La Maga versus Los Redondos

Una de las bandas más populares del rock argentino, atraviesa, después de 18 años de existencia, un presente accidentado, que incluye la suspensión de recitales programados para los pasados 15 y el 16, y los graves disturbios ocurridos este mes.

Autor: Revista LA MAGA – 20/05/1992. DANIEL RIERA / FERNANDO SÁNCHEZ

LA MAGA VS. LOS REDONDOS 

UNA LÍNEA… Y OTRA LÍNEA… Y OTRA LÍNEA MÁS…

La historia de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. 

Desde el comienzo de todo en el pequeño teatro Lozano de La Plata, hasta el Estadio Obras, desde la producción independiente hasta la distribución masiva, el crecimiento de los Redondos trajo consigo la fidelidad militante de miles de personas dispuestas a seguirlos a todas partes. La banda que lidera el cantante Carlos Indio Solari, desde adentro, y su manager Poly, desde afuera, se convirtió en un fenómeno que excede el simple hecho musical y que ha desencadenado profundas modificaciones en la relación que el grupo mantiene con su entorno.

El primer disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se editó en 1985 y se llamó Gulp. Fue grabado en los estudios Wormo de la familia Vitale (Lito participó como tecladista invitado) y se distribuyó de manera independiente: de mano en mano y por medio de amigos grupo, sin ninguna empresa intermediaria entre la banda y su público. Antes de Gulp, los registros de Los Redonditos se limitaban a grabaciones informales de ensayos y actuaciones en vivo, y a un demo con temas viejos como Un tal Brigitte Bardot y Nene nena, que sus fanáticos seguidores hicieron circular. Por entonces, todas las actuaciones del grupo eran grabadas por un amigo llamado Osvaldo, que con un pequeño equipo se encargaba de registrar todos los shows. Se supone que muchos de los casetes piratas que hoy alimentan el gran mercado paralelo de grabaciones de la banda surgieron de aquellas cintas. Así, el conjunto acumuló casi diez años de experiencia antes de llegar a su primer LP.

Plagada de leyendas y versiones, la historia del grupo estuvo relacionada con el mito, protagonizado por dos figuras que nada tienen que ver con los música (Patricio Rey: personaje mítico que según los integrantes del grupo encarna el verdadero espíritu de la banda y la Negra Poly manager, pero eufemísticamente llamada “guía espiritual” de la banda). Los principios del grupo se remontan al año 1974 en La Plata, donde los Redonditos iniciaron, junto a algunos antiguos miembros en La Cofradía de la Flor Solar, un recorrido que los llevó a Salta, Chaco, Valeria del Mar, y otra vez a La Plata. Nada estaba organizado, y los integrantes se unían y separaban alternativamente sin mayores compromisos, pero con tres personas básicas alrededor de las cuales giraba todo el movimiento: Poly, aglutinante y organizadora de cada presentación del grupo: el guitarrista Skay Beilinson y el cantante Carlos Indio Solari. El teatro platense Lozano fue uno de los lugares que lanzaron al circuito de shows a la banda, que con el tiempo fue incorporando elementos a sus presentaciones mientras cambiaba constantemente a sus músicos. Un amigo del grupo, Sergio Mufercho Martínez, tuvo alguna vez la idea de cocinar bocaditos de ricota que se comenzaron a repartir en las actuaciones y motivaron el nombre de Redonditos. En 1978 el grupo conoció a Enrique Symns, quien se unió para decir algunos de sus monólogos -debutó en el teatro Margarita Xírgu con uno titulado Las Pelotas de Patricio Rey. En esa época se incorporaron las Baybiscuits que integraban, entre otras, Viviana Tellas y Fabiana Cantilo; Horacio Fontova; algunos de los integrantes de Sumo como Luca Prodan -con quien la banda tocó en alguna oportunidad e incluso intercambió canciones-, el Ballet Ricotero compuesto por chicas que a veces llegaban a desnudarse sobre el escenario, efectos especiales con gallinas y, tal como ellos decían, “mucha locura linda, mucho desparpajo” que a veces terminaba con los artistas en las comisarías.
Una de las actuaciones citadas como debut es la que incluyó al Ballet Ricotero en el teatro Arte y Música en La Plata en 1977. Desde entonces, los shows se multiplicaron y fueron creando un público fiel e incondicional, que crecía pese a que la banda tenía la costumbre de presentarse muy de vez en vez, lo cual generaba muchísima expectativa entre sus seguidores. Una de las razones por las cuales el grupo podía actuar esporádicamente era netamente económica: Skay Beilinson proviene de una familia muy acomodada de La Plata, situación que le permitió sobrevivir sin necesidad de ganar dinero con sus shows y que además le facilitó el acceso a música extranjera que conocía a través de sus viajes por los Estados Unidos y Europa.

Por Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota pasaron muchos músicos que estuvieron en el grupo hasta principios de los 80, como los guitarristas Jean Gabriel Jolivet, Rodolfo Gorosito, Beto Verne, el saxofonista Gonzo Palacios, entre muchos otros, hasta que en 1984 se formó un grupo estable con el cual Patricio Rey registró Gulp en 1985 y Oktubre, su segundo disco, en 1986. Para entonces, la banda había crecido y ya recorría con éxito el circuito de pubs y teatros de la Capital como Cemento, Parakultural, Bambalinas, El Depósito y Palladium, donde el grupo hizo la presentación formal de Oktubre. La independencia de la banda se mantenía en la producción y distribución de sus discos y también en la organización de sus recitales, todo coordinado por Poly. Varias veces el empresario Daniel Grinbank les ofreció producir sus presentaciones e incluso grabar para su sello DG, y hasta Charly García se propuso como su productor. El grupo siempre resistió las presiones y prefirió mantener el control de todos sus asuntos. Cuando Oktubre logró un suceso masivo y las cuentas comenzaron a abultarse un poco, tres músicos se abrieron del grupo por estar en desacuerdo con el modo en que se repartía tanto el dinero como los créditos en la autoría de los temas, que siempre firmaban Beilinson-Solari. Willy Crook (saxo). Piojo Abalos (batería) y Tito Fargo D’aviero (guitarra) se alejaron de la banda. La masividad de Patricio Rey creció al punto de quedarle chico todo lugar donde se presentaba. El público, que en principio era casi treintañero, se renovó gracias a la difusión radial, y al llegar el tercer LP, Un baión para el ojo idiota, la fama ya era muy grande. Los medios -algunos desde principios de los 80, cuando no eran muy conocidos, y otros subidos al creciente prestigio del grupo- se dedicaron a elogiar casi devotamente a Los Redondos, como se los comenzó a llamar. Pero muchos de sus más fervorosos seguidores se sintieron defraudados cuando -luego de muchísimas declaraciones en las que el enarboló su independencia y proclamó que nunca tocaría en “la Meca del rock comercial” que para ellos era el estadio Obras Sanitarias-, alquilaron precisamente el estadio Obras para presentar su cuarto disco, Bang! Bang! estás liquidado. A partir de allí se generó una polémica más principista que práctica entre los que privilegiaban las viejas posturas independentistas y sin transas y los que sostenían que la cantidad de gente convocada por el grupo excedía peligrosamente la capacidad de los recintos más chicos. Bang! Bang!… no se produjo de modo independiente: se grabó en los estudios Del Cielito y se comercializó por medio de Distribuidora Belgrano, una de las empresas locales más importantes en su rubro.

A partir del contrato con esta empresa la situación cambió y también se modificó la audiencia de Patricio Rey y su relación con ella. En 1991 llegó el quinto disco, La mosca y la sopa, y una masividad que derivó en problemas sin ninguna relación con la música.

CADA VEZ MÁS DIFÍCIL…

El grupo del Indio Solari y Skay Beilinson no pudo actuar el fin de semana en el Colegio Sagrado Corazón de Florencio Varela. A la banda de rock más popular de la Argentina cada vez le resulta más difícil organizar sus recitales.
Este mes no resultó propicio para los seguidores de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Mucha gente que pagó sus entradas para verlos en Lanús primero y en Florencio Varela, después, no pudo hacerlo en ninguno de los dos casos: en Lanús, porque una violenta represión policial tornó aventurado el intento de entrar; en Florencio Varela, porque los recitales se suspendieron en medio de circunstancias confusas. El grupo del Indio Solari atraviesa una crisis profunda que incluye lo artístico pero que también abarca sus relaciones con el público, con la prensa y basta con sus propios amigos.
El viernes 15 y el sábado 16 de mayo, la banda de rockanroll debía tocar en el Colegio del Sagrado Corazón de Florencio Varela. El Centro de Discapacitados de esa ciudad -al cual Los Redondos iban a donar el 4% de la recaudación, rotulando así el concierto como un programa benéfico- canceló el pedido de autorización a la municipalidad, argumentando que “el marco de seguridad en cuanto a vigilancia e infraestructura no era suficiente y que el espacio físico era apto sólo para 3.800 personas (sumando los dos días) y no para la cantidad de entradas a la venta, que eran 9.000”.
El viernes 1º, el sábado 2 y el domingo 3 de mayo, Los Redondos tocaron en el Microestadio de Lanús. Durante los tres días, en las puertas del lugar hubo gases lacrimógenos. corridas y detenciones: nueve jóvenes -algunos de los cuales no sabían que había un recital- permanecieron detenidos en la Comisaría Y de Lanús. acusados de “patoterisrno”. La manager del grupo, Poly (Carmen Castro, son su nombre y apellido verdaderos), se limitó a decir que la responsabilidad con respecto a los incidentes esta vez no tuvo nada que ver con la banda, ya que actuó contratada por un empresario que alquiló las instalaciones y que es quien habitualmente debe encargarse de la vigilancia.
El viernes lº, mientras en la puerta del Microestadio de Lanús las corridas del público y de la policía convertían el lugar en un sitio peligroso, adentro del local el grupo comenzó puntualmente su show, desentendiéndose de lo que sucedía afuera. Poly aseguró que nunca se pusieron en venta más entradas que las que en verdad podía recibir el micro estadio y que todo fue por culpa de las entradas falsificadas con fotocopias color. Lo cierto es que cuando Los Redondos iban por su octavo tema, la cola de gente que aún no había entrado y que tenía su localidad en la mano llegaba a las dos cuadras.
Días después Poly acusó de no tener “aguante” a un periodista de este medio que le comentó que no pudo entrar en el concierto del viernes. En medio de la desigual batalla, algunos de los jóvenes que luchaban con piedras contra los policías gritaban: “Mataron a un redondo, lo vamos a vengar”. En verdad, parte del público de la banda siente que tiene una cuenta pendiente con la policía desde la muerte de Walter Bulacio el año pasado después de que fue detenido en la puerta del estadio Obras Sanitarias el 19 de abril de 1991 mientras esperaba para entrar en el recital del grupo.
Cuando los abogados María del Carmen Verdú y Daniel Stragá -representantes de la familia Bulacio- iniciaron el juicio contra el comisario Miguel Ángel Espósito, constataron que el personal de la Comisaría 35º que produjo la razzia en la puerta de Obras había sido contratado en carácter de “guardia adicional”, por Poly, con instrucciones precisas de dispersar a quienes se reunieran en la puerta del estadio. Después de la muerte de Bulacio, sus compañeros de colegio, entidades universitarias, secundarias y de derechos humanos organizaron una serie de marchas exigiendo justicia. Poly y Skay concurrieron a la primera de ellas y no volvieron a participar, ofendidos “porque nos pidieron autógrafos”, como se encargaron de proclamar. Los Redondos se negaron a tocar en un festival por el esclarecimiento del caso y se pelearon con varios de sus viejos amigos y con los periodistas que les reclamaron una posición clara al respecto.
“A los chicos les gusta ir en cana para sentirse protagonistas”, dijo Poly. “Espero el dictamen de la Justicia”, dijo Solari. “No queremos televisar nuestro dolor”, dijo Solari. “Creemos en las bandas, no en las instituciones”, le dijo Poly a un dirigente de la FUBA (Federación Universitaria de Buenos Aires) que la invitó a sumarse a la organización de las marchas.
Desde entonces, el grupo -que siempre guardó celosamente, por mínimo que fuera, cada artículo que hablara de ellos- comenzó a concebir a los periodistas como sus potenciales enemigos, y concedió notas de modo más que esporádico, acentuando una costumbre tradicional en ellos. Como ya lo habían hecho en el 89 con Carlos Polimeni (por entonces en el diario Sur), insultaron públicamente a Enrique Symns (Cerdos y peces), Ricardo Ragendorfer (El tajo) y Eduardo Berti (Página/12).
Molestos porque la editorial AC preparaba un libro sobre ellos, a fines del 91 dijeron a través de Solari, durante un recital en Obras: “Hay unos perejiles que quieren ganar guita a costa nuestra, haciendo un librito con la historia de Los Redondos. No tiren la guita, no les compren a esos perejiles”. Días antes de ese recital, Poly le comunicó lo que iban a decir a la directora de la editorial, Aviva Catz, y Skay intentó amablemente disuadirla de que publicara el libro.
Varios días después, la señora Catz se cruzó en una librería con Solari, quien admitió haber cometido un error en el exabrupto, pero acusó a Berti, editor periodístico de AC de “mala leche” para con la banda. En verdad, lo que les molesta a Los Redonditos y muy especialmente a Poly es quedar afuera del negocio. El libro en cuestión se titula Los Redondos y trabajaron en él Enrique Symns, Marcelo Panozzo, Marcelo Fernández Bitar, Martín Pérez, Daniel Curto, Luis Chitarroni, Carlos Polimeni y Horacio González. Ni los músicos ni Poly objetaron en ningún momento el contenido del libro -que desconocen- sino su realización. Es el primer producto acerca de Los Redonditos y sobre el que no pueden ejercer ningún tipo de control.
“No traten de encontrarme/ no salgo ya a ninguna parte /me gusta caminar por mi mansión”, cantan los Ratones Paranoicos en Ya morí, una canción inequívocamente dedicada a Solari. Efectivamente, el Indio Solari pasa la mayor parte de su tiempo en su casa de Flores y jamás atiende el teléfono, tarea que reserva a su esposa, Virginia, o al contestador automático. Infinidad de veces, el grupo estuvo a punto de separarse porque Solari temía que “sino hay producción y reproducción de la dinámica creativa, se puede ir todo a la mierda”. Algo de eso sucede ahora: La mosca y la sopa es el más débil de todos los trabajos del grupo y evidencia un notorio estancamiento creativo.
Los recitales de Los Redonditos dependen, en buena medida, del lugar donde se realicen. Después de seis años con la formación actual (Solari en voz, Skay en guitarra, Semilla Bucciarelli en bajo, Sergio Dawi en saxo, y Walter Sidotti en batería), mientras hay buen sonido, la banda suena impecablemente. Su público, cada vez mayor, lo sabe y responde masivamente a cada convocatoria. Cuando tocaron en Obras por primera vez. Poly admitió a un redactor de esta revista que fueron “demasiado tercos”. Y aclaró: “Tocábamos en lugares muy chicos y se armaba quilombo. Ahora, hasta la Bombonera no paramos”. Sin embargo, al margen de un recital para 20.000 personas en la cancha de hockey de Obras el 28 de diciembre de 1989, Los Redonditos de Ricota jamás actuaron en un estadio abierto, como sí lo hicieron otras bandas con menor público, como Rata Blanca y Attaque 77. Tocaron en el Autopista Center, un inmenso garaje donde amontonaron 8.000 personas por función, y donde -a causa de la pésima acústica y la escasa altura del escenario- no se vio nada ni se oyó nada.
Las razones por las cuales tocaron en ese galpón, tiempo después dirían que fue un error, son sencillamente económicas: el Autopista Center tiene un costo fijo, equivalente a la mitad del monto que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota debería abonar en concepto de porcentaje por entrada vendida en Obras Sanitarias. Si se descuentan todos los gastos (luces, sonido. Sadaic, alquiler, seguridad, fletes, etc.), se descubre que, grosso modo, el grupo gana alrededor de 50.000 dólares por cada recital en Obras, y alrededor de 90.000 por cada presentación en el Autopista Center. Entre los miembros de la banda, la plana mayor (Poly, Skay, Solari) se reparte los mayores porcentajes en concepto de ganancias de los shows, derechos de autor y de los regalías de los discos. Bucciarelli, Sidotti y Dawi, en cambio, perciben remuneraciones fijas por show.
Nadie sabe muy bien cómo encarar el fenómeno de masas en el cual se ha convertido lo que empezó siendo apenas una buena banda de rock. Lo cierto es que desde la época de la dictadura militar no volvieron a ocurrir incidentes en los recitales de rock como los que se producen durante las actuaciones de Los Redondos. Cada vez son más los jóvenes que, además de ver el show están dispuestos a pelearse por el grupo, enarbolándolo como una especie de bandera de resistencia anti sistema. Del mismo modo, la policía concurre mal predispuesta a los conciertos de la banda y la considera -de acuerdo con declaraciones de varios agentes como “una entidad subversiva que incita a la violencia”. Ante esta situación peligrosa, el grupo, como otras veces, opta por el silencio.
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