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La entrevista que no encontraba final 

La Voz del Interior tuvo la oportunidad de dialogar de manera exclusiva con los cerebros de la banda, y comprobar en directo cuánto de verdad y de mentira hay en lo que se escribe y se dice sobre ellos. No fue fácil. Hubo que aceptar algunas condiciones, como que no se tomaran fotos. El resultado: un diálogo que dura más de dos horas.

Autor: Diario LA VOZ DEL INTERIOR (Córdoba). Domingo 22 de Julio de 2001

La Voz del Interior tuvo la oportunidad de dialogar de manera exclusiva con los cerebros de la banda, y comprobar en directo cuánto de verdad y de mentira hay en lo que se escribe y se dice sobre ellos. No fue fácil. Hubo que aceptar algunas condiciones, como que no se tomaran fotos. El resultado: un diálogo que dura más de dos horas.

La entrevista a las “cabezas parlantes” de los Redondos se realizó en la casa que Poli y Skay habitan en Palermo Viejo. Un barrio que, hoy, es un hit inmobiliario, donde los nuevos modistos y los importadores de imaginería asiática montaron sus respectivos locales.

A la zona, se le dice “Palermo sensible” o “el Soho porteño”. Cuando se camina por allí, cerca de la plaza Serrano, nada parece referir a la estética de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El equilibrio entre la nostalgia típicamente porteña de los adoquines y la aplicación en casas señoriales del diseño arquitectónico de avanzada, contrastan con la estética de la desigualdad que encierran los planteos de Solari.

La cita era a las 20 del martes 17, pero el cronista llega a la zona casi una hora antes. En Capital Federal, un cálculo erróneo puede derivar en tardanza. O en todo lo contrario, como en este caso. Había que hacer tiempo y un bar rústico aparecía como la mejor opción para revisar el cuestionario. Allí, la bohemia sale cara: una lata de cerveza transnacional cuesta cinco pesos. El error ya está cometido y el tiempo que resta paso rápido. Finalmente, el cronista llega a la casa de Poli y Skay cinco minutos antes de lo previsto. Recibe Poli y pide tiempo porque aún no ha terminado un plenario entre ingenieros y agentes estéticos (entre ellos, el dibujante Rocambole).

Se extingue ese tiempo y llega Solari minutos después, sin sus habituales gafas negras y con la indignación a flor de piel. Dice que acaba de ver una cola de desocupados en la calle, y aunque Skay le aclara que son devotos de San Cayetano, el “Indio” sigue caliente.
Los saludos entre los involucrados en la factoría “redonda” es muy afectuoso. Deja la impresión de que, entre ellos, se ven lo justo y necesario. Saluda y empieza a decir cosas interesantes para ser publicadas. Se le sugiere, entonces, empezar a grabar. “Apretá el REC si querés, total sos vos el que va a tener que ordenar este quilombo”, dice.

El Indio no para de despotricar: “Hay cierta obscenidad en estar tomando un buen vino y, de repente, mirás el noticiero, ves lo que pasa y se te pianta un lagrimón. A mí, me da bastante impotencia… La propia cultura rock no es lo que era, no tiene la significación que antes tenía”.

Entretanto, Poli baja un full de bebidas blancas en la mesa ratona. Pone licor de chocolate, vodka y whisky. Y hielo. Solari elige whisky. Se sirve él mismo sin dejar de hablar. Empieza por política y termina reivindicando a Barenboim: “un judío progresista que interpretó a Wagner, un germanófilo, en Israel”. En el medio hubo de todo. Hasta la sensación de que, hablando, se puede llegar al infinito.

MUNDO REDONDO
¿Los Redondos mantienen intacta su influencia social?
La cultura rock determina actitudes a nivel estético y posee cierta inercia. Pero no tiene el poder, ni es un agente de cambio. Uno que ha vivido esta cultura, nota que hay otra manera de vivir la vida. Tal vez sea posible influenciar a través de una canción, pero es muy relativo. No hay una cohesión, no hay militancia. Se acabó la aventura de la curiosidad, de no dejarse avasallar. Hoy, está todo muy atomizado. Esa misma diversidad es lo que hace impracticable todos los planteos políticos y sociales de las izquierdas.

¿Hay alternativas?
Fijate lo que pasa en este momento. Cuando el Estado es reemplazado por los mercados, no podés hacer una revolución y bajar a degollar a la Casa Blanca o a la Casa Rosada. Porque hay un tipo, un tal “Chupete” de la Rúa, que dice: “Yo sólo trabajo acá, hago lo que puedo”. No hay muchas posibilidades en el mundo: o sos Cuba o parte de la globalización”.

¿Cuáles son las consecuencias en la vida diaria?
Todo esto se vive con cierta impotencia, preocupación. La pugna que hay en este momento no tiene la homogeneidad de una batalla ideológica. Estalla en el pibe que se afana la recaudación de un taxi, se escapa y lo matan; o el que toma rehenes. Ya no hay una multitud bajando a la Casa Rosada con máuseres, ni una ideología que avale esa actitud.

Antes dijo que era obsceno disfrutar los placeres de la vida ante tanta miseria. ¿Por qué?
Uno es bohemio y burgués. No me formé en la austeridad. Cuando no tenía dinero, no pagaba mis cuentas para comprarme un buen vino. Eso hace que, en el momento en que las cosas te van bien, te tomás un buen vino o un buen whisky. En circunstancias como las actuales, lo padezco. Hay como un fuera de escena de los actos de uno, porque la mayoría de la gente mira el paquete de fideos para ver si es más baratito…

No todo el mundo se sensibiliza por esa situación…
Hay gente, por supuesto, que no le importa un carajo, pero si uno tiene una pobre sensibilidad nomás, se te hace difícil disfrutar de la vida.

El ÉXITO Y SUS FACTURAS
Ese cruce entre un pasado bohemio y un presente voluptuoso da pie a un debate arduo. Muchos acusan a Los Redondos de sostener una estética de la marginalidad desde el bienestar.

¿Todavía les pasan factura por ser exitosos?
Esto se trata de soportar presiones, todo el tiempo. Incluso, en lugares donde hay gente que debería estar informada, se habla al pedo. Este verano, en el programa de Pergolini, pero sin él, los muchachos del reemplazo estaban hablando de… ¿cómo se llama ese pibe de River que se fue a Europa?

Aimar
Sí, de Aimar. Comentaban que el pibe no da reportajes. De pronto, uno dice: “Me hace acordar a los Redonditos, que dan notas sólo cuando les conviene”. Eso es así. No damos reportajes fuera del anuncio de lo que estamos por hacer, sea tocar o grabar un álbum. No tenemos otra cosa que decir. Más allá de que puedo hacerlo en las canciones y en actitudes que he mantenido a través del tiempo.

SOMOS MEJORES MÚSICOS QUE ANTES
Si de algo se jactan los Redondos es de tener un proyecto. “No sólo tocamos la guitarrita, trabajamos en una idea que se fortalece”, dice Solari. Acepta que veces se equivocan y les va peor que otras. También afirma que no viven la contradicción de que las cosas les vayan bien mientras a los demás les va mal. Y cierra el tema con una frase justa: “Hacemos canciones que a la gente les gustan y las compra. Más genuino que eso, imposible”.

La conversación llega naturalmente hacia el tema que más entusiasma a Los Redondos: su propia música. No hay que ser un profeta para pronosticar que las canciones de Los Redondos nunca volverán a ser lo que fueron a fines de los ‘80.

Los retazos de alegría que surgían de sus “rockitos”, perdieron en proporción con canciones oscuras, dantescas, que dominan la escena desde el disco Luzbelito. Momo sampler, no hizo más que confirmar esa tendencia. Solari cuenta: “Un artista rioplatense nos tiró unos ‘cuetazos’ diciendo que nos habíamos apropiado del carnaval. Y no fue así. Sólo usamos su concepto. En Finisterre usé para el sobre interno cuestiones de la tauromaquia, y acá presentamos las canciones con saludos, retiradas…”

¿Fue difícil trasladar un disco concebido a partir de estructuras electrónicas a situación de banda de rock?
Solari: No es muy complejo el proceso. En nuestros archivos, hay lugar para música más aventurera. Este proyecto tiene, de alguna manera, una característica propia, integrantes, límites. Ahora estoy interesado en la música fractal, que no tiene que ver con la estructura de la canción, que tiene un tiempo ininterrumpido, otros intereses.

De “Luzbelito” a esta parte, la banda se volvió mucho más sombría. ¿A qué se debe?
Solari: En general uno intenta hacer una pintura, un reflejo, una resonancia de lo que ve y lo que siente. Seamos sinceros, cuando veo mi adolescencia, y reviso la sensación de que el aire era gratis, percibo que todo cambió, no digo para mal, porque no soy un nostálgico. En esa época, más allá de las violencias, había ideales, se creía en cosas. Independientemente de eso…, uno no puede hacer música para adolescentes toda la vida.

CUESTIÓN DE EDAD
¿Cuáles son las diferencias entre una música adolescente y una adulta?
Solari: Cuando joven, uno hace una música explosiva, vasodilatadora… Además, Skay y yo somos mejores músicos que antes. Aprendimos escritura, sabemos de armonía. Eso hace que la música sea compleja. No son las canciones elementales que hacíamos al principio, que son muy frescas, pero que hoy en día no reflejarían nuestros intereses. Se juntan las dos cosas: uno empieza a hacer una música más seria, no sé cómo decirlo…

Poly: Más acorde a estos tiempos.

Solari: Más acorde con lo que a uno le va pasando. Al ser compleja, tiene este tinte sombrío al que apuntás. No es un plan, empiezan a salir las canciones y punto. Nos gusta la música con cierta tensión. La lírica tampoco está diciendo “viva la pachanga” ni “bajate que te la meto”.

Skay: Luzbelito es un disco con mayoría de temas oscuros, pero esta tipología la venimos recreando desde el primero. Recordá “Criminal mambo”. Ahora cambiaron las proporciones.

Solari: No hay rockitos fáciles. Hay que entender que la gente crece y que aprende muchas cosas y los géneros terminan siendo chalecos que te quedan cortos para jugar con lo que te está motivando. La cumbia villera, por ejemplo…

¿Cumbia villera?
Es un emergente genuino que está en pañales. Su complejidad es cero. Tiene la representatividad de un guetto. No es una cultura, es una moda. Como lo fue el punk en su momento.

ROCK ES CULTURA
Ustedes, en el acto espontáneo y cotidiano de escuchar música, ¿todavía encuentran excitante al rock?
A veces, la gente se olvida la edad que tenemos. Nunca tuvimos una formación cerrada de la cultura rock. Y en La Plata, de donde somos, la consigna no era escuchar sólo rock. Es más, la cultura rock de la nueva izquierda y de las experiencias psicodélicas estuvo animada por la curiosidad y el deseo de incorporar cosas.

¿Y qué piensan de lo estrictamente musical?
Cuando hablamos de rock, hablamos de la cultura, no del género musical. Los géneros musicales son modas y duran un tiempo. Si la moda permanece 40 años, se puede hablar de una cultura, porque evolucionó, fue modificándose, se fagocitó otros subgéneros. Ahora, está empezando a haber una fractura, lógica, porque todo imperio dura un tiempo determinado, aunque tiene cierta inercia…

Pero esa cultura, ¿no pesa demasiado como tradición musical?
Los rockers de la cultura, y no del género, no somos conservadores. La tradición es el gobierno de los muertos. Para los rockers de la cultura, los cambios que exceden el marco sonoro en el que nos formamos, son bienvenidos. Noto más conservadores a los chicos jóvenes, para los que el rock es una moda fogoneada por MTV.

SIEMPRE HAY QUIENES APROVECHAN PARA HACER LÍO
La violencia es un estigma de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Ya consagrados como grupo de arrastre masivo, los enfrentamientos entre sus seguidores y la policía volvieron habituales las crónicas sobre corridas en los estadios y desmanes callejeros.

Walter Bulacio, erigido en mártir de la resistencia suburbana, se convirtió en una víctima emblemática del peligro del rock. Cada vez que se anuncia un concierto, vuelve a surgir su fantasma. Pero el grupo tiene una posición firme sobre el tema. Sostiene que no alienta la violencia y que debe lidiar contra los prejuicios de la prensa.

“Nuestro drama –apunta Poli– es que el temor que irradian los medios se ha convertido en un extra. Eso hace mucho más engorroso el trabajo. Lo cierto es que nuestras producciones son perfectas”. Solari añade: “Y por eso estamos vivos. Si hubiésemos hechos las cagadas que uno conoce de otras organizaciones, hubiésemos sido boleta hace rato”.

Pero la violencia no puede ser sólo paranoia, hubo incidentes concretos.
Solari: Cuando vos metés 120 mil personas en un fin de semana, en medio de esta situación económica, es difícil. Más allá de los que tienen algún interés político en hacer lío, están los arrebatadores. Sobre 120 mil, los arrebatadores no son dos, sino 300. Y 300 cascoteando a la cana, arman un quilombo. Terrible. Pero los 59.300 que fueron al concierto están adentro, todo bien.

MALES ENDÉMICOS
¿Piensan que hay oportunistas del desorden?
Poli: Siempre hay algunos que aprovechan la situación para hacer lío. Cuando viajamos, en cada lugar está el temor de la gente que viaja desde varios lugares. Esa gente invierte su plata en el pasaje, la estadía y la entrada. Y está predispuesta a vivir el show. Es la que menos lío hace.

Solari: Como lo que pasó en Mar del Plata. Por televisión se veía como que la ciudad estaba en llamas y era sólo una cuadra.

Poli: Y los 10 minutos que duraron los incidentes, lo pasaron un millar de veces.

Solari: Además, de ahí salían tipos con un ventilux. ¿Vos pensás que un boludo se va a venir con un ventilux desde Mar del Plata hasta acá? Son los de la villa que viven ahí, en la periferia de la ciudad. Dicen: “Bueno, este fin de semana vienen 15 mil personas, en el tumulto rompemos algo, gritamos ‘lo redó, lo redó’ y nos robamos una licuadora, cualquier cosa”. Es lo mismo que pasa en las manifestaciones, en las marchas de lo que carajo fuere.

Poli: El otro día fueron a tirarle huevos en el casamiento de la hija de Cavallo, y se robaron la pollería del lado.

Solari: El problema fue, además, que los manifestantes no discriminaron demasiado. Y los novios del turno posterior también ligaron algunos huevitos (risas). Ese es un clásico de las manifestaciones. Suponete que nos agenciaran que las letras dicen algo, ¿querés un postulado más lejano a la violencia que el de Greenpeace? Pero ahí van los 30 o 40, que pueden ser canas, chorros, de Quebracho…, cualquiera puede ser. Y se ponen un pasamontañas y afanan las cosas. Y los vigilantes miran para otro lado porque ganan 300 pesos. Hoy en día es así. Uno se hace cargo o no.

Poli: En los festejos de Boca asaltaron todo el centro.

¿La solución sería no tocar en público?
Solari: Sí, la otra opción, es la parálisis. Y eso no es posible. Cualquier cosa es mejor que la parálisis social. Hay que correr con la tribulación y con el riesgo. Esperemos que la gente no sea demasiado estricta en nuestro caso, que somos una producción independiente. Es mucho más fácil romperle las pelotas a alguien que no tiene una corporación detrás. En recitales de otros grupos, ha habido muertos de los que nadie se enteró.

Poli: Dicen que en River murió gente. No fue así.

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2018-11-12T22:39:24+00:0022 julio, 2001|Categories: Entrevistas a Los Redondos, Momo Sampler|Tags: |

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