Enrique Symns: «Estoy decepcionado y arrepentido» 

El periodista y escritor, director de la mítica «Cerdos y peces», presenta su nueva antología de crónicas, entrevistas y reportajes «Senderos extraviados» y repasa sus últimos y agitados años.

Autor: Diario Clarín, 21 de marzo de 2014. Por Guido Carelli Lynch

«¡Lo hiciste muy puro, loco!». Enrique Symns protesta. El encargado de la barra del bar «Los amigos», de Mar del Plata, mezcló poco el campari. Será uno de sus últimos tragos, porque –cuentan– en estas semanas, Symns, aquejado por la diabetes, ha dejado de beber. Pero hoy no. Está en desacuerdo con esta entrevista, porque «antes todo era pregunta-respuesta y ahora los periodistas interrumpen a cada rato». La culpa -cree- la tienen las escuelas de periodismo. «Mis reportajes son muy puros. Soy de la vieja escuela», explica. Testimonios de su sensibilidad para entrevistar se leen en Senderos extraviados, la recopilación de las entrevistas y crónicas que Symns escribió en El Porteño en los 80´ y en Crítica y MaviRock. Es decir, la parte que faltaba tras la edición de la notable antología de Cerdos y peces, la mítica revista con la que Symns vendía hasta 15 mil ejemplares. Al principio, cuando el grabador se enciende y este periodista advierte que pretende una conversación normal y relajada en vez de un interrogatorio, el hombre es directo: «Igual no te hagas el pelotudo que sos periodista».

-Vos también.

–Soy periodista de nacimiento, siempre fui curioso. Y tengo una especie de magia, sé lo que le pasa a la gente. Mi teoría filosófica es que las preguntas tienen inteligencia y las respuestas nunca; porque están hechas de memoria. Como dijo Houllebecq: «¿qué hace una rata cuando se despierta? Husmea». Un tipo que ayer era peronista y hoy es peronista no es un hombre. Todos los días tenés que plantearte tu lugar en el mundo y las preguntas hacen eso.

-¿Te permitís mentir en tus historias?

–Hay tres niveles de mentira. Estás casado, vas a la calle, ves una mina, giras el hombro y te la coges: contar eso es criminal. O sea que la mentira es buena. Pero resulta que te da el teléfono y la llamás, pero le decís a tu esposa que vas al cine: dos mentiras dan un engaño. Después, la seguís viendo durante años: dos engaños dan traición. Empecé a mentir, a inventar, personajes, provincias que no existen en distintos países, ciudades y pasados falsos, porque el mundo ya me aburría y las respuestas de las personas me parecían aburridas. En este país rige la normalidad.

Por estos días, el autor del autobiográfico El señor de los venenos continúa escribiendo cuentos de la vejez, aunque su editor habitual se los rechazó.

-¿Cómo son esos cuentos?

-Empiezo contando el día en que descubrí que era viejo, lo recuerdo perfectamente. Yo hasta hace unos años estaba re loco. Me levantaba minas, me pasaba cuatro días sin dormir. Sabía que era diabético, hasta que un día en una pensión inmunda en la que vivía –también voy a escribir un libro sobre pensiones, las conozco todas– me ven todo rojo. Me vino a buscar un amigo y me dijo «Te estás muriendo, boludo». Tenía la glucosa en 800. No me levanto una chica desde esa época, hace tres años. Pero peor fue la vida hospitalaria, además tuve un ACV, en el medio del bosque en el sur, a 40 kilómetros de la ciudad, y les pedí a mis amigos que me dieran un arma para suicidarme. Las guardias de los hospitales son para escribir una novela.

–¿Y hoy cómo estás?

–Triste, muy triste, lloro mucho. Estoy decepcionado y arrepentido, tengo todas las enfermedades de la mente. La mente es una enfermedad, pero al mismo tiempo me siento como si viviera equivocado. Tengo un vicio, es así, cuando hilvano mi vida, un buen recuerdo termina en un mal recuerdo inexorablemente.

-¿Sos consciente de que sos un autor de culto para muchos?

-Me convertí en una especie de leyenda. La primera vez que me llamaron Bukowski, yo ni sabía quién era. Después lo leí. Y yo ni en pedo escribo como ese hombre, él es un genio y yo no. Despue´s me llamaron Hunter, por Hunters S. Thompson (autor de Pánico y locura en Las Vegas), pero Thompson no me gusta. No escribe bien pero el sistema que tiene con el miedo es muy bueno. El miedo es muy importante en la vida, yo he pasado situaciones extremas de miedo, pero hay otro miedo que es peor al miedo a los hombres. Las multitudes me dan miedo

-El que tiene miedo a la multitud es tu ex amigo el «Indio» Solari.

-Una vez estábamos comiendo una milanesa y se puso a llorar porque por la ventana del bar había un montón de pibes mirándolo. Es como Salinger, odia a la gente. Pero vive en Nueva York. (Ver…)

-¿Qué se perdió de los ochenta?

-Nada, yo envejecí. Es la batalla entre el orden y el caos. A los rockeros los agarra Coca-Cola y los convierte en unos boludos que graban discos. Todo tiempo pasado fue mejor, hace 30 años o hace siete mil. Antes estábamos más carca del miedo y del terror cósmico que ahora. En los 80, yo no tenía casa, vivía en los bares, era muy feliz. Feliz, no, dichoso…Después la cocaína dejó de hacer ese efecto, como todo, tiene su verano, su otoño…

-¿De qué se aprende?

–Se aprende del miedo y se aprende del dolor, de la dicha no se aprende nada. Yo no tomo drogas para el placer, yo tomaba para sufrir. Yo tomaba daturas, mescalina, ayaguasca. Tomaba cosas para cagarme de miedo, no me fumaba un porrito como hacen hoy las profesoras de colegio para tener hambre.

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El prólogo de Lanata: «Un animal vigilando su presa» 

Symns raspa. Symns no tiene bordes lisos, y siempre se está por morir (…): uno pregunta por Symns con temor de escuchar la noticia fatal (…) Hay algo en él que combate su esencia; no sé qué es, pero Symns se suicida, se boicotea, se ama exageradamente, duda de sí o se reza, toda a la vez (…) Todos estamos más viejos, aunque Symns, a los 67, está igual: seguimos esperando de él su su obra maestra y el solo permite que le arranquemos pequeños pedazos de luz. Los estudiantes de periodismo encontrarán aquí periodismo verdadero; un animal vigilando su presa. Symns es uno de los testigos más talentosos que conozco. Y está ahí viviendo, mientras todos mueren a su alrededor.

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En una revista firmando al lado del Indio Solari 

Un día Enrique Symns y el antiguo líder de los Redonditos de Ricota, el Indio Solari volvieron a compartir un espacio. Esta vez, sólo de publicación. En la flamante revista Quiebre, que dirige entre otros Rodolfo Palacios -uno de los editores de Senderos extraviados- y salió en noviembre del año pasado pueden leerse textos de estos dos antiguos amigos. El del Indio es un texto inédito, bien parecido a lo que podría ser una letra. Symns, periodista, seguirá colaborando en el próximo número de abril con una entrevista. El cincuenta por ciento de las ventas de la revista se destinan a entidades benéficas. Con el primer número se benefició a instituto de menores de Florencio Varela. Entre las firmas ya se cuentan -además del Indio y Symns- a Pipo Cipolatti, Tom Lupo y Lito Nebbia.

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