La banda más grande del país reventó River

Artículo de la Revista La García sobre los shows de Los Redondos en el Estadio River: más de 150 mil personas en dos conciertos inolvidables.

Autor: Revista La García, año 2000 – Edición Especial

A seis años de su última presentación en Buenos Aires, Los Redondos llegaron al lugar que las bandas reclamaban desde hacía tiempo: River, el nuevo templo del rock multitudinario. Los conciertos de Patricio Rey en el estadio Monumental (sobre todo el del domingo) mostraron las sobriedad de una banda maravillosa, única. En los oídos de 150 mil almas sonaron las canciones más entrañables de las vidas de muchísimas personas, muchas más de las que coparon Nuñez durante dos noches consecutivas. Sobre el escenario se pudo ver a unos tipos maduros, que tienen la delicadeza de saberse pequeños y jugar a ser grandes sólo para alegrar corazones y hacer hervir algunas venas. Fue un placer verlos allí, más allá del sonido y los incidentes. La química que poseen con su público, da envidia y la elegancia con que se despidieron, sin bombos ni platillos, fue hermosa. Como decir gracias, y de nada.

PATRICIO REY Y SUS REDONDITOS DE RICOTA.
Si durante el primer show las cosas no salieron todo lo bien que tanto Los Redondos como su público hubiesen deseado, el domingo todos tuvieron su rápida revancha. Es probable que el primer concierto de Los Redonditos en River ya haya entrado en la historia como la noche en que el Indio, anunció el fin de la vida del grupo sobre los escenarios. Molesto como nunca se lo pudo ver, abandonó su papel de parco líder y la voz de Los Redondos pronunció las palabras que sacudió el clima festivo que se vivía en todo el estadio de River: “Préstenme atención carajo. Acá ha pasado algo muy grave”, dijo. “Entraron un par de hijos de puta, no sé si mandados por alguien o no sé qué, que se cagan en el esfuerzo de esta banda y de los 80000 pibes que vinieron hoy a vernos. Hay varios lastimados…así que consideren ésta como una de las últimas noches que tocamos. No estamos de ánimo y sólo vamos a concluir este show por respeto. Parece que todo el esfuerzo de la prensa que quiso ubicarnos en un ghetto dio resultado”. Todo esto lo dijo promediando el concierto, luego de que él y el resto de la banda se retiraran del escenario tras enterarse de los desgraciados hechos que sucedían en el campo. Un grupo de personas había entrado inexplicablemente con armas blancas y en el medio de esa multitud humana que fue durante las dos noches el campo de juego, comenzaron a apretar gente. Hubo cuchillos y heridos. Por eso el enojo del Indio y la decisión de concluir el show antes de lo planeado. Pero luego de 25 minutos de incertidumbre, la banda regresó y el Indio dijo lo que dijo y el show continuó, aunque desde ese momento el cantante lució sumamente irritado por la situación. A tal punto que hacia el final pronunció categórico: “Es muy difícil cantar banderas en mi corazón (por juguetes perdidos) cuando han pasado estas cosas”.

La primera fecha de Los Redonditos en River había empezado diez minutos después de las 8 de la noche con ese fabuloso riff que abre “El pibe de los astilleros” en manos del enorme Skay Beilinson. Luego le siguió “Un ángel para tu soledad” y nada hacía prever que las cosas se complicarían. Al tiempo que desde el escenario sonaba “El árbol del gran bonete” en el campo comenzaron las corridas y desde las tribunas no se hizo esperar la opinión generalizada: “Que boludos que son/que boludos que son/no parecen redondos/la puta madre que los parió”, cantaban las bandas. Hacia los bises, “Ya nadie va a escuchar tu remera” antecedió a la clásica despedida con una versión de “Jijiji” que entrará en la historia de los hitos ricoteros.

A las 6 de la tarde del domingo 16, a 2 horas del momento anunciado para el inicio de la segunda presentación de Los Redondos en River, el Monumental lucía como para satisfacer ampliamente las expectativas de cualquier promotor de conciertos internacionales. Incluso con algunos blancos en las plateas y en el campo, el estadio ardía y desde ese instante en que comenzaba a anochecer y hasta el comienzo del show redondo, los cantitos no cesaron ni un instante. Para los fieles de la religión ricotera, la actitud de las bandas no les habrá causado sorpresa alguna. En cambio, los que tuvieron su bautismo en River, pudieron comprobar que todo lo que se decía y se dice de un concierto de Los Redondos es cierto: una experiencia única, que no admite comparaciones de ningún tipo tanto en el país como en otras latitudes.

Media hora más tarde de las 20, las luces del Monumental se apagaron. Esta vez el primer tema fue “Un ángel para tu soledad” y el Indio pareció reconciliarse con la noche anterior al grito de “Bienvenidos al guetto”. Entonces Los Redondos comenzaron con su segundo show en River y esta vez las cosas serían distintas. Parados sobre un escenario impecable, en el cuál no se podía ni adivinar ni un cable, rodeado de pantallas y gobernado por un sistema ubicado por encima de ellos, al mejor estilo U2, el ambiente creado allí por Los Redondos se pareció mucho al que utilizó Soda Stéreo en el mismo lugar para despedirse, hace casi tres años. Claro que las imágenes diseñadas por Rocambole que mostraron las pantallas contrastaron con las elegidas por Cerati y compañía. La lista de temas del domingo sufrió algunos cambios en cuanto al repertorio elegido para el sábado. Además de cambiar el tema con el cual abrieron el concierto, casi todo el resto del concierto perteneció a lo producido por el grupo en los 90. Al ya citado “Ángel de la soledad” le siguió “Queso ruso”, “Alien Duce”, “El pogo del payaso asesino” (el primer gran momento de la noche) y “Las increíbles andanzas del Capitán Buscapina en Cybersiberia”.

Antes del intervalo (o como quiera que se llame cuando se van más o menos por diez minutos), “Motorpsico” llegó a representar a la vieja guardia. Luego tocaron “El pibe de los astilleros” (ese riff…) y se fueron por primera vez. Otros de los cambios en cuanto a la presentación del sábado, fue la incorporación de luces colocadas una en cada extremo del campo de juego que iluminaron buena parte de lo que es el césped del Monumental y que no se apagaron en ningún momento. También quedaron encendidas las colocadas debajo de la popular y que alumbran el ingreso el campo. Ambas, fueron imposiciones de la fiscalía que intervino en el recital a raíz de los incidentes del sábado.

De regreso al escenario, el show siguió su curso (con mejor sonido que durante el primer tramo) con “Ladrón de mi cerebro” y “Mi perro dinamita”, que movilizó el primer gran pogo y se prolongó un poco más porque al temas más conocido de La mosca y la sopa le siguió “Ñam fri frufi fali fru” con la filosa guitarra de Skay comandando la escena y el estribillo a cargo del público. El bloque dedicado a “las minitas” (Indio dixit) llegó con “Caña seca y un membrillo” y “La hija del fletero”, dos historias de amor para que las chicas se emocionaran. En “Estás frito angelito” volvieron a visitar Ultimo bondi a Finisterre, donde demostraron la capacidad de la banda para incorporar nuevos sonidos y texturas no sólo en sus discos sino también en sus conciertos, pero enseguida dejaron las máquinas de lado y se despacharon con una impactante versión de “Nuestro amo juega al esclavo”. Fue emocionante oír cantar a 70 mil personas “violencia es mentir”.

La segunda parte se esfumó con otro pico de emotividad: “Juguetes perdidos”, que incluyó el ya clásico rito de las bengalas y las cientos de banderas que llegaron a Nuñez desde varios lugares del país. A diferencia de la noche del sábado, ésta vez el Indio habrá sentido placer al cantar este himno, tal vez una de las mejores canciones compuestas por la dupla Solari-Beilinson. Por lo menos, así se lo pudo ver desde las pantallas gigantes en el momento exacto en que dejaba por segunda vez el escenario. El regreso se produjo con “Blues de la artillería”, “Vamos las bandas” y se volvieron a ir luego de tocar “Esto es to to todo amigos” que con sus climas tecnos calmó los ánimos levantados por “Vamos las bandas”.

El final se acercaba y a nadie le quedaban dudas. “Preso en mi ciudad” abrió el último capítulo de Los Redondos en River. Casi pegado y mientras sonaba una coda a cargo del público encararon la recta final con “Ya nadie va a escuchar tu remera”. Y como en toda misa, nadie desconoce el orden de los ritos: “Jijiji”, sería, una vez más, el tema encargado de cerrar este show histórico. Pero antes, en una de las pocas palabras que pronunció a lo largo de toda la noche, el Indio anunció: “Vamos a hacer lo que han dado en llamar el pogo mas grande del mundo”.Entonces, la noche de cristal que se hace añicos, sonó con todas las luces del estadio encendidas y el pogo más grande del mundo se puso en marcha haciendo palidecer al que provocaron en ese mismo estadio y en diez oportunidades el “I can´t get no satisfaction” de Los Stones. Hubo que estar allí para darle crédito a las palabras del Indio. Fue una versión impactante de “Jijiji” acompañada por la euforia de un público que, tal vez, presintió algún final anunciado entre dientes. Las miles de personas que estuvieron allí, no olvidarán por algún tiempo el temblor de todo el estadio Monumental y los que estaban en las tribunas difícilmente vuelvan a ver un océano de gente tan impresionante como el que se juntó en el campo de juego.”Gracias. Tengan cuidado”, dijo el cantante de la banda de rock más grande del país y se fue por un rincón del escenario. El resto del grupo tiraba púas de guitarra y palillos de batería. La gente pedía otra. Por los parlantes ya sonaba música clásica. Había que regresar al otro circo.

¿EL ULTIMO CONCIERTO?

Durante el recital del sábado y conmocionado por los disturbios que se produjeron en pleno campo de juego, el cantante de Los Redondos asumió por primera vez la intención del grupo de abandonar los escenarios. Cuando, con la autoridad de un líder, el Indio se paró frente a la multitud y pidió que le prestaran atención, fue increíble como 70 mil personas obedecieron y un pesado silencio se hizo presente en el Monumental.”Préstenme atención carajo. Acá ha pasado algo muy grave”, dijo para referirse a lo que estaba ocurriendo ahí nomás, a pocos metros del escenario. Y luego aprovecho para confesar una idea que quizás estuvo dando vueltas en los planes de la banda desde hace un tiempo.”Consideren esta como una de las últimas noches que tocamos”, anunció. La actitud beatle de no tocar más en vivo y convertirse en una banda de estudios no fue confirmada por nadie aunque en una de las ultimas entrevistas que brindaron, el Indio veía con agrado dedicarse a ser una banda, según sus palabras, con un montaje más cinematográfico (por el trabajo en los estudios de grabación) que teatral (por la puesta en escena de un show en vivo). Sin embargo, es un hecho la edición de un nuevo disco para este año en el 1que se prevé que profundizarán la línea trazada en Ultimo bondi a Finisterre. Y todo hace pensar que, con el disco, en la calle, la presentación en vivo del nuevo material no demorará en producirse. Otros de los rumores que circularon durante el fin de semana hablaban de un supuesto disco en vivo que la banda estaría registrando en River. Teniendo en cuenta los pobres resultados del álbum En directo, no es demasiado ilógico suponer un nuevo registro en vivo que documenten dos shows inolvidables. Una cosa si es segura: si Los Redondos no vuelven a tocar, es inimaginable las dimensiones mitológicas que tomarán con los años los conciertos en River.

LOS REDONDOS ¡QUÉ NIVEL!

En 1993 Los Redondos tocaron con incorporaciones técnicas que utilizaban por primera vez. Los shows fueron en el estadio de Huracán, y además de varios músicos invitados (Las Blacanblues y Gabriel Jolivet, entre otros), usaron un gran escenario, pantallas de videos y una sorprendente puesta de luces. Aquel primer paso destinado a perfeccionar el diseño de un gran show de rock, encontró en River su momento más acabado en la historia del grupo platense. De más está decir que fueron los shows más concurridos de Los Redondos e impusieron una nueva marca de convocatoria en el rock nacional. Por otro lado, los recursos técnicos utilizados fueron propios de los de cualquier show internacional que a menudo llegan al estadio de Nuñez. Se utilizaron 200 mil watts de potencia de sonido que fueron sostenidos por tres grúas gigantescas. El sistema de sonido (que por momentos fue un tanto deficiente) fue ubicado por encima del escenario en lugar de las clásicas columnas a los costados del mismo. El mangrullo en el que habitualmente se ubican los controles de luces y sonido en el centro del campo esta vez se colocó a un costado (en una suerte de carpa) con el fin de no obstruir la visión desde la popular. El tan comentado operativo de seguridad requirió los servicios de 1200 policías y 800 personas de una compañía de seguridad privada. El arreglo con CIE-Rock &Pop, según Daniel Grimbank, sólo incluyó el sub-alquiler del estadio que el empresario tiene en calidad de exclusividad. Por el arrendamiento de la cancha, el club recibió unos 450 mil dólares. Además, Grimbank les alquiló el cubre campo, un elemento con el que no cuenta ninguna productora de espectáculos en el país. Cuando a las 11 de la noche del domingo 16 terminó el último show de Los Redondos en River, técnicos y ayudantes comenzaron a desarmar todo. El lunes, los millonarios le ganaron a Gimnasia de Jujuy por la 10° fecha del torneo Clausura.

BANDERAS EN LOS CORAZONES:

Algunas imágenes inolvidables producidas alrededor del fin de semana más célebre de lo que va del año.

· La dedicatoria a Walter (“que está en la platea alta”) en “Juguetes perdidos” en el show del sábado.

· El riff de Skay en “El pibe de los astilleros”.

· La cancha de River. Llena como nunca se la vio en un show de rock.

· Las banderas que poblaron las tribunas del Monumental.

· La ceremonia de bengalas y banderas en el tema “Juguetes perdidos”, sobre todo el domingo. Pura emoción.

· Las versiones de “Preso en mi ciudad”, “Ya nadie va a escuchar tu remera” y “Jijiji”. Demoledoras.

· El coro que acompañó a, entre otros, estos versos irrepetibles: “Un último secuestro no, el de tu estado de ánimo, no”, “Violencia es mentir” y “Si el sueño llega tan mal que te condena”.

· La dedicatoria del Indio, el domingo (a las minitas) en los fabulosos “Caña seca y un membrillo” y “La hija del fletero”.

· El “bienvenidos al circo” con que el Indio comenzó el show del domingo.

· El saxo de Sergio Dawi.

· Cómo sonaron las canciones del último disco, sobre todo “Pogo”, “Alien Duce”, “Capitán Buscapina” y “Esto es to to todo amigos”. Clase maestra sobre cómo utilizar las máquinas en una banda de rock.

· La retirada final de la banda del escenario, obviando prolongadas despedidas y empalagosos agradecimientos.

· El baile desenfrenado que desataron “Mi perro dinamita” y “Ñam fri frufi fali fru”.

· El pogo más grande del mundo.

EL LARGO CAMINO A RIVER:

“En una época me decían que habían visto a Los Redondos en la Esquina del Sol y yo les contestaba que en La Esquina del Sol no había tantos bebés”, así resume el propio Indio Solari una trayectoria que abarca tres décadas y tres generaciones de público. Como cualquier banda de rock en sus inicios, Los Redondos hicieron toda la primaria del rock en boliches mínimos y pubs en los que no cabía más de un centenar de personas. Aquellos son los boliches que hoy el Indio extraña, pero que difícilmente pueda volver a tocar al frente de Los Redonditos. En los 80 se llamaron Stud Free Pub, Palladium, Cemento y el ya nombrado La Esquina del Sol. Antes de finalizar la década tomaron pos asalto el estadio de Obras Sanitarias, tal vez el mejor lugar de Buenos Aires para ver una banda de rock. En el 91 los salpicó la muerte de Walter Bulacio, detenido en las afueras de Obras durante un show redondo, y ya no volverían a tocar en el estadio de Av. Del Libertador. En esos momentos iniciaron una búsqueda de nuevos lugares para tocar en la Capital como Autopista Center, el micro estadio de Racing y el Centro Municipal de Exposiciones. Hasta que en 1993 se atrevieron por primera vez a un estadio de fútbol y llenaron durante dos noches la cancha de Huracán. La ceremonia se repetiría bajo la misma escenografía pero un año más tarde. Los disturbios ocurridos en esas presentaciones aceleraron la idea de abandonar los shows en Capital y decidieron profundizar sus, por entonces, esporádicas escapadas al interior del país. Así, entre 1995 y 1998 tocaron en ciudades como Concordia, San Carlos, Mar del Plata y Villa María provocando un fenómeno de convocatoria que llamaría la atención de la televisión y otros medios, hasta el momento ajeno a Patricio Rey. En 1997, en Olavarría, el intendente de la ciudad suspendió un show horas antes de su inicio. La medida forzó la primera conferencia de prensa del grupo, en la cual explicaron su posición ante la ordenanza municipal que les prohibió actuar en la ciudad.

En diciembre del 98 se acercaron a la Capital con dos shows en la cancha de Racing de Avellaneda en la presentación de Ultimo bondi a Finisterre. El 19 y 20 de junio de 1999 tocaron en Mar del Plata realizando, según los presentes, uno de los mejores shows del grupo en toda su historia. Además, los incidentes fuera del estadio tomaron relevancia nacional. Esos fueron los últimos conciertos antes de presentarse en el escenario más grande que jamás hayan pisado Los Redondos en más de 20 años de carrera: el de River Plate.

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