Entrevista exclusiva con Skay Beilinson

Ya conocemos su personalidad. Skay Beilinson es un hombre de pocas palabras y que prefiere mantener un perfil más bien bajo. El ex guitarrista de Los Redondos logra su mejor expresión arriba del escenario, donde más cómodo se siente, dejando que su Gibson SG y sus canciones hablen por él. A Skay quizás lo incomoden (o por lo menos no lo diviertan tanto) las notas de prensa, aunque fue muy amable, reflexivo y honesto durante la charla que mantuvo con RosarioRock.com.

Autor: Rosario Rock, 8 de agosto de 2014

El nuevo show de Skay en la ciudad, el pasado sábado 9 de agosto, tendría varios ingredientes. Por un lado se trata de la primera vez que nos visita en el año y por el otro, viene con cambio de lugar incluido ya que de los habituales dobletes en Willie Dixon pasa a debutar en Club Brown. “No lo conozco, pero fue Poli y me dijo que está muy lindo y los cambios son siempre estimulantes”. Pero lo más importante es que Skay viene a presentar oficialmente su nuevo disco. “La Luna Hueca” es su quinto trabajo de estudio y el sucesor de “¿Dónde Vas?” que había presentado en Rosario antes de que en el resto del país. Ahora se dio la situación inversa. “Es un juego que nos da la vida, a veces se adelanta y a veces hay que esperar”.

“La luna hueca para mí es el lugar donde todo puede suceder. Un lugar vacío donde está la posibilidad que suceda lo imprevisto, donde nacen las canciones, donde se esconde el misterio. Es el lugar de lo posible”. Así explica Skay el título del nuevo material mientras también justifica los constantes cambios de nombre en su banda que obedecen más a un concepto que a cambios de sus integrantes. “Fundamentalmente es una manera de no aferrarnos y quedarnos anclados en un solo lugar. Nunca fui conservador, siempre me gustó ir cambiando de lugares como para ir motivando diferentes cosas. Una de ellas es el cambio de los nombres así no estamos obligados a nada”.

La composición de las letras para “La Luna Hueca” encontró al guitarrista repasando la obra de Julio Cortázar, que terminó siendo una gran influencia. “Había leído “La vuelta al día en ochenta mundos” cuando era chico y me lo volví a encontrar a esta altura de mi vida. Me daba intriga ver cómo era y fue un disfrute enorme. Cortázar tiene esa maravilla de ubicarte en ese lugar entre lo absurdo y lo posible y que todo encaje a la perfección. Me sirvió como un disparador para entrar a jugar de otra manera con las letras, no necesariamente tener que hacer un discurso racional o fundamentado a través de la razón”.

En el nuevo disco Skay le dio un mayor protagonismo a las guitarras acústicas. Consultado sobre si la decisión respondía a una nueva manera de componer o a la intención de darle nuevos matices a su música, respondió: “Las acústicas siempre estuvieron, desde el comienzo, quizás nunca antes tomaron un protagonismo como en este disco. Me compré una guitarra electro acústica y eso me permitió ir jugando ya desde los demos, empezaron a mandar ellas, dijeron que así tenía que trabajar y no hubo otra cosa que hacer que seguirlas”. Pero el disco también tiene más de los elementos que caracterizan su sonido como los aromas orientales y el espíritu viajero de “La Fiesta Del Karma” o el riff delicioso de ‘El Redentor Secreto”. Esos ingredientes que a Skay le salen naturalmente… “Son cosas que ni siquiera yo decido, me salen así. Cuando me gustan, cuando encajan o se resuelven en una canción, ahí salen”.

“La Luna Hueca” tiene diez canciones que se extienden por media hora. Sobre esa duración y la intención de crear algo conceptual, Skay reconoció que “De alguna manera es un gusto personal, porque yo me he formado escuchando esos Long Plays, esos discos de pasta, que tenían esa duración. Para mi es el tiempo justo de atención donde uno puede escuchar un disco entero sin cansarse, sin aburrirse. Ahora que vinieron los CDs con la posibilidad de agregar más tiempo, llego a la mitad del disco y después me pasa que me canso y quiero cambiar. Preferí hacer un disco donde las canciones estén vinculadas entre sí y que no dure más de ese tiempo para poder prestarle atención al disco entero. Porque si bien cada canción dice lo suyo, el disco entero termina diciendo una cosa más completa”.

Encargado del arte de tapa, una vez más, estuvo Rocambole. El artista plástico tiene con Skay una relación de años, que han servido para fortalecer esa complicidad y esa especie de contrato implícito que tienen a la hora de trabajar juntos. “De movida hay una confianza absoluta. Le voy pasando los demos y las canciones, ya sea a medio armar o terminadas, y él no me muestra nada hasta bien avanzado el trabajo y siempre me sorprende con cosas gratas. Para mí es un gran artista y las canciones que hago le sirven como disparador para desarrollar su viaje. A veces digo que yo no sé si yo hago las canciones para la obra de él, o él hace las ilustraciones para mis canciones. Creo que un poco funciona de las dos maneras”.

Esta semana se cumplió un nuevo aniversario (ya el número trece) del que fuera el último show de Los Redondos en Córdoba, aquel 4 de agosto de 2001, cuando el estadio Mario Kempes todavía se llamaba Chateau Carreras. Aunque para toda la patria ricotera sea una fecha especial, no está presente en el calendario de Skay, que prefiere mirar hacia el futuro. “Ni sabía. De mi disco rígido saqué la memoria del pasado, le tengo que dar lugar a la del presente. Al pasado no lo tengo presente”.

Tanto en su último disco de estudios como en su último show en vivo, el Indio Solari invitó a tocar a algunos de sus ex compañeros de banda, pero aclaró que “No hay Redondos sin Skay”. A pesar de que hoy no tengan relación, Skay coincidió en ese aspecto con su ex socio compositivo. “Si hablamos de Los Redondos hay por lo menos cuatro personajes fundamentales: Indio, Poli, Rocambole y yo o la trilogía Indio, Poli y yo, faltando alguna de esas tres patas es difícil pensarlo”.

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