Cuarenta minutos de comunicación telefónica

Entrevista con el Indio Solari

Entrevista a Indio Solari realizada por un medio uruguayo. La charla se desarrolló por teléfono durante cuarenta minutos.

Autor: Revista Freeway de Uruguay, 6 de diciembre de 2005. Por Juanchi Hounie

PRIMERA PARTE

¿Qué recuerdos tenés de aquella primera vez que estuviste en Montevideo por la década del ochenta?
Bueno, para un artista popular el hecho de llegar a un lugar para tocar y tener tan buen recibimiento y que los shows hayan salido como salieron, siempre ayuda a recordar eso de buena manera. De cualquier forma yo soy un visitante no frecuente, pero cada tanto me doy una vuelta por Montevideo; primero, porque me gusta el ritmo que tienen ustedes, que es un poco más laxo del que tenemos acá en la Capital; y por otro lado, porque son (los uruguayos) menos avasallantes con respecto al cariño, y entonces uno se permite la libertad de poder salir y esas cosas.

Me contaron, en uno de esos tantos mitos que rodean a tu persona, o personaje, que tenés una amistad importante con Raúl Castro, de la murga Falta y Resto.
No, no, yo sinceramente soy admirador de ellos, pero no tengo ninguna relación directa con él, sinceramente. Por ahí hasta me gustaría tenerla, pero lo cierto es que no lo he conocido de forma personal, independientemente de que haya ido a ver algunas veces su show, y de que tenga discos de Falta y Resto de distintas épocas. Pero no tengo la suerte de conocerlo.

Otra cosa que me comentaron, y que me pareció bastante pintoresco, es que en esas visitas que hacés a Montevideo te gusta pasear por la feria de Tristán Narvaja en medio del anonimato, ¿es cierto esto?
Sí, sí. Gracias a Dios, a excepción del cariño espontáneo de la gente, los uruguayos tienen otra manera de comportarse, menos avasallante que los argentinos, lo que me permite ir al cine o hacer otras cosas cuando estoy ahí. Igual, ya la última vez que fui la cosa había cambiado un poco. El primer día había dos o tres (fans) en la puerta del hotel, que seguramente fueran amigos de alguien del hotel, y ya al tercer día había una patota. Pero bueno, salís y firmás un par de autógrafos, te sacás la foto y no te persiguen, entonces se hace más relajado poder salir a dar una vuelta, salir a comer un chivito o una pasta rica por ahí.   

Hablemos de tu disco, El tesoro de los inocentes.  La primera canción del álbum viene impregnada por globalización y por la cultura de las marcas, que es uno de los grandes temas en boga. El tema se llama “Nike es la cultura”. ¿Cómo se traduce esa cultura en los hechos y qué es lo que te provoca?
Mirá, en realidad yo trato de no traducir esto a términos ideologizantes. La poesía no deja de ser, como la ciencia, una interpretación del mundo, pero la principal regla poética es conmover, todo lo demás no se ha inventado sino para conseguir eso, para conmover. Yo creo que la letra, que imagino es a lo que te estás refiriendo, en el caso de la poesía no puede ser definida con precisión, porque de movida no nos es dado conocer la esencia, sino sentirla. Yo sinceramente siempre prefiero no abundar en detalles. De cualquier manera, en esa canción (Nike es la cultura) hay un relato más lineal, y que más que nada pone el ojo en estas marcas internacionales que hoy día determinan un poco nuestra cultura. Habla de esos lugares a los que llaman “ciudad nike” o ciudad tal cosa, donde están todos esos productos tan tentadores, tan bien diseñados, tan cómodos y pensados, con esa promoción universal de moda de callejón, pero que en realidad todo eso vale 300 pesos. A lo que voy es que hay que acordarse de que detrás de eso estas grandes empresas tienen talleres de trabajo en Filipinas, en la India, en Pakistán y en distintos lugares, donde hay personas que trabajan para esas compañías casi en estado de esclavitud. Pero en definitiva todo esto estamos hablándolo, cuando yo creo que las canciones deben de decir algo por sí solas.

En esa misma canción vos hacés referencia a No Logo, libro que escribió la periodista canadiense Naomi Klein, y que trata de forma crítica la expansión comercial y cultural de esas marcas internacionales. ¿Sabías que Klein también realizó un documental sobre trabajadores argentinos que ocuparon una fábrica tras la crisis del 2001?
Sí, sí, he leído sobre eso, lo he leído en los diarios, sé que estuvo por acá, pero la verdad no le dieron mucha pelota mediática, no sé si alguien le interesó o le interesa el asunto. De cualquier manera ella (Klein) también convirtió a su apellido en un logo; digo, esto es lo que tiene esta sociedad de consumo en general, que todos nos transformamos en un poster. Y bueno, qué sé yo, uno va remando de la mejor forma que puede con eso, tratando que el estilo o la elegancia de su propia vida no se caiga a pedazos.

Indio, ¿cantautor o músico? ¿Cuál de estas dimensiones de la música te estimula más? Pongamos al cantautor con la dimensión relacionada con el contenido letrístico, con la palabra, y por ende vinculado al ser social. Y pongamos al músico como la ambición por la forma, por lo abstracto, y por la necesidad de experimentar con los elementos sonoros.
Mirá, yo vivo más relajado el asunto compositivo, porque en realidad uno se sienta frente a un teclado, o agarra una máquina de ritmos, o una computadora o lo que carajo usare para maquetear, para hacer las maquetas de los temas, y lo hace con una actitud muy libre, muy free. En el caso mío yo empiezo por la línea melódica, bueno, quizá antes con ritmos u otros detalles, pero cuando llego a la parte de la letra ya tengo una melodía compuesta.

Claro. Te hago esta pregunta porque al escuchar tu último disco, y también discos de la última etapa de los Redondos, se nota que hay como un músico siempre con la intención de experimentar. De hecho, el Tesoro de los inocentes es en este sentido bastante barroco, con un cuidado obsesivo por todos los planos musicales, por la voz, a la que se le pone distintos efectos, por los fraseos de guitarra, las líneas de bajo, los vientos. Incluso hay una canción, “El Charro chino”, un funky disco, muy de pista de baile, bastante atípica para el Indio Solari. Entonces, da la sensación de estar ante un músico con el afán de actualizarse, con la necesidad de no dejar escapar el tren de la moda.
Yo no creo tanto en eso de seguir el tren de la moda o de las tendencias. Para mí las grandes tendencias lo que generan es mediocridad. Yo creo, eso sí, que uno aprovecha los sonidos que están en el mercado. Hoy en día la ventaja que tienen los instrumentos virtuales es que ya no suenan como emulación sino que suenan como un instrumento. Vos te comprás cualquier software de instrumentos virtuales, de guitarra o de lo que carajo fuere, y suenan de puta madre; y vos podés tocar en el teclado todos esos roles y está emulado hasta el decaimiento del sonido. En definitiva, yo no sigo las tendencias en función de qué sonidos se utilizan, porque más allá de los contrapuntos y los contra cantos, y de que tengo bastante facilidad por la melodía, nunca deja de haber un horizonte crítico de guitarra que hace que el rock siempre esté amparando esas otras texturas o esas cosas con las que uno juega. Lo que pasa también es que uno de pronto se cansa de los géneros esclavos, es decir, yo si tengo que escuchar blues o rock puro ya sé a quién tengo que escuchar. Yo creo mucho en la cultura rock y no en el género rock and roll. A mí me interesa todo aquello que crece o progresa, que presenta novedades o originalidad. Esa música o géneros que necesitan de un cultor que tiene que jugar con las armonías que definen a esa música, pero que si sale un poco de ese lugar ya no está siendo rock o lo que carajo fuere, a mí me han terminado por aburrir. Entonces, en definitiva, uno hace la música que tiene ganas, y echa mano a los elementos que tiene ganas.

SEGUNDA PARTE

“La muerte y yo” es otra de las canciones de tu último disco. Concluye, la letra, con esta frase que abruma bastante: “Me va alumbrando la luz de los que no respiran”. En ese momento íntimo en el que pensás calmo en el final, en los títulos, en el apagón definitivo. ¿Qué te pasa por la cabeza?
Mi sorpresa ha sido cómo han recibido estos temas los chicos jóvenes. Ahora en estos recitales que di en La Plata vi una cantidad de chicos que tendrían diez años la última vez que toqué. Sobre todo porque los temas o las preocupaciones que te inquietan, en el caso de las letras, van variando de acuerdo a la edad que uno tiene. Yo soy un roquero añoso, de 56 pirulos, y lo que pasa es que empieza a aparecer algo que en el estado heroico de la juventud uno ni piensa, que es el hecho de la muerte… porque, bueno, alrededor de uno se van apagando algunos foquitos, y entonces se te da por preocuparte por esas cosas. De movida yo tengo un hijo muy niño todavía, y aparece la preocupación de cuánto tiempo voy a poder estar cerca de él. Entonces te planteás temas por los cuales antes ni siquiera te preocupabas.

Ahora, ¿ves la muerte como el fin de toda existencia?
En el caso mío, sí. Yo no tengo el amparo de ninguna religión que me diga que hay otras posibilidades, paraísos o infiernos o limbos o esas cosas. Yo creo sinceramente que uno devuelve a la coraza orgánica todos los elementos que tomó prestado, los carbonos, los azufres… y bueno, quizá la manera de reencarnarse es esa, pero ya la unidad Carlitos Solari desapareció… algún carbono o mineral de esos es nutriente de una planta, y una planta se la come una vaca, y una vaca se la come otro, y algún átomo mío va a parar a otro lado, pero no esta unidad de comprensión o de vida que es uno como persona

Indio, en el último álbum aparece un tema titulado “La piba del Blockbuster”, una canción de música y cadencia entre el jazz y el blues, de tono oscuro y climático, cantada de forma confidente y en primera persona, que cuenta sobre esa piba del Blockbuster, quien es hija de croatas, pelirroja, sin tatuajes en su piel y que se acostumbró a hacerlo hasta en el sofá más duro. Late la perversión en todo el tema, y de hecho la perversión es una constante de tu universo lírico. ¿Qué te provoca la perversión? ¿Te parece un catalizador interesante para el arte?

Mirá, yo creo que como cuando uno disfruta de un buen vino o de una buena comida… y creo que a ese espíritu hedonista y de gratificación a veces se le busca una vuelta de tuerca, a cosas que son más sencillas y más claras. Creo que alrededor de las relaciones entre hombre y mujer, por ejemplo, o entre hombre y hombre, o lo que cada uno seleccione para disfrutar del sexo, de lo que más hablamos casualmente son de todos los matices, y creo que en ese sentido hay perversiones en las cuales uno no se aprovecha del otro ni ejerce una compulsión, pero que sí forman parte de la manera de apreciar el mundo erótico, ¿no?

Hace poco regresaste a los escenarios y más de cien mil personas te fueron a ver a la ciudad de La Plata en un fin de semana. Una convocatoria muy grande. ¿Antes de regresar a escena dudaste de tu convocatoria, o pensaste que el silencio de los últimos tiempos iba a ser funcional al llamado del flautista de Hamelin?  
Mirá, yo no sé si a todo el mundo le pasa, pero yo soy de dudar todo el tiempo. Aquel que forma parte, y me atrevo a decirlo hoy, porque independientemente de la humildad que uno quiera manifestar tiene que reconocerlo, cuando uno forma parte de una especie de fenómeno así, uno mismo es el que más duda de todo, porque uno nunca termina de saber cuáles son los motivos por qué esa cosa funciona y fue a parar donde fue a parar. No te olvides, como decías vos en un momento, sobre el personaje público hay una proyección de necesidades y deseos que tiene la gente, y que transforma al personaje público en alguien demasiado especial e inalcanzable, donde la gente ve desarrollada las cosas que les gustaría hacer. A partir de ahí no encontramos con un tipo que en su intimidad es siempre otra cosa. Es una persona con miserias, con debilidades, como todo el mundo. Pero lo que pasa es que cuando la gente te quiere, te aparta de todo ese bagaje, y lo que queda es siempre lo mejorcito de uno. Pero para mí las dudas son permanentes, para mí siempre es el primer y el último día, y muchas veces arriesgo hacia otras dimensiones porque la gente que está con uno te alienta. Pero en definitiva nunca deja de sorprenderme la convocatoria, nunca deja de pasarme eso

Ahora, de las dos partes que formaron los Redondos (Beilinson y Solari), quedó claro en qué lado está la convocatoria masiva…
Sí, bueno, no sé, pero esas son cosas accidentales, que dependen de tantas cosas, yo sinceramente… bueno… sinceramente yo preferiría no tocar ese tema.  

TERCERA PARTE

Indio, ¿cuánta música escucha un músico?
Bueno, hay músicos, por ejemplo mi ex coequiper (Skay), que prácticamente no escuchan música. En el caso mío es todo lo contrario, yo vivo con música de fondo. Me levanto, y si no estoy trabajando, siempre estoy escuchando música de fondo. Y escucho música muy diversa, realmente, escucho cualquier cosa, y cuando digo cualquier cosa es cualquier cosa…

No estás atado a ningún género?
No. En ese sentido yo creo que hay música que es afín con la personalidad de uno, pero sin embargo no hago diferencias entre un tipo de música u otro. Me gusta el jazz, también la música culta, por llamarle de alguna manera, me gusta la música étnica; de la cultura rock estoy convencido que de cada momento, o de cada época, del punk o del new wave o de lo que fuere, siempre hubo un artista que hizo las cosas bien.

Y de este momento de la cultura rock, ¿quién te gusta?
Mirá, en este momento me gustan diversas cosas. Hay un montón de música que me gusta, de la cual no conozco bien los nombres, o me los olvido. A mí hay algunos artistas que me gustan y que representan una garantía, porque siempre hacen las cosas bien, o cosas muy buenas. Justo en este momento, en realidad, no hay nada que me guste o me llame la atención en especial. A mí todos estos grupos como Franz Ferdinand, Good Charlotte o Goldfrapp, todas estas cosas que están de moda, no son cosas con las que ligué mucho. Lo mismo que los grupos actuales de garage que estuvieron en boga en el último tiempo, The Vines o The Hives, para mí son cosas que ya escuché, digo, yo ya estoy jovato, y todo esto que tiene la cultura de recrearse a sí misma yo ya lo viví. Por ejemplo, ahora parece que están de moda los ochentas… y bueno, a mí eso me provoca cierto hartazgo. A mí me gustan los artistas que a través del tiempo van tratando de renovarse al contratar un productor musical contemporáneo, hablo de Bowie o de Peter Gabriel. Por ejemplo tengo mi discrepancia con la crítica que ha hablado del último álbum de los Stones como el mejor de los últimos tiempos; a mí me gustan los álbumes donde han arriesgado más en la producción y en las canciones, éste es un álbum (Bigger Bang, 2005) que lo podrían haber hecho hace veintipico de años, y ni siquiera es muy bueno; a mí me gustan los artistas que se renuevan, no los que trabajan de sí mismos.

¿Escuchaste el último disco de Paul McCartney: «Chaos and creation in the backyard»?
Sí.

¿Te gustó?
Mirá…no me gustó mucho. Creo que había una sociedad que hacían con Lennon que era fundamental. Yo no le voy a quitar méritos a McCartney, creo que es un fabuloso melodista y tiene una voz impresionante, pero sus trabajos solistas tienen como esa cosa tontolina, como ingenua, que bueno, que no tiene que ver mucho con mi personalidad, entonces no los termino (a los discos de McCartney) de disfrutar. Veo que los temas de su último disco están cruditos, son muy honestos, hasta en el sentido de cómo los grabó, pero siguen teniendo esa cosa naïf que a mí no me cuaja. A mí me gustaba la dupla que hacían con Lennon, que le agregaba toda la parte oscura, crítica y desgarradora. Y si aprovechamos eso, más la afinidad de las voces entre los dos, y la riqueza melódica que tiene McCartney, tenemos eso maravilloso que pasó que se llamaron los Beatles.

¿Desde hoy cuál es el disco de los Redondos que más te gusta?
A mí me gusta toda la última etapa, pero más que nada por cómo están producidos. Con los primeros álbumes de los Redondos me pasa que se me hace difícil escucharlos porque están muy mal grabados, muy mal producidos; las canciones de esos primeros discos siguen siendo poderosas porque son realmente muy frescas, e independientemente de que se nos haya adjudicado ser la banda más legendaria del rock, hay muy pocos rocanroles, y después las demás no sabríamos decir bien de qué género eran. Pero a mí me gustan más que nada las últimas producciones, desde el Bondi (Último bondi a Finisterre) hasta acá, el Bondi no tanto, porque todavía ese sonido que yo vengo buscando de mezclar instrumentos puros de rock con nuevos sonidos se separan mucho, no están muy ligados te diría. Pero bueno, a partir de ahí el Momo Sampler me gusta mucho, y creo que donde mejor lo he hecho, el combinar instrumentos de power trío de rock con nuevos sonidos, es en este trabajo que he editado en solitario.

Ahora, a la vez tenés que estar muy apegado a las canciones de los Redondos de la primera etapa porque son las que el público te reclama.
Sí, sí, claro. De hecho, es probable que el próximo álbum que haga sean temas más bailarines, más de la cadera para abajo, y no tan meloneros como los de este último trabajo. De todas maneras me sorprendió el recibimiento que la gente le dio a los temas del Tesoro de los inocentes, yo pensaba que por haber tantos temas de medios tiempos, que no son los que la gente recuerda con mayor facilidad, no iban a tener tanto impacto quizás, pero sin embargo la gente cantaba (recital del Indio en la ciudad de la Plata, noviembre 2005) todos los temas, e incluso cantaban las contra melodías y demás. Eso estuvo muy bueno realmente para mí y para la banda, y fue muy lindo que todos lo temas nuevos hayan tenido ese recibimiento. De cualquier manera, el próximo álbum será un poco más pop rock, más que nada con un shake de la cintura para abajo.

O sea que viene de volver un poco a las raíces ?
Sí, igual uno siempre que arranca lo hace con una idea y después esa idea se va transformando.

Sos una persona muy obsesiva con la producción musical ¿no? Te tomás un montón de tiempo antes de completar un trabajo.
Sí, puede ser, al menos soy bastante más obsesivo que otros, digo no sé qué es ser obsesivo, yo creo que hasta que uno no está conforme con los detalles no debe parar el trabajo. Encima yo vengo haciendo trabajos paralelos, una cosa a la que he llamado música fractal, y que en realidad está más pendiente de los infinitos detalles que de una presentación, un desarrollo y un remate de la canción, y eso hace que estés más pendiente de los detalles que están por detrás de la canción, por aspectos secundarios; y quizá por ello obsesivo.

Bueno, tengo la última pregunta. En una oportunidad señalaste que no sos muy afecto a los reportajes porque considerás que el personaje pierde misterio, enigma. ¿Pensás que después de este reportaje sos más Carlos Solari y menos el Indio y menos que menos Patricio?
Mirá, yo eso lo dije muy tempranamente, a esta altura el tiempo hace que uno haya desnudado tanta cosa… que bueno. Decí que gracias a dios los periodistas, sobre todo el periodismo escrito, lo que tiene de bueno para generar enigma de uno, es que en realidad cada uno (periodista) que viene hacerte una entrevista ya viene con un planteo de cómo te ve como personaje, y a partir de ahí filtra todo aquello que te aleja de esa idea que él tiene, y por el contrario acentúa todo aquello que se corresponde con la imagen que él creó, o que a él le gusta manejar de vos. Y como hay distintos periodistas se generan distintas imágenes de uno. Yo me reía mucho de esta última cadena de reportajes que hice por el disco, porque leías uno y parecía que venía a Xanadú, a una especie de mansión, qué sé yo, y lo pasaban a buscar en una Land Rover (al periodista); y después leías otro y de pronto hablaba de una casa de campo más bien austera. Entonces nunca se termina de saber cómo o qué mierda es uno, y eso es lo que hace también al enigma. Nadie pinta lo que la realidad es. Ahora hace un tiempo salió un libro acá en Argentina (El Hombre ilustrado, Indio Solari. Gloria Guerrero. Editorial Sudamericana) que es un dislate, un disparate total. Y bueno, y eso anda circulando por ahí y hay mucha gente que cree que uno es así, que uno hizo esas cosas. Así va la vida y uno se tiene que hacer cargo entonces de un chaleco que teje la gente y el periodismo. En general, si uno no decide quién es, otros lo van a decidir por uno. Y en mí caso, cuando uno hace silencio, cuando uno calla o da exclusivamente notas en los momentos que hizo algún trabajo, bueno, mientras tanto hay que hablar de vos, siempre y cuando puesto en la tapa vendas algunos números más de revistas. Y ahí se empieza a inventar. Insisto, si uno no decide quién es, otros lo deciden por uno.

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