Indio Solari: entrevista inédita – Rosario, 1992

La libertad te puede condenar a la soledad, pero no va condenar nada de lo que hagas”, le dijo el Indio Solari a Hugo Alberto Ojeda en esta entrevista de otros tiempos. Ilustración de María Lublin.

Autor: Entrevista realizada por Hugo Alberto Ojeda, 18 de septiembre de 1992. Compartida en el sitio web de la Revista Colofón. Ilustración de María Lublin

La noche de un jueves subí las escaleras de “Luna Bar”. Era un 22 de setiembre, al siguiente anochecer los Redondos tocarían en Newell’s presentando “La mosca y la sopa”.

Había sabido de Los Redondos diez años antes, en medio del exilio interior gozado durante la última dictadura cívico-militar. Sostengo en alguna parte sana de mi memoria, las notas publicadas en el “Expreso Imaginario” sobre La Cofradía de la Flor Solar de La Plata. Allí estaban los hermanos Beilinson y Rocambole. Era imposible no identificarse con ellos. Después salió una entrevista y varios comentarios sobre los primeros recitales de Patricio Rey, Carlos Alberto Solari aún tenía pelo y bigotes. Tardé años en escucharlos, no pasaban sus temas en la radio.  Así eran algunas cosas entonces, empezábamos a admirar músicos sin escucharlos, nos contagiábamos por la confianza puesta en algunos periodistas hasta que algún amigo compartía una regrabación. Los vinilos eran caros y pocos, los cassettes eran más accesibles y sociales. La mayoría de las veces,  la calidad musical de los nuevos grupos estaba a la altura de los comentarios.

Era  la segunda vez que tocaban en Rosario. La primera había sido en Sportivo América, el micro estadio de una cancha de básquet donde daban recitales los grupos de rock nacional; pero la popularidad ricotera ya estaba desbordando, era necesario algo más grande.

Desde un programa en una FM estábamos promocionando el recital ricotero, le pedíamos a los oyentes que acercaran preguntas para la entrevista del Indio, sorteábamos 10 entradas entre los participantes.

Los ejemplares del “Expreso Imaginario” sobreviven en un baúl, los vinilos históricos de Patricio Rey se “perdieron” en alguna mudanza imprevista de mis separaciones. El viejo mini grabador Philips  Made in Thailand todavía me acompaña. Si le pongo pilas cargadas funciona con cuidadosa melancolía, esas herramientas infieles al capitalismo salvaje me emocionan. En ese querido mini grabador estoy escuchando las palabras de la entrevista que desgrabaré algunas líneas más abajo.

“Luna Bar” era el templo de la noche rosarina, no había otro espacio/tiempo para encontrarse con el Indio. Construida en las últimas décadas siglo XIX, ubicada donde la calle Tucumán baja su empedrado cubierto por asfalto hacia el antiguo puerto de Rosario,  en la vieja casona había funcionado un prostíbulo. ¿Las energías del ultraje/placer dejan huellas en la materia? Subí la misma escalera frecuentada por los tratantes, curas y católicos perversos, nunca dejé de pensar en la travesía del lupanar al bar.

Seguía siendo jueves y eran más de las 10.  Llegué hasta la barra  y pregunté por el Indio Solari. Me dijeron que todavía no había llegado,  sólo estaba Walter Sidoti, que si quería lo podía  entrevistar.  Todavía me arrepiento; llegó una amiga, me sacó a bailar,  no interrumpí el anonimato  del baterista.

¿Cuáles son los deslindes/cambios que el futuro/pasado deja sobre las palabras ocultas en un viejo cassette hace 26 años? Las palabras repitiéndose  en la cinta, ¿son las mismas?

Mi amiga me avisó que el “Indio” había llegado, nos acercamos a la barra para cruzar el umbral entre el mito y lo cotidiano. Dos chicas estaban entrevistando a un hombre demasiado común, un oficinista delgado, petiso y pelado,  de unos 40 años; el asedio detenido de quiénes lo reconocen parece quebrar su… ¿timidez?

Uno de los organizadores nos presentó, le explicó que yo era de una FM de Baigorria y el Indio me preguntó dónde quedaba eso. Mi respuesta pareció no aclararle nada. La vibra de su mirada me recordaba, no sé en qué, a la del viejo Juanele Ortíz.

– Indio, ¿dónde están los sueños?

– Mirá, creo que uno puede atesorar los sueños personales, ¿no?

– Bueno, los tuyos, ¿dónde están? 

– En este momento, lo que rodea a la banda es lo que me absorbe; no tengo ninguna otra cosa más significativa ni nada que me gratifique tanto como el trabajo y la relación que tengo con los chicos de la banda. Eso me absorbe totalmente, eso es mi viaje en este momento, no tengo mayores aspiraciones. Es más, lo que me pasa excede lo que tenía pensado.

– ¿Dónde tenías los sueños en los tiempos de la dictadura?  

– Tengo algunos muertos queridos. A veces no sé si tengo ganas de acordarme qué soñaba, porque creo que todos éramos mucho más ambiciosos. Más ambiciosos a nivel de sueños, teníamos pretensiones más ricas. Algún día, todo lo que ha entrado en el dibujo del terrorismo, algún día tendrá que contarse el espíritu que animaba a los chicos; no digo las cúpulas, siempre hay manejos en las cúpulas. Ha habido gente muy linda, de la mejor. Los que murieron.

– Durante un mes, los adolescentes que escuchan nuestro programa nos encargaron que les hiciéramos preguntas. Las que sobresalieron fueron estas: 1) ¿De qué cuadro sos? 2) ¿Son un conjunto de rock de izquierda? 3) ¿Por qué son marginales?

– Siempre hay una determinación en las preguntas, que si uno se afirma en ellas está diciendo… nada. La primera es muy fácil, yo soy bostero. Después, si somos un grupo de izquierda. Hoy no sé qué es la izquierda. Hay una confusión a partir del disco de “Oktubre”, en donde se tenía una necesidad de alinear… No pertenezco a la clase obrera, soy de clase media. Entonces, he tenido necesidades, porque he visto las injusticias desde mi adolescencia, y las sigo viendo, y voy a transcurrir mi vida en un mundo bastante injusto y bastante jodido. A partir de ahí, si aquel que está en contra de las reglas establecidas, aquel que está en contra de las injusticias, del poder elitista, de esa vida que reduce la vida, (no por ningún otro motivo, no soy un moralista ni mucho menos, yo creo que jode la vida esa actitud) Bueno, si eso es ser de izquierda. Hoy en día esos términos no se sabe qué abarcan… yo no diría eso.

Y no, marginales, no puedo decir que lo seamos.

– Los chicos preguntan eso porque no pueden verlos por TV.

– Eso tiene que ver con caprichos personales, no voy a la televisión porque no me gusta. Lo extraño es que, como la vida pasa por la televisión, que alguien no quiera ir a la televisión parece tan extraño.

-¿O es parte de una leyenda?

– No, simplemente no nos gusta ir. Tengo un montón de cosas en contra de la televisión, que van desde las ondas alfa, a los mecanismos en donde el mensaje se transforma en esa misma cosa. Pero no soy tan imbécil como para pretender apagar la televisión. A mí no me gusta ir, y como, gracias a Dios, de la manera en que han ido pasando las cosas me permiten no necesitar de la promoción de la televisión, si no tengo ganas no voy, es eso simplemente.

No nos gusta porque en general se pierde la carga dramática, se desvirtúa todo, sos un forro: así seas un número top estás a disposición del mensaje que hace ese medio. Si tenés una bandita nueva y creés que la promoción demoledora te va a hacer bien, y bueno, dale. A mí no me interesa; es más, creo que a la mayoría de las bandas no les interesa, no les gusta. Sólo que tengo una producción independiente y he ido pasando la cosa sin tener que hacerlo. Pero creo que nadie, a ninguna de las bandas de rock le gusta, porque todos los shows se desmerecen. Los he visto en la noche, después los veo en televisión y hay una pasteurización, una cosa que no es buena. Cada cual sabe cómo taparse el culo. Creo que en general hoy los chicos son bastante adultos y cada uno sabe lo que tiene que hacer. No tengo ni siquiera un consejo para darle a nadie.

Es sorprendente lo que pasa con la televisión, porque lo que pasa ahí pretende ser la vida. La gente se reúne a almorzar, a comentar no lo que le pasó en la intimidad; sino lo que pasó en la televisión a través de un programa que los guía, y comentan eso,  como si hubieran visto tal cosa, como si les hubiera pasado a ellos… A mí no me interesa, tengo otra intimidad, una vida que está plena sin necesidad de estar vinculado con los demás a través de lo mediático.

– ¿Cómo surge la poética de los Redondos para reflejar tan fielmente el sentir de los ’90?

– Lo que estábamos hablando antes es lo que beneficia. La libertad te puede condenar a la soledad, pero no va a condenar nada de lo que hagas. Es decir, cuando vos estás libre, cuando no tenés que rendirle pleitesía a nadie, podés decir cosas que le pasan a la gente. Sino, siempre hay filtros de intereses, esto se puede, esto no te conviene, esto no te luce… La libertad  te puede condenar a la soledad y creo que es lo único a lo que te puede condenar… A partir de eso, si te la bancás, estás libre de decir lo que quieras, en el momento que quieras y de la manera que quieras. Ese es el permiso que le han dado estos chicos a estos jovatos para hacer lo que quieren, de la manera que quieren y cuando quieren. Entonces es mucho más fácil hacer algo que resuene con ellos que si tenés condicionamientos; cuando hay alguien interviniendo y aconsejándote qué es lo que te conviene para llegar al éxito. A nosotros, providencialmente nos ha pasado de otra manera y eso nos ha dejado libres para decir: tengo ganas de decir esto.

¿Es tan difícil, si no estás atado por ningún contrato de ningún tipo, decir lo que te pasa? No es tan difícil, no hay ningún arte en esto; simplemente hay una libertad que está dada por la protección que te da el cariño de estos chicos, que son los que hacen que esta producción camine. Eso es lo único que pasa. Y que uno puede con comodidad decir lo que siente, porque no está respondiendo a ninguna otra cosa (más) que a su propia necesidad de decir. Desde esos términos no es tan difícil decir algo que te conmueva, tenés que mirar lo que pasa a tu alrededor y, bueno, escribirlo un poquito. Cada uno tendrá la manera de conmover a los que lo rodean. A mí me sale hacer canciones. Otro por ahí te dá un abrazo de puta madre y te conmueve. Esas cosas que te van sucediendo en la vida.

Nos despedimos, guardé el grabador y la “presencia” de Juanele Ortíz no se íba; entonces no sabía que el Indio había nacido en Paraná. A la vez, volvía a una lectura de un “Expreso Imaginario” del ’79, donde el Indio afirmaba que lo único útil para comprender es participar, que el ver y el oír hacen desdichado al pensar.

La música fue/es una herramienta de vida. Fuimos una generación complicada; que una primavera, abrazando el “amor y paz” de los hippies de San Francisco, se atrevía a dejarse el pelo largo y usar alpargatas bordadas con florcitas de colores, desafiando que las viejas y los presumidos “machos” del barrio te/nos adjetivaran de “puto, maricón”.  Pocos meses más tarde, asesinaban al Che en Bolivia. Y vos/yo eras un adolescente que casi no podía respirar en su virginidad, porque la Historia te regalaba casi en simultáneo, el Mayo francés y los Rosariazos. Todavía se me hace difícil explicarles a mis hijos como se pasa del “amor y paz” a la clandestinidad militante y a AVOMPLA, del Poder de las Flores a los 7,62 milímetros de la bala/proyectil de un FAL.

“- ¿Dónde están los sueños?

Dije esas palabras y en ellas estaban  todas los instantes  del Flower’s Power y la clandestina lucha armada/amada.  ¿Té para lo indecible?  Spinetta, el Che, Guy Debord, George Harrison, Lennon, Santucho, el mismo Lenin, Borges, Faulkner, Sholojov,  Hemingway y un amado escritor peronista que se enamoró de una rosarina. Diecisiete letras, un pelado petiso. El infinito y el espectáculo de la realidad inmediata.