Entrevista a Los Redondos 

A continuación transcribimos un reportaje que le realizara a Los Redondos Claudio Kleinman para la revista ROCK&POP en julio de 1987, mes en el que se presentarían, entre otros lugares, en el Coliseo Podestá de La Plata.

Autor: Revista Rock & Pop, julio de 1987. Por Claudio Kleiman

¿Cómo se ven a sí mismos los Redonditos en 1987?

Me cuesta dividirme por etapas, más allá de lo operativo de la banda. Por ahí un año decidimos, como ahora, que tenemos ganas de hacer unos cambios de sonido, pero más que decisiones son cosas que van pasando.

Por ejemplo, teníamos un tecladista: Andrés Teocharidis, que se mató en un accidente en el verano, y aunque con Skay estábamos a miles de kilómetros de distancia y no nos vimos hasta después de las vacaciones, tomamos una decisión en conjunto, de que por ahora no queríamos tocar con otro tecladista.

La sensación que tengo durante todos estos años, es que estoy subido a algo de lo que no me puedo bajar. Sigo motivado por las mismas cosas. La música que tenemos ganas de hacer ahora es cruda, de guitarras, canciones… Creo que ésa es otra cosa que no ha variado en todos estos años: los Redondos siempre hacemos canciones.

En realidad, lo veo como un año estupendo aunque no hay nada que me lo indique, más allá de las ganas que tenemos y la resonancia que hace que podamos encarar lo que queremos sin ningún tipo de dudas. En este momento, la resonancia nos indica que podemos ser atrevidos con tranquilidad. Eso es una alegría, una fiesta.

¿Tiene que ver con el crédito que la gente les otorga?Sí, incluso a nosotros nos descolocó la cantidad de gente que fue a Cemento, más que nada por el hecho de que hacía siete meses que no tocábamos, y al producirnos nosotros mismos no hay una promoción que mantenga al grupo sonando durante ese tiempo. Esperábamos más o menos mil personas y vino el doble.

Llega un momento en que lo que se hace significativo es lo que está fuera de contexto. Si vos te montás en el asunto de la FM, entrás en una linealidad de enunciado. Entonces lo que resalta es lo que está afuera. Pero no es fácil estar desaforado del contexto y arribar a una circunstancia. Pienso que algo que nos ha ayudado mucho es el apoyo de algunos periodistas, somos como los “mimados” de la prensa.

Muchas veces se me ocurrió comparar a los Redonditos con los Grateful Dead, un grupo yanqui que nunca entró en los carriles de la comercialización convencionales y que sigue añadiendo nuevas generaciones de fans.
Fijate lo que pasó en Cemento, todos los que estaban adelante eran pibes de no más de 15 años. Fueron casi los únicos que pudieron presenciar el show, porque para ver y escuchar algo tenías que meterte en esa especie de masilla loca que había adelante.

Lo que pasa es que hay grupos que, al no estar delimitados por las características generales, hacen cosas que son llamativas.

Yo quiero creer que la gente, fuera de que pueda involucrarse en una estética efímera o no, tiene una necesidad por lo diferente, por la variedad. Pero hoy en día es muy difícil meterte en una estructura donde lo tuyo, tenga la particularidad que tenga, pueda exceder, sobrenadar o desaforarse de la lectura general. Lo que no sé es si uno puede presentar un modelo, como por ejemplo decir que esta es una producción independiente, un grupo que se banca, porque no hay una circunstancia social que lo apañe, a no ser la testadurez de alguna gente como nosotros en los últimos años.

No sé cómo pueden plantearse unos pibes que recién empiezan si es que quieren tocar y que vaya gente a verlos, además de los amigos. En el caso nuestro, tuvimos la suerte de que cuando empezamos no había apremios porque no había premios. No estábamos apresurados por lograr algo que en ese entonces no existía. Y cuando nos quisimos acordar, ya teníamos público.

Es diferente cuando vos creés que el rock es éxito, que tenés que “pegarla” cuanto antes, porque entonces tenés que aceptar toda una cosa y seguir la experiencia de aquellos que hacen que los grupos “triunfen”. Cuando nosotros empezamos eso se dio naturalmente, porque no había premios para nadie. Uno tocaba porque tenía ganas de tocar. Creo que si esa circunstancia se repite hoy, puede ser que vuelva a haber una música diversa y que se puedan encontrar elementos de placer en todo esto. Pero tiene que haber una cosa más general sucediendo, para que los premios que las productoras puedan dar a los pibes no sean más fuertes de lo que tengan como necesidad de hacer o sentir.

También está en la cabeza de cada uno. No podemos esperar a que acontezca esa circunstancia social de la que hablás.
Lo que pasa es que los pibes que llegaron al rock después de Malvinas no tiene elementos para darse cuenta de que el rock es algo más que los hits que pasan por la radio. Y encima, los mismos músicos que son los que tienen que dar testimonio, termina haciendo un borrón y cuenta nueva, preocupándose sólo por la producción o contando su mundo íntimo, desde su circunstancia de músico cortesano, de agente más o menos bien remunerado del orden sistémico. Y eso no es lo mismo que decía el rock cuando formaba parte de una circunstancia social global.

Para enterarse, los pibes precisan hacer una investigación que además no están impulsados a hacer, porque recién ahora las FM están pasando algunos temas viejos del rock. Si no, permanentemente estás escuchando el sonido que “hay que hacer”. Es lógico, no les conviene tener 200 grupos descontrolados haciendo su propia experiencia, como pasaba en la época de la gran diversidad del rock, por más que eso sea muy rico para la cultura. Prefieren tener dos o tres grupos que son los que tienen fichados y pueden pasar todo el tiempo. Lo otro es caótico, inmanejable, antieconómico y está transgrediendo. Pero ahora está volviendo un poco la variedad. Hay tal cantidad de grupos que las corporaciones sacan sus productos pero se ven un poco desbordadas. Hasta hace un par de años, el mercado estaba mucho más circunscrito que ahora, internacionalmente.

Entonces, volviendo al principio: fuera de los puntos de continuidad hubo cambios de sonido, de temas, de integrantes. ¿Cómo son los Redonditos del ’87?
Bueno, ahora tenemos una nueva formación, que tiene a Walter Capricornio en batería, Skay Capricornio en guitarra, el Indio Capricornio en voz (risas), Semilla en bajo y un nuevo saxofonista, Sergio Dawi. En cuanto a la música nueva, la idea es que sea más cruda.

Hacer canciones, como siempre, con variedad, un poco de rock de banda, algo de pop. Hay muchos temas nuevos. La gente pide los temas que ya conoce, pero nuestra ambición en este momento es que se aprendan lo antes posible los temas nuevos, que son los que tenemos ganas de hacer. En cuanto a las letras, no voy a decir nada porque la gente nos reta. Pero si que a medida que alguien trata de ver como una ficción urbana, actual y rockera, entran a tener significación. El que más podrá leer en ellas es quien está dedicado a hacer una lectura social, desde todo punto de vista; desde la calle hasta el diario, desde la teletipo hasta el baño de un café, desde un tipo que anda de navaja en la mano hasta uno que está pensando en alguna pulsión muy dionisíaca que hoy en día está dejando de lado. Si no has tenido una preocupación social durante 20 años, para poder hacer comparaciones, analogías, metáforas, para tomar riesgos, para presentar una visión que se puede cumplir en los próximos 6 meses, si no podés entrar en ese juego, tenés que hacer letras más simples, que tengan que ver con una cotidianeidad inmediata.

Pero a veces pasa lo mismo que con los discos de Marrone, los escuchás un par de veces y a la tercera es un chiste que ya te contaron. No tiene una lectura enigmática, donde podés entrar en ella por la simple resonancia que tiene el maridaje de dos palabras sonando fuerte musicalmente, pero que además suenan de esa manera porque desde alguna lectura tienen una significación. Por eso es que hay letras que se pueden leer durante muchos años. Por ejemplo, los Redonditos podemos hacer temas muy viejos; hay grupos que no pueden hacer canciones del año pasado, porque no han tenido esa visión. Las letras son visiones. Leés hoy a Morrison y tiene una actualidad increíble, porque tuvo una lectura donde captó un lugar, y la superficie amplitud en el código que utilizó. Poder utilizar por ejemplo palabras del futuro junto con palabras que inventás vos pero que suenan a futuro, una mezcla que proporciona una visión, que si tiene el suficiente sustento trasciende el marco de un mero surrealismo para transformarse en una especia de futurismo del presente. Por eso el lenguaje poético es el más rico, el más vivo, el más libre y el más transgresor, aunque se ha ido bastardeando tanto que a veces se olvida. Eso de ir entendiendo la visión a medida que descubrís que la cosa está pasando a través tuyo, donde no estás cronicando un evento sino que está pasando por vos algo que te excede y que es mucho más grande.

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