Mi único héroe

en este lío

Abarcar en un sitio web toda la historia del mejor grupo del rock nacional obviamente es imposible. Simplemente les dejamos algunos datos y apuntes que les sirvan como punto de partida para embarcarse en una investigación más completa. Además de disfrutar de la discografía oficial, de los temas inéditos y de los discos piratas, les recomendamos leer y escuchar las entrevistas que incluimos en este sitio.

Oktubre

En mayo de 1986, Los Redondos, con la consigna de presentar nuevo material, actuaron en Paladium. Efímero fue el nombre que eligieron para llamar a otras magníficas jornadas de rockanroll a su cargo. A fines del mismo año, tras un ciclo en el Centro Parakultural volvieron a su palacio predilecto con la compañía de Andrés Teocharidis en calidad de músico invitado. Este era un tecladista proveniente de la música clásica, que estuvo en los planes del Indio y Skay cuando decidieron implementar algunas modificaciones en la formación.

 Después de que en los últimos meses de 1986 prepararon su segundo álbum- Oktubre- removieron la estructura, tras casi tres años de permanecer intacta, y volvieron a la vieja costumbre de intercambiar los integrantes. Tras la grabación de Oktubre abandonó la banda el guitarrista Fargo D´Aviero y lo mismo ocurrió con el baterista PiojoAvalos. A principios de 1987 el tecladista Andrés Teocharidis comenzó a ensayar como miembro estable de la banda pero, durante una estadía temporaria en el norte, sufrió un accidente fatal que terminó con su sueño efímero de ser parte del rockanroll de Los Redondos. Tras el trágico episodio pararon unos meses y volvieron a tocar; esta vez sumando a Walter Sidotti en batería y a Sergio Dawi en saxo, reemplazando a Willy Crook, que se fue con Los Abuelos de la Nada. Al margen de estas modificaciones. Cuando aún no todos habían deglutido los contenidos de Gulp!, Oktubre vuelve a llevar a la agrupación al vinilo. De nuevo con absoluto manejo independiente, el segundo disco alcanza un mejor nivel de grabación y edición y Los Redonditos confirman su fuerza destructora de modelos preestablecidos, su espíritu combativo y el propósito firme de continuar con sus convicciones originales intactas, a pesar de las nuevas circunstancias que los arrimaban cada vez más a la masividad y sus contratiempos. En los shows, sumado al clásico repertorio, aparecen las nuevas canciones. Las presentaciones del álbum no fueron muchas y el suceso se repetía.

La muchedumbre invadía, se descontrolaba y, a veces, constituía el campo adecuado para que la policía siga marchando junto a Los Redondos. La nueva base de Semilla y Walter le dieron a la música y la solvencia rítmica que más necesitaba y los temas de Oktubre fueron recibidos tanto o mejor que los antecesores. Las letras se hicieron mucho más dolorosas y profundas que en el álbum anterior. El Indio Solari afiló sus virtudes como poeta y así pudo captar y transmitir la crisis urbana del siglo veinte.
Por uno u otro motivo, Los Redondos continuaban su viaje hacia la gloria… aunque los institucionales no entendieran cómo.

Un baión para el ojo idiota

Tras el éxito de Oktubre y quizás para salvaguardar la solidez estructural del grupo, cada vez mas desbandada por los avatares de la popularidad, Los Redondos decretaron un armisticio antes de la edición de sus posteriores álbumes.

Los Redondos se alejaron de los circuitos habituales y dejaron, no por mucho tiempo, un montón de huérfanos a la espera del retorno. Skay y la Negra Poli cruzaron el charco hacia España. Allá, Skay puso sus cuerdas en apoyo de Los Toreros Muertos y los acompañó en una gira nacional pero, cuando le ofrecieron un lugar permanente en su escenario, entendió que su destino no estaba en Europa. Entonces volvieron a Buenos Aires donde, desde hacía un par de meses, el Indio estaba componiendo nuevas canciones y planeando la próxima arremetida. La expectativa que había dejado flotando Oktubre y el nuevo y prolongado silencio, desembarcaron en otra gloriosa fiesta redonda. Ocurrió en Cemento. Los Redondos, a una década de su nacimiento, demostraban que estaban íntegros como siempre y dispuestos a seguir activando su aplanadora creativa y contestataria contra la fuerza injusta de la opulencia, el negocio y el mecanismo como lo habían manifestado los temas del último álbum.

Después del receso (y de memorables conciertos en Caras mas Caras, Teatro Fenix, Paladium y el Coliseo Podestá de La Plata), llegó el tercer álbum. Un baión para el ojo idiota que significó la consagración. Tan alternativo e independiente como sus sucesores, Un Baión… llevó definitivamente a la banda a convertirse en un objeto de consumo popular. Como nunca, en aquel fin de año de 1988, quedaba demostrado que Los Redondos habían llegado enarbolando bien alto un nuevo mito porteño. Esa vez, lo presentaron en el Teatro Bambalinas en cinco shows con lleno absoluto. En este disco la banda sonaba al palo y descubría el buen manejo de las máquinas. Como lo habían hecho tantos hasta ahora, ellos mismos pagaron las horas en el estudio, eligieron los temas a su antojo, se autoprodujeron, inventaron el arte de tapa y se bancaron todos sus propios caprichos, sin un mesías que los castigue ni los salve. De allí en más, la carrera hacia Obras circuló con una velocidad vertiginosa. Cemento, Paladium, Skylab, Pinar de Rocha, Airport, el Cine Fénix y Satisfaction, y hasta alguna incursión en el Radio City de Mar del Plata.

Cada ocasión exigía un lugar más grande para soportar el delirio creciente de los fieles antiguos y los novatos que también se incorporaban al rito. “Un Baión… era la mejor experiencia discográfica de Los Redondos hasta el momento. Sus temas lograron una completa síntesis de la esencia pop de la banda con toda su pasión rockanrolera.

 El 23 de mayo de 1987 la banda brindó un concierto en Cemento, durante la puesta en escena de “Criminal mambo”, Luca Prodan (cantante de Sumo), se subió al escenario y cantó pasajes de la canción. Después de unas breves partes en italiano cantadas por el Indio, Luca prosiguió con un inglés oscuro y gutural. En diciembre el líder de Sumo moriría. Años más tarde el Indio se refirió al encuentro: “No había en esa época una cosa ordenada, como ahora. Era muy happening, en general, el asunto: Luca estaba ahí, vino al camerino, estuvimos charlando y pintó”.

Bang! Bang!!… estás liquidado

En 1989, tras la edición de su cuarto álbum, Bang! Bang! Estás liquidado, se presentaron en Halley. Para ese entonces, ya no era necesario ser rockero de alma o de boca, ni odiar los aparatos y la música electrónica para unirse a la devoción de Los Redondos. El grupo comenzaba a concentrar una rica heterogeneidad en su audiencia y también aparecían las primeras opiniones sectaristas, por parte de algunos flancos de la prensa y el público, que se enojaban por eso.

En diciembre del mismo año, toda la historia de la banda se agolpó en un solo espacio. Por fin el templo del rock abrió sus puertas para recibir a Los Redondos. La presentación de Bang! Bang! Estás liquidado en el estadio Obras Sanitarias (el 2 de diciembre) resultó, por otro lado, un caótico delirio popular y puso en una encrucijada a Los Redondos sobre sus próximos pasos. El cambio parecía exigir una crisis dolorosa. En Obras, creció el pasto de alimento policial y la crítica de quienes habían juzgado negativamente esta inserción a los modos del gran espectáculo.

Sin embargo, no sin preocuparse por lo que podía volver a ocurrir, Los Redondos decidieron que seis meses más tarde se repitiera otro multitudinario encuentro. En el estadio del Parque Sarmiento, brillaron los furiosos sonidos de Bang! Bang!… en una memorable fiesta.

Entonces se sucedieron las noches de Obras en 1990, en las que Patricio Rey fue amo exclusivo de cada una de ellas. Los temas y álbumes alcanzaron una repercusión que jamás habían tenido. Su popularidad igualó a la de cualquier otro artista que se haya valido de medios más prácticos- pero no mejores ni más eficientes- para obtenerla, y a través de una inigualable estrategia, accedieron a un lugar de privilegio que pocas bandas pudieron alcanzar.

Ya en 1990, despidieron el año (lógicamente en Obras) y mostraron algunos de los temas que integrarían el próximo disco.

Walter Bulacio – La mosca y la sopa

El año 1991 no comenzó del todo bien para Los Redondos. Durante el mes de Abril convocaron una vez más a las bandas al estadio Obras, en una noche que será recordada por mucho tiempo a causa de un trágico episodio: el asesinato de Walter Bulacio, un seguidor incondicional del grupo.

Dentro del recinto todo se desarrolló con absoluta normalidad, pero afuera florecieron los inconvenientes siempre ocurridos y nunca resueltos: la confusión y el viejo fantasma de la represión aparecieron. Walter David Bulacio- diecisiete años y alumno de quinto año del Colegio Bernardino Rivadavia- falleció horas después de haber sido detenido en uno de los numerosos operativos policiales realizados en la noche del 19 de abril en las inmediaciones del estadio Obras Sanitarias, donde Los Redondos se habían presentado.

De allí en más, las versiones contrapuestas (unas se refieren a una severa represión policial, otras niegan cualquier agresión posible) se sucedieron creando un controvertido debate cuyo resultado nunca podrá revertir la tragedia ocurrida.

Después de aquella noche negra y con el hermetismo que siempre los caracterizó, el grupo se encerró en los Estudios Del Cielito para completar la grabación de su quinto y ansiado disco, titulado La mosca y la Sopa. La placa contó con diez temas entre ellos los ya presentados en público. La grabación se llevó a cabo entre octubre del 90 y agosto del 91 y fue varias veces interrumpida por las actuaciones en Obras, las vacaciones- algunos Redondos anduvieron de paseo por España- y el caso Bulacio. En aquel momento, muchos medios (y aún conocidos personajes) reprocharon a la banda su falta de participación en el tema, su negativa a integrar marchas o hacer declaraciones al respecto.

“El tema pasa por otro lado”, comentaba entonces la Negra Poli, “Pasa porque se quiere politizar el hecho y explotar a la banda en ese contexto. Nosotros no tenemos ni queremos tener nada que ver con la política, que es siempre el mismo juego sucio y en el que, lamentablemente, entran muchos músicos sin darse cuenta de que están siendo manoseados y usados”.

Así, recluídos en los estudios Del Cielito, Los Redondos predicaron con el ejemplo y siguieron trabajando firme “porque nosotros somos músicos y no predicadores o políticos y nuestra profesión es hacer música, arte, y no andar catequizando o dando discursos o servirle de escalera a alguien o usar de escalera a otro”.

La producción, como siempre, fue de Patricio Rey, es decir de toda la banda. Gustavo Gauvry, Roberto Fernández y Mario Breuer fueron los técnicos de grabación mientras que Lito Vitale- aportó teclados en Blues de la artillería- y Luis Robinson- de la Mississippi Blues Band- fueron los músicos invitados. El arte de tapa, como no podía ser de otra manera, fue confiado a Rocambole, autor de las cuatro portadas anteriores, y el equipo dirigido por Guillermo Beilinson preparó un videoclip promocional, el segundo en la historia de Los Redondos, “pero con una técnica y elementos diferentes”, según aclaró Poli.

En directo – Teatro San Martín

En directo es un álbum en vivo de la banda argentina Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, editado en 1992. Es considerado como el álbum “pirata oficial” de la banda y fue el primero en ser masterizado en los Estados Unidos, recoge los fragmentos más destacados de los conciertos brindados durante los recitales en el Teatro de Verano de Uruguay el 8 de diciembre de 1989 y en el mítico Estadio Obras Sanitarias el 29 de diciembre de 1991.

Aunque En Directo fue publicado por Del Cielito Records, se rumorea que es pirata, pero que tal práctica fue llevada adelante por los propios miembros de la banda para evitar pagar a una discográfica, aunque no hay fuentes fiables al respecto. El disco incluye un tema hasta entonces inédito, “El Blues del Noticiero”. Un hecho confuso es que fue editado con dos tapas diferentes, una producida por Del Cielito y otra de Patricio Rey Record, una tapa roja y negra que muestra al público con bengalas en pleno recital.

Durante el mes de septiembre  se editó en CD el catálogo completo de Los Redondos. Los discos láser de sus cinco placas fueron fabricados en Venezuela y le permitieron a los ricoteros acceder a las diferentes etapas de la banda con una calidad sonora muy
superior.
Quienes tuvieron la primicia de ver y escuchar a Los Redondos apenas terminadas las sesiones de grabación fueron los marplatenses. La banda se presentó el 10 de agosto, en el Teatro San Martín de esa ciudad, frente a un auditorio ávido de rockanroll. En tanto las bandas porteñas tuvieran que aguardar un poco más para entrar nuevamente con Patricio Rey. Del 22 al 24 de noviembre, el Indio y sus muchachos volvieron a los escenarios capitalinos para ofrecer una de las series más calientes de conciertos en toda la historia. El grupo congregó a casi 20000 personas en tres funciones a sala llena, llevadas a cabo en Autopista Center, el nuevo galón escogido por Poli y sus secuaces.

En cada uno de los shows, la agrupación presentó oficialmente el material de La Mosca y la Sopa y movilizó a todos con los nuevos himnos, y conrmó
su intacto poder de convocatoria.
En aquellos días y después de varios años, la banda decidió salir de su caparazón y ofrecer un par de reportajes a algunos medios especializados donde rearmaron su postura independiente. Fieles a su costumbre, el día de los inocentes dijeron adiós al 91 junto a su inseparable público en un show que marcó el regreso de Los Redondos a Obras.
El 92 fue un año de escasa actividad para el grupo aunque continuaron con su espíritu nómade a la hora de las presentaciones en vivo. El 1° de mayo se llevó a cabo la ceremonia del reencuentro en el Microestadio de Lanús, deleitando al público con temas clásicos y otros nunca editados como Un tal Brigitte Bardot. La demanda de localidades fue tan grande que debieron agregar dos nuevas funciones.
Algunos meses después la esta ricotera continuó en el Microestadio de Racing- en Avellaneda, los días 17, 18 y 19 de julio- en el Centro Municipal de Exposiciones (2 y 3 de octubre) ante más de diez mil personas por noche, después en King Kong, y Stadium, un reducto dedicado al rockanroll ubicado en Almagro. En aquella oportunidad algunos de los que se quedaron afuera sin poder conseguir entradas intentaron ingresar por la fuerza mientras que otros expresaron su bronca arrojando botellas contra los cristales de la entrada. Consecuencia: el lugar cerró sus puertas tan rápidamente como su inauguración, aunque meses más tarde fue reinaugurado.

Lobo suelto – Cordero atado

Desde el comienzo, Los Redondos trabajaron en función de un nuevo disco que los sorprendió con mucha energía para compartir. Y el resultado estuvo a la vista cuando a fin de 1993 Lobo Suelto, Cordero atado, el primer- y hasta ahora único álbum doble del grupo- invadió las calles.

Si bien las grabaciones se realizaron en nuestro país, en los estudios Del Cielito, una visita del productor Gustavo Gauvry y el técnico de sonido Mario Breuer a los Estados Unidos desembocó en la posibilidad de realizar la masterización de Lobo suelto, Cordero atado en aquel país, hecho que, en medio de la persistente búsqueda de sonido por parte de la banda, no pudo ser más oportuno. Siguieron algunos viajes, y la concreción de la mezcla se efectuó en un estudio de Miami y luego fue completada en Los Angeles.

1993 culminó con dos conciertos en el estadio de Huracán para el asombro de los más prevenidos. Los días 19 y 20 de noviembre, en “La Quema”, Patricio Rey derribaron otro muro para seguir creciendo. Ante la necesidad de seguir sumando localidades, los platenses (no sin ensayos y errores anteriores) finamente encontraron una respuesta alternativa. Lejos del césped habitué, tratándose de espectáculos de gran despliegue y convocatorias multitudinarias, Los Redondos hicieron la suya como más les gusta y clavando bandera en un nuevo territorio. Así, las bandas se despidieron del 93 con la sensación de haber pisado, por fin, la tierra prometida.

Tras unas breves vacaciones, en marzo del 94, el Indio Solari, Skay y compañía, ya hablaban de un regreso a toda orquesta. Al mismo tiempo anunciaban futuras giras por el tantas veces postergado interior del país. El itinerario incluía cruzar el charco hasta llegar a la República Oriental del Uruguay. Finalmente, lo último no pudo ser posible pero el resto se cumpliría a rajatabla y sería una fiesta. Pero faltaba el regreso a Parque Patricios.

Sin otro pretexto que el reencuentro con una puesta escénica similar a la que habían presentado en su primera vez en un etadio de fútbol de esa magnitud, el sábado 14 de mayo Patricio Rey volvió en única función y a total beneficio del mantenimiento de una pasión que no conocía de límites y flaquezas. Cada vez más grandes, en el estadio de Huracán en esa oportunidad la banda presentó el tan solicitado compilado de lo mejor de Lobo suelto, Cordero atado (en el 93 los shows se habían montado para la presentación separada de cada uno). Arriba los protagonistas, abajo las otras estrellas, multiplicadas por miles, y una banda sonora encantadora, movilizadora. La crónica de cada semana hablaba de unos clásicos que volvían a vivir en escena y de la vox populi que tapaba tanto la voz del Indio como los deliciosos coros de las Blacanblues. Otro espectáculo para el recuerdo. Con el mejor despliegue de un símil internacional pero con la energía de ida y vuelta de pasiones única e irremplazante. Los Redondos habían vuelto, porque siempre es como la primera vez, y arrasaron.

La fecha- única- en mayo no había sido suficiente para saciar la voracidad de las bandas. Y como lo prometido es deuda, la banda platense comenzó a cumplir con su compromiso de presentarse con mayor asiduidad. Los primeros en disfrutar en carne propia de esta nueva movida de Los Redondos, fue la gente de San Carlos, provincia de Santa Fe, donde el Indio, Skay Beilinson, Walter Sidotti, Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi llevaron sus emblemas a una antigua sala cinematográfica donde, alguna vez, habían pasado Fito Paéz y Charly García. Pero aquella noche fue toda para ellos para el público santafesino y para los que se arrimaron, llegando en micros desde varias provincias. Más allá de la General Paz, el huracán platense volvió a pegar, y habría más…

Go disco – Costa Chaval – Huracán

En agosto, el barrio de Palermo era testigo silencioso de un agitado centro de operaciones: ensayos de lo conocido que se mezclaban con pruebas originales de composiciones que iban a venir, pensando en el escenario; desmintiendo cualquier presunción de que se estaba gestando algo nuevo en materia discográfica. Por esos días, Semilla Bucciarelli abandonaba por un rato su instrumento por una muestra plástica callejera y los responsables del 99,9% del arte gráfico de la banda- Rocambole (plástica) y Mariano Larralde (fotografía)- haciéndose eco de la avanzada federalista del grupo, viajaban con su exposición de ilustraciones y fotografías, desde El Taller, en la Capital, al Museo de Bellas Artes de La Plata, hacia el Sur, llegando incluso a General Roca y San Carlos de Bariloche.

Promediando ese mismo mes de agosto, más precisamente los días 12, 13 y 14, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota llevaron adelante otro de sus acontecimientos hecho en el Teatro San Martín- en ocasión de presentar La Mosca y la Sopa tres años atrás y fieles a su costumbre de pasar por la Felíz con cierta habitualidad y siempre en invierno, llenaron por tres veces la discoteca Go!, con capacidad para albergar unas 3000 almas. A diferencia de lo que habían hecho en sus últimas presentaciones, aquí pusieron sobre las tablas temas inéditos y reflotaron otros de vieja data: el repertorio de Oktubre, que hacía mucho no formaba parte en la lista de temas de los shows. En esta oportunidad los micros- se calcularon setenta- llegaron desde Capital, Rosario y La Pampa, y el público que doblegó la capacidad del local, participó de otro invento de ricota para la ocasión: un magnífico videowall que permitió a los que se quedaron afuera mirar el show como los mejores y protagonizar su propia fiesta. En la cuenta final, Los Redondos pasaron una semana completa en la ciudad atlántica.

De regreso de Mar del Plata, permanecieron guardados e inmersos en su conocido mutismo, tocando y viviendo un tiempo de ideas. Esto es, componiendo y sumando para empezar a pensar en un nuevo disco. En noviembre la olla se destapó, dejando ver los primeros ingredientes de una receta que prometía dejar satisfechos a unos cuantos. Aquello que con tanto hermetismo habían protegido y resguardado en el más absoluto silencio no era otra cosa que los clásicos de siempre, en versiones que reactivaban las canciones de las primerísimas horas de la banda. Las que tocaban menos, las que nunca habían grabado, rarezas, por ejemplo: Mariposa Pontiac, Un tal Brigitte Bardot, Rock del país y Qué mal celo.

Paralelamente al trabajo en estudios, Patricio Rey se preparó con todo para el siguiente encuentro con las bandas. El escenario elegido para la nueva ceremonia fue nuevamente el estadio de Huracán; un reducto que les dió grandes satisfacciones y al que regresaron los días 16 y 17 de diciembre.

1995 fue un año en el que fomentaron el turismo interno y, alejados por vocación propia del candelero, recuperaron buena parte de la mística en que se fundaron. Pergeñaron sus siguientes pasos en el más cerrado y misterioso de los silencios. Algo que, tratándose de Los Redondos, no era ninguna novedad. Al contrario, era el «modus operandi» al cual todos- medios y fans- ya estaban más que acostumbrados.

Tan bien fueron recibidos más allá de Buenos Aires que, quebrando con el ritual de despedir cada año en el estadio de Huracán o cualquier otro reducto porteño, por primera vez decidieron bajar la cortina más allá de la General Paz. De esta manera, el grupo cerró el 95 los días 8 y 9 de diciembre en la discoteca Costa Chaval en la ciudad de Concordia, Entre Ríos. «Es la primera vez que vamos a Entre Ríos y estamos entusiasmadísimos preparando todo. Cada vez nos gusta más tocar en el interior del país», confesaba Poli por aquellos días. Por eso abandonaron por un tiempito la grabación del nuevo disco y están ensayando para estos shows que son los últimos del 95. Va a ser la fiesta de despedida del año.

Una vez que ambos conciertos fueron parte del recuerdo, durante los primeros meses de 1996 el grupo regresó a estudios para terminar de pulir un trabajo que comenzó a tomar forma muy lejos de Argentina…

Luzbelito

Los últimos años- más allá de algún episodio repudiable, como el de Olavarría- fueron tranquilos para Los Redondos. Luzbelito y Ultimo bondi a Finisterre trajeron consigo himnos inmediatos para las bandas. En estas páginas, los acontecimientos mas recientes de un sentimiento que mueve multitudes.

Luzbelito, como todo disco redondo, nació de la alquimia entre el Indio Solari y Skay Beilinson. Un año de labor desde las primeras bases hasta la edición final tuvieron capítulos entre los que figuran “demos hogareños” y un viaje a San Pablo, Brasil donde se encontraron con el bajista Néstor Madrid: un ex ricotero de la primera época (la base se completaba con el baterista Guillermo Midolla). Como siempre, en los estudios El Pie se enfrentaron a la personal tarea de grabar sin plazos. Una vez más se asociaron con el ingeniero de sonido Mario Breuer, quién en esa oportunidad trabajó junto a Eduardo Herrera. A la tradicional formación sonora ricotera- Skay, guitarra; Walter Sidotti en batería; Semilla Bucciarelli en bajo; Sergio Dawi en saxo y el Indio en voz- se incorporó la participación en teclados de Lito Vitale en tres de los temas del álbum.

La producción del disco corrió por cuenta de la banda que, gracias a la experiencia acumulada a lo largo de los años, intentó exprimir al máximo las posibilidades de la consola. La mezcla final se concretó en Florida, Estados Unidos, donde se trasladó la dupla Beilinson-Solari. A la hora de caracterizar el sonido del nuevo material, Poli no dudaba en hablar de claridad y, luego prometer un sonido completamente distinto a loa álbumes anteriores. La presentación oficial de Luzbelito se realizó en la ciudad de Mar del Plata, en el gimnasio Olímpico, y ya en 1997, el 14 de junio Los Redondos volvieron a tocar en el anfiteatro Municipal Centenario de Villa María, Córdoba.

En el mes de agosto de 1997 Los Redondos llegan a la ciudad de Olavarría. Con las entradas ya vendidas, el lugar ya alquilado y un montón de chicos ya instalados en el lugar ocurre lo insólito, dos días antes de los shows el intendente de Olavarría, el señor Helios Eseverri, firma un decreto que prohibe la actuación de Los Redondos. La inconcebible decisión de la intendencia de esa ciudad trataba de argumentarse en un supuesto informe las autoridades comunales y policiales, en el cual se hacía hincapié en disturbios que podían llegar a ocurrir. Mientras Los Redondos presentan un recurso de amparo ante la justicia, los “redonditos” seguían llegando a Olavarría con la ilusión de que la prohibición se levante. Al darse cuenta que no contaban con el apoyo de la justicia y con miles de chicos instalados en la puerta del hotel y otros miles en camino, Los Redondos deciden dar su primera conferencia de prensa, cuyo mayor objetivo es poder comunicarse con su gente. A este hecho histórico le siguió una aparición del Indio en la puerta del hotel para hablar cara a cara con los chicos. Así habló Carlos Solari: “Esta situación es descabellada y por eso nos interesa pedirle disculpas a los chicos. Además, no nos vamos a ir hasta que no se vayan ellos”.
Los pibes de Olavarría ya saben a quién apuntar cuando el día de mañana no puedan decir “Los Redondos tocaron acá”.

A modo de desacuerdo con la prohibición en Olavarría fueron varios los intendentes que a favor de Los Redondos ofrecieron sus ciudades para los shows. Entonces, Tandil es el sitio elegido. Ahí estuvieron los músicos y su gente haciendo lo suyo: un rock and roll crudo, una poesía dura y áspera y dándole forma al mito más sagrado bajo la torrencial lluvia. Nada importó. La fiesta alimentaba las llamas de pasión en los corazones redondos. que desgarraban sus gargantas vomitando la impotencia contenida en la cercana Olavarría.

El 13 de diciembre de 1997 llegaría el turno del Estadio de Colón de Santa Fé. Otra vez lluvia. Y otra vez misa. Más de 20.000 seguidores incondicionales en un nuevo tradicional encuentro con Patricio.

Último bondi a Finisterre – Los grandes estadios

1998 los encontró todo el año trabajando en Ultimo bondi a Finisterre. Hacia marzo, en el transcurso de una entrevista en un programa deportivo, el presidente del Club Atlético Racing, Daniel Lalín dijo: “Estoy conversando con Poli, y si todo va bien Los Redondos van a tocar en Racing en junio o julio”. Era el anticipo del regreso del grupo a la Capital Federal (o lo más cerca posible) a cuatro años del último show que habían dado en la cancha de Huracán.

El éxodo ricotero continuó con un nuevo capítulo en Villa María, el 23 de mayo, costumbre que puso al grupo al frente de un ritual absolutamente particular que sólo admite parangón con lo que los hippies de The Gratefull Dead habían conseguido en los Estados Unidos al movilizar de una costa a otra a los deadheads.

Ultimo bondi a Finisterre, el disco número diez de Los Redondos, fue la excusa perfecta para cerrar 1998. Curiosamente, cuando el firmamento rockero local brilla con algunos grupos que comulgan en cierto punto con la estética ricotera, Los Redondos pegaron un volantazo y sorprendieron con un conjunto de canciones de corte pop, donde las melodías reemplazaron a los riffs y las guitarras cedieron terreno ante el avance de las máquinas y los teclados. Sin convertirse en una banda tecno- esa no fue la intención- la agrupación platense logró ponerse al día en materia de sonido con un disco cuyo espectacular packaging- siempre a cargo de Rocambole- simula un CD-ROM.
Récord de ventas en su primera semana, Finisterre… provovó reacciones de las más diversas entre el público y la prensa. “En este trabajo, el sonido, que parece una novedad, en nuestros demos está desde hace mucho. Yo ya componía a partir de la computadora y el sampler y después reemplazaba la programación por la banda, pero quedaban muchas texturas por el camino. Ahora decidimos dejar las cosas sin que el pulso rockero de Los Redondos se apoderara tanto del asunto. Nos dimos el gusto de hacer un producto no estándar”, declararía el Indio a un importante diario capitalino, a fin de año.

Finalmente, los días 18 y 19 de diciembre, Los Redondos volvieron a tocar en las cercanías de Capital y confirmaron su vigencia ante 40000 personas por noche en el estadio de Racing Club.
El hecho de que en dichos conciertos interpretaran la mayor parte de Ultimo bondi… casi sin intercalar temas viejos permitió descubrir no sólo sus enormes deseos de llevar sus estrenos al vivo sino también el excelente ensamble entre todos sus componentes. Así, Los Redondos se dieron el gusto de volver a montar su celebración ricotera muy cerquita de Capital, dejando abierta la posibilidad de un futuro y no tan lejano encuentro. Seguramente, el de Avellaneda, no haya sido aún el Ultimo bondi en la vida de Patricio Rey, un auténtico e incólume fenómeno de masas.

Después de los incidentes en Mar del Plata, le tocó el turno a River, donde se brindaron dos shows magníficos, y se registraron nuevos hechos de violencia. Esta vez entre los seguidores de Patricio, dejando un saldo de varios heridos y un muerto, el mismo que había dado comienzo a los incidentes, quien falleció días después a los shows en un hospital, víctima de las lesiones que le propinaron los demás fieles ricoteros cuando le quitaron el arma blanca que portaba y la usaron en su contra.

Sin embargo, los shows en River no tienen parangón en la historia del rock nacional y en un gran atrevimiento nos animamos a decir internacional también, porque ni siquiera los Rolling Stones llenaron el estadio de River de semejante manera, la manera redonda. 140.000 personas le dijeron presente a Patricio Rey en dos nuevas misas paganas.

Momo Sampler – La separación

La contundencia de la banda de las bandas ya es innegable. Ni siquiera la profunda crisis detiene el Woodstock itinerante ante cada nueva misa. La aparición de MOMO SAMPLER, a fines del 2000, marca la postura definitiva de la banda de no responder a los cánones del rock tradicional, sino que se aferran a su viejo precepto de la evolución constante. Momo Sampler se basa en el concepto de la Impostura y trae excelentes canciones musicalmente impecables, de poesía cruda, dura y exquisita a la vez.. algo que sólo logran los REDONDOS. Para confirmar la plena vigencia y la necesidad de evadir los focos violentos, la banda elige Montevideo para presentar el disco, en dos noches en el estadio Centenario a fines de abril del 2001. Allí, 25.000 personas cada noche rubrican la estampa más emotiva del rock de todos los tiempos… dos de los mejores shows en el recuerdo de los ricoteros que allí estuvieron.

El regreso al país se produce el 4 de agosto del 2001, esta vez en el estadio Chateau Carreras de la ciudad de Córdoba Capital. La presentación de MOMO… en el país es espectacular. La banda bate todos los records de asistencia y recibe a 50.000 personas en una noche donde todo salió a pedir de boca, exceptuando el accidente de un joven que cayó inexplicablemente al foso y falleció camino al hospital. Sonido, luces, clima, banda y huestes hicieron que Córdoba tenga hoy tatuada la marca de los aguijones de Patricio Rey en su pecho.

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