Entrevista luego de los shows en River 

Cerca de la medianoche, el tipo está parado en una esquina de Palermo. Carlos «El Indio» Solari tiene cara de ansiedad. Vestido con un pantalón cargo de tela de avión y unas zapatillas de trekking está esperando a su hombre. «No encuentro a mi chofer», dice. Ese es el desenlace de una velada prolongada. Una sesión de charla amigable, estreno del nuevo disco, empanadas y cerveza por encargo, entrevista tensa y final precipitado. ¿Motivo? Skay, el anfitrión, venía de una mala noche, casi sin dormir. Definitivamente alejado de sus otrora célebres trasnoches bohemias, El Indio quiere volver a casa temprano: después de algunos rodeos, reconoce con los ojos alegres que pronto será padre (varón, para más datos) y, se sabe, eso le cambia la vida a cualquiera. Incluso al experimentado front-man de Los Redonditos de Ricota, a la fecha la banda récord de convocatoria. A los 52 años, después de reunir 140 mil personas en River y convertir esta odisea independiente casi en prodigio global, Carlos «El Indio» Solari vive en paz con su propia leyenda. 

Autor: Diario Clarín, año 2000

¿Qué es de la vida de Patricio Rey?
Tenemos un desconecte de muchos años con él pero, cada tanto, nos trata de pingüinazos y nos hace acordar que por más que uno envejezca no se pone más piola. Se carga de achaques: el hígado crece, el cerebro envejece.

A juzgar por los números a ustedes no les va tan mal.
Cuando batís todos los récords de la historia del espectáculo nacional, te permitís correr riesgos sabiendo que cualquier cosa te mejora. No era un meta pero sentís que ya lo pasaste, cortás el cordón unmbilical que te sostiene. Yo siempre pienso que mi vida no es tan rica como para que Los Redondos sean algo secundario. Pero también, por la formación de uno, hay una especie de desconfianza de la masividad. El éxito me pone incómodo.

¿No lo disfrutás?
El momento que disfruto realmente es el de componer. Solo.

¿Qué viste desde arriba del escenario de River?
La cantidad no me conmovió, de verdad. Los Redondos nunca tuvimos que luchar contra la adversidad. Cuando tocábamos en lugares para 100 personas, venían 150. Antes de llegar a River, hicimos Huracán y Racing. La convocatoria de la gente nos fue llevando a lugares. Quizás por eso se me hace difícil ver un shock de la diferencia de convocatoria. A nosotros no nos puso en el éxito una corporación.

Quedó tu frase: «Bienvenidos al pogo más grande del mundo».
Es que lo fue.

¿Cómo viviste los incidentes de la primera noche?
Cuando llegó la noticia de que había un tipo lastimando gente me dieron ganas de no tocar nunca más. En ese momento, es muy difícil ponerse en el lugar del que convoca: a nosotros siempre nos adjudicaron no poder controlar la seguridad. Una producción independiente tiene muchas ventajas pero hay que remar como descosido. Y no hay que olvidar la circunstancia social: está todo el mundo con la mecha seca y, en cualquier momento, en cualquier lugar, se arma. Es un país donde a tu viejo lo despidieron y está tan viejo que no sale ni a afanar, tu hermano más grande empezó afanando motos pero ahora está en una más grande y vos empezaste a afanar motos porque no tenés ninguna posibilidad de laburar. Esa noche seguí porque me di cuenta que suspenderlo iba a ser peor.

¿No sobreactuaste la situación al amenazarlos con no volver a tocar?
A esta altura no tengo necesidad de montarme en ninguna pequeña mentirita. Los Redondos no están en ningún negocio que no sea el expuesto, esas son elucubraciones de gente que piensa que atrás de esto hay poder. Creen que, porque metimos 140 mil personas y los sindicalistas metieron apenas 15 mil, nos ofrecen alguna cosa para ver si podemos arrastrar agua para su molino. Ninguna corporación me puede ofrecer más de lo que me está pasando.

Del tipo que murió, ¿qué sabés?
Lo mató la misma gente, a patadas, para sacarle el arma. No creo que haya pasado por ningún control, no creo que haya sacado entrada. Entró en la turba y se mandó. Ni siquiera debe haber tenido un objetivo que lo beneficiara: estaba zarpado y lastimaba a inocentes.

Pero de víctimario paso a víctima…
No hay ningún tipo de manifestación violenta que yo vaya a defender pero sí puedo comprenderla. Desde la revolución social al ámbito personal.

¿Justificás lo que sucedió?
Yo no estoy a favor de matar a nadie. Debe ser una frontera extraña matar a alguien. Pero tampoco me entrego mansamente a la humillación…En mi casa, yo vivo con siete perros y tengo una 12.70.

Supongo que se trata de un arma.
Sí, y de muy grueso calibre.

¿Hablás en serio? ¿Para qué te sirve tenerla?
Del ligustro para acá que no me venga nadie a romperme los huevos. Yo soy un opinólogo de cualquier cosa, lo que sea, pero cuando está en juego mi mujer, la gente que quiero, no sé que soy capaz de hacer. ¿Acaso no están de moda los secuestros express? Ya no se llevan a un industrial por medio millón de dólares sino que se cargan a cualquier perejil por 10 lucas. Por más que tengas leones en tu casa, si te la quieren dar, te la dan. Tampoco soy el único de mi barrio que tiene matraca…

Tenés un arma, pero ¿sabés usarla?
La vida que llevó uno no fue sólo tocar la guitarrita. Yo tengo 52 años y he visto muchas cosas, en distintas épocas, lo que pasa es que tantos años de ecología y Animal Planet cambian la mentalidad. Yo todavía llevo grabada la mirada del primer animal al que maté de un disparo. El uso de armas era algo común. Si tu viejo y tu hermano iban de caza, vos también estabas ahí a los tiros. Uno aprendía a usar un arma como ahora los chicos manejan el joystick.

Cuando empezaste a responder, por un momento pensé que te ibas a referir a tus 20, 30 años…
Ese es el segundo capítulo de mi relación con las armas. Pero ése no es tema de entrevista. El tema de esta entrevista es, también, Momo Sampler, el nuevo disco de Patricio Rey y sus Redonditos. El noveno para más datos. Y el primero hecho con una modalidad: no hay banda de rock. Solo están la voz, las letras y las texturas sónicas del Indio (más densas e inspiradas que Ultimo Bondi a Finisterre) y las guitarras de Skay (como siempre, punteos y riffs memorables, ahora más cerca del Zoorpoa de U2). Lo demás, un espíritu murguero algo trágico y desesperanzado, de alto contenido dramático.

Indio, ¿para qué sirve hoy el rock?
Creo que es una reserva en la que los espíritus medio progresistas todavía encuentran el mejor lugar para sentarse. Sin embargo, creo que estamos al final de la cultura rock, porque ya se ha fagocitado todo lo posible. Sigue siendo lo más progre que hay, aunque hoy sólo se copia a sí misma. Hay chicos que tienen quince años y en vez de tener la aventura de agregarle algo al mundo… son conservadores.

¿Está mal?
No sé, cuando yo era pibe no había ninguna pretensión sobre la música. No era el vehículo de ninguna cultura. ¿Por qué debemos pretender que el fenómeno de la cultura rock se imponga para siempre y la música sea el vehículo de las novedades?

Bueno, llegamos a pretenderlo por boca de algunos profetas…
Es que pasaron cosas muy importantes en la cultura rock. Hubo una infección en todos los rincones de la cultura. En quince o veinte años el mundo cambió mucho, para mi gusto para mejor. El rock fue la cultura más significativa que hubo. Mucho más que las actitudes revolucionarias de los sesenta y los setenta, de eso estoy seguro. El rock ha modificado el mundo más que el marxismo.

¿Cuáles serían los grandes aportes de la cultura rock?
La transformación metafísica de la gente. Para mí, la obra soy yo. Todas las experiencias no ordinarias que hice en nombre del rock modificaron mi mirada de la vida.

Desde el escenario, ¿lograste cambiar algo del sistema?
Ojo, yo no me salgo del plato, soy un tipo que consume chucherías. Nosotros hacemos un producto de tipo «artístico» -no sé cómo mierda se llama esto de hacer canciones y venderlas-: la gente compra si le gusta. Yo no le cagó la vida a nadie. Vivo bien y me puedo comprar chucherías, aunque con bastante delicadeza. Si yo me quiero comprar un Jaguar me lo puedo comprar, no lo hago porque sería obsceno.

Ponés el ejemplo del Jaguar porque no sabés manejar…
Yo compro chucherías: no es una cuestión heroica, no soy un asceta. Tengo veinte equipos Roland, con todos sus manuales… Pero los uso como herramientas. Rescato en ellos cierto interés que no es como comprarse esas chucherías que están en los shopping.

¿Cómo sabés qué venden en los shoppings si la leyenda cuenta que nunca salís de tu casa?
Cuando viajás, en cualquier lugar del mundo, encontrás las mismas marcas, las mismas boludeces.

O sea que allá vas…
Sí, voy y compro muchas cosas. Me gusta comprarme ropa. Acá no puedo porque me rompen mucho los huevos, se arma quilombo. Voy a primera hora, porque pienso que no hay pibes pero están los empleados y a los cinco minutos se armó el quilombo.

¿Escuchas algún disco de Los Redonditos?
No tanto. Para mí esta música no tiene inocencia. Las canciones de los primeros álbumes son lindas, son frescas pero la realización en muchos casos es una cagada.

¿Nunca pensaste en ser solista?
Hay dos lujos de los que yo desconfío: uno es la masividad y el otro es la relación que tuvimos con Skay. Durante los años que hemos trabajado juntos hay algo que excede el momento musical, todo el tiempo estamos consultándonos para saber qué hacer, cómo ahorrar unos pesos, cómo dilapidar otros. Cuando tenés que compartir con alguien algo resignás cosas. Y eso es bueno. Los solistas se repiten, inevitablemente. Son lo que más me aburren. Eligen siempre armonías que, para ellos, están bien. Es mejor que te corrija alguien.

¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una discoteca?
La última vez fue hace como diez años.

¿Qué tenés en contra?
No tengo nada en contra, simplemente no me interesa. Me interesa volver temprano a mi casa. No es un ambiente que me enriquezca. La bohemia me empezó a aburrir.

¿Y en tu casa qué hacés?
Trabajo todo el tiempo. Compongo, escribo, leo, escucho otra música. Y la vida. Ahora tengo a Luzbola y Luzbulo. Luzbola es el estudio donde grabamos y Luzbulo es una especie de playroom donde están mis libros, mis apuntes, la computadorita, el teclado, el armonizador, un sintetizador de guitarra, pedales, un mixer…

¿Vivís encerrado, en soledad?
Tengo una compañera que es muy gamba. Decidí abandonar un poco la vida urbana porque el grado de decepción hace que necesite justificaciones para vivir. En un lugar donde la naturaleza te tiene rodeado es más fácil saber por qué carajo se disfruta de la vida. Durante el primer año que me mudé no conocía el parque: me quedaba jugando al pool toda la noche, bebiendo, me despertaba a las cinco de la tarde. Ahora me levanto todos los días a las ocho.

¿Qué te hizo cambiar?
Con el tiempo he aprendido algo respecto del principio ordenador del placer que rige a Los Redondos. Después de cruzar la frontera, uno se da cuenta de que el placer está en el límite, justo ahí… pero de este lado. Del otro lado es una experiencia enriquecedora pero nada gratificante. Es interesante pero hay que tener muchos cojones, hay que tener un espíritu más cool que la palabra cool. No me da un valor agregado que un tipo se reviente.

¿Drogas?
Entiendo que un tipo que está pintando un cuadro, haciendo una película o tocando una canción se tome una pepa o una raya… porque no jode a nadie. Ahora, si yo estoy entrando al quirófano para una operación a corazón abierto y veo que el cirujano se está tomando un pase… Si todavía la anestesia no me hizo efecto, me pongo la bata y me rajo.

¿Todavía les siguen ofreciendo cheques?
Ya no, porque nos va bien. Si hay una banda que siempre se ha manejado por otro andarivel, que no sabe nada del medio porque no se ha cruzado con los colegas en la noche es Los Redondos.

Le hiciste bastante propaganda a la actitud contraria…
No sé si tanta. El mundo te prefiere diciendo un discurso con mayor ideología de la que tenés. Cacareamos sólo cuando vamos a poner un huevo.

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