«La cultura es más relevante que la política» 

Reportaje a Skay.

Autor: Córdoba net, 4 de junio de 2006. Por Germán Arrascaeta

Es una observación recurrente e inevitable de repetir. Cuando se saca la vincha y descuelga su guitarra, Skay Beilinson es lo que se dice un tipo de lo más simple.

Sentado frente a un cortado, y apurando un cigarro antes que  peguen la calco “ambiente libre de humo”, la figura del ex guitarrista de Los Redondos dista años luz de ser la de una estrella de rock.

Así, cultivando el perfil bajísimo que se le hace notar, lo primero que hará será reivindicar el modo en que Bob Dylan se maneja siendo una celebridad. “El tipo llegó a Buenos Aires para tocar con los Stones y, no bien pisó Ezeiza, lo primero que hizo fue tomarse un taxi. Y a River entró caminando, entre la gente”, rememora.

Pero aun no haciendo nada de ruido, no se puede perder de vista que este músico fue parte del grupo de rock más convocante y que aquí, en Córdoba, ostenta el récord de asistencia de público a un espectáculo musical con entrada paga. Entonces se le pide un fundamento para el fenómeno, una respuesta al cómo pasaron los Redondos de las 200 personas de “Oktubre del ’87” en la ex Asociación Española a las 42 mil que presenciaron el último concierto, en agosto de 2001. Y Skay arriesga: “Fue tan complejo que no tengo una respuesta clara. La gente se fue acercando por diferentes motivos. Algunos por la estética; otros, atraídos por la cultura de la independencia, y muchos también por efecto del contagio y la curiosidad. La gente nos eligió como bandera”.

Para algunos entre la multitud, no sólo la independencia entra entre los valores que se agitaron en esa bandera. También está la vida en comunidad, los mensajes cifrados, la sonoridad  y la certeza de que estos tipos tenían “la data”. Por caso, siempre se destacó que Skay estuvo en el Mayo Francés.

Por ello se anima a comparar aquel intento revolucionario con las revueltas parisinas de hoy. “Es el Primer Mundo y siempre estará latente la situación de los marginados, de los desclasados. Sin embargo, hay una gran diferencia: en aquél momento se apostaba al desarrollo de una nueva cultura, se proponía un cambio en la manera  de vivir. Y en las últimas revueltas se está buscando reinsertarse en el sistema”, expresa. “Antes la cuestión era romper todos los moldes: abolir las clases sociales, generar nuevos modos de relacionarse. Y así surgieron el hippismo, la vida en comunidad, la imaginación al poder”, completa.

Y volviste al país con toda esa experiencia para comunicar.
Yo era chico, tenía 16 años, así que no sé si resulté un portavoz. En realidad, el cambio se estaba produciendo a nivel mundial. Por primera vez hubo “conciencia generacional”.

Era algo que estaba flotando en el aire. Cuando volví, me encontré con la gente de La Cofradía de La Flor Solar y casi no tenían información de lo que pasaba allá. Sin embargo, sus inquietudes eran las mismas. Hacían una música propia, con personalidad. Cantaban en español cosas que nos pasaban… La década del ‘60 se caracterizó por eso: a un nivel inconsciente surgió la necesidad de revolucionar al mundo.

Skay completa el cuadro de situación apelando a “la teoría de los campos morfogenéticos, de Rupert Sheldrake”. “Plantea algo así como que nuestra conciencia puede percibir al instante algo y, en ese mismo instante, influir sobre cualquier parte del universo –apunta–. «Algo de eso pasó en aquél momento. La década del ‘60 fue fuerte en ese sentido. En definitiva, no volví con un marco conceptual. En todos lados se sabía eso de que la vida era un desperdicio si se le hacía la venia a todos los mandamientos sociales”.

¿Creés que los pibes de hoy tienen el mismo ímpetu?
De alguna manera, existe una avidez por querer participar de un fenómeno más amplio. La industria de la música tendió a uniformizar todo y sacarle un poco de contenido, lo que no quiere decir que los pibes estén vacíos. Lo que hicimos en Cosquín (se refiere a la primer noche), por ejemplo. Eso no estuvo planteado como un recital sino como un encuentro. Hubo mucho interés por ver qué estaba pasando con otro tipo de expresión. Hay pibes intentando buscarle la vuelta al quilombo que es el mundo.

¿Sentís una responsabilidad social ante ellos?
La siento en la medida que observo una realidad: uno está en un lugar donde hay expectativa de mucha gente sobre lo que hacés. Pero no me siento un mesías. Lo mejor que sé hacer es música, y el compromiso se agota en expresarla de la mejor manera que puedo. Quiero brindarla en un marco adecuado para que pueda resultar un estímulo. Más allá de eso, no tengo nada que decir. No quiero subirme a un púlpito y decir cómo se debería encarar todo esto.

Ese es el deber de la política.
Pero desde la política no van a existir respuestas para solucionar los cuestionamientos profundos del ser humano. Sobre todo desde que se la concibe como un instrumento para llegar y perpetuarse en el poder. La política no da respuestas al verdadero drama existencial de una persona. Creo que la cultura tiene más relevancia.

Con Los Redondos, aunque de modo implícito, alentaron eso de que cambie uno para que cambie todo.
Es que es así. Porque el mundo está en conflicto. Tener la ambición de que el mundo cambie para que repercuta en uno…

Conservador, no dogmático
Cuando el rumbo de los Redondos tomó un giro sombrío y tecno (Último bondi a Finisterre, Momo sampler), siempre se especuló que era el Indio quien llevaba la expresión para ese lado, mientras que Skay preservaba el pulso rockero. Para el guitarrista, este modo maniqueísta no es el adecuado para abordar a Los Redondos. Sin embargo…

¿Cómo sos en un estudio de grabación?
Para mí, hacer un disco es una tarea distinta a la que se supone es el directo. Tengo una idea sobre adónde quiero ir. Pero el estudio significa borrar y dar de nuevo. Al tema lo redescubrís en el estudio. La producción la llevo yo, creo en mi visión. Es más difícil querer explicarle a otro lo que uno mismo quiere. Eso sí, trato de mantener una relación fluida con el técnico.

¿No sos muy adepto al mouse?
Para nada. No tengo computadora, no la sé manejar. Esta nueva tecnología, la del Pro Tool, ayuda mucho a agilizar la grabación, lo asumo. No soy un dogmático, tengo respeto por las nuevas tecnologías.

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