, la diferencia quizás esté en que ya somos una banda; hay un espíritu de grupo y una gran comunión musical.

El reencuentro

La noche anterior a este encuentro informal con carácter de entrevista, Skay, su socia y compañera Poli, y el Indio Solari se reencontraron por primera vez desde que decidieron bajarse del tren sin frenos que parecían los Redondos a fines de 2001. Skay dice que charlaron, como era habitual, durante horas, y que limaron, en privado, algunas de las asperezas sugeridas en público tras la separación de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. “Fue un grato encuentro, pero nada más -dice, anticipándose a la obvia pregunta sobre si podría considerarse el germen de una nueva reunión de la banda de rock más popular del país-. A él le ha costado mucho salir a tocar, tener que armar una banda y no contar con el apoyo de Poli para resolver todas estas cuestiones, pero finalmente lo logró, y muy bien.”

-¿Por qué creés que mientras vos te atrincheraste en espacios más chicos, el Indio se largó con un show en un estadio abierto para una multitud?

-Son decisiones personales.

-¿Y tuvieron algún peso en el momento en que decidieron separar sus caminos musicales?

-Posiblemente, pero nunca lo hemos hablado. De hecho, en ningún momento nos planteamos ir para algún lugar o para el otro. De alguna manera, nos dimos cuenta de que somos más diferentes de lo que piensa la mayoría de la gente e incluso de lo que pensamos nosotros mismos. Afortunadamente, y gracias a Dios, es así, porque creo que de eso se trata.

-¿Ya te acostumbraste a que los Redondos no existan más?

-El proceso de los Redondos es tan raro… Ha habido tantos capítulos y han pasado tantas formaciones, que para mí la realidad es que hoy no existe como la gente espera que sea, pero sí como dos puntas distintas, dos mutaciones de Patricio Rey, y si habrá un tercer capítulo o no, por ahora lo desconocemos. De todas maneras, no soy nostálgico, porque estoy muy entusiasmado en este camino que estoy transitando.

-¿En los últimos años cambiaste tu forma de componer?

-No me doy mucha cuenta de eso, pero lo que sí siento es que estoy siendo cada vez más obsesivo en el momento de pulir una idea. El proceso de composición tiene varias etapas.

-Parecería que con el tiempo te volvés más prolífico.

-Puede ser. Componer es una de mis terapias, y cuando me quiero dar cuenta tengo una gran cantidad de temas que me interesa registrar.

Skay cuenta que las letras las sigue escribiendo en colaboración con Poli (“ella me cuenta mil historias y de ahí vamos sacando algunas frases”) y sugiere: “El auge de los festivales de rock terminó convirtiendo todo en algo previsible”.

Es cierto: el universo de este artista que sigue pensando en el rock como una forma de cultura alternativa no se presenta de manera lineal (nunca lo ha hecho) y probablemente allí resida buena parte de su magnetismo ciento por ciento energético. De allí también, que el tipo esté ahora apasionado por la teoría de los campos morfogenéticos, elaborada por Rupert Sheldrake, en la que se sostiene que se puede transmitir información entre organismos de la misma especie sin mediar efectos espaciales. Leamos: “Nuestra conciencia puede percibir al instante y, al instante, influir sobre cualquier parte del universo. Puede abandonar el cuerpo y vagar más deprisa que un fotón a través de ámbitos infinitos”.

En este pequeño intento por sondear la cabeza de uno de los artistas de rock más relevantes del género y por encontrar parámetros dentro de su actividad creativa queda claro, al menos, que Skay no habla en sus canciones de fútbol ni hay solos de Lolos en su música. Pero bueno: alguien tenía que ser diferente, ¿no?

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2018-11-12T22:34:41+00:0013 mayo, 2006|Categories: Entrevistas a Skay Beilinson, La marca de Caín, Talismán|Tags: |

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