«La música ha salvado mi vida»

El guitarrista de los Redondos de Ricota muestra «Talismán», su segundo CD solista. Acá habla de su búsqueda espiritual, de cómo está su relación con el Indio Solari y de por qué no participa en festivales como el Quilmes Rock. Y dice que no, que por ahora los Redondos no vuelven.

Autor: Diario Clarín, 23 de octubre de 2004. Por Mariano del Mazo

Delicada, Poli deja una bandeja de masas secas y una jarra de café sobre la mesada ubicada frente al equipo de música y desaparece por el jardín. Un rato antes estaba mostrando su nueva mascota: una pequeña tortuga terrestre. Con cartones, la tapa de un frasco a modo de un estanque en miniatura, piedras, pasto cortado, lechuga y zanahoria, Poli construyó un ecosistema para el animal. ¿Por qué no la deja libre en el jardín? «Porque puede ser agredida por los pájaros —dice, misteriosa-, acá vienen pájaros grandes y temo por los picotazos».

La primavera estalla ahí, donde los temerarios pájaros acostumbran bajar cuando cae la tarde. Poli se pierde entre esos árboles. Antes pregunta: «¿En serio no querés una cerveza?». Poli Castro es la leal compañera de Skay Beilinson desde hace casi 40 años y la pata organizativa de ese fenómeno descomunal que fueron Patricio Rey y los Redonditos de Ricota. Ahora, mientras el ambiente del rock espera con ansiedad el enigmático debut solista del Indio Solari (está previsto para noviembre), Skay pone sobre la mesa Talismán. su segundo disco.

«Vení, vamos a escucharlo», invita. El arte de tapa corresponde, como siempre, al artista plástico platense Rocambole: una caja y un sobre interno con dibujos inspirados en las letras, en clave de comic. Skay se hunde en el sillón, enciende un rubio y manda play desde el control. Lo primero que se escucha es una guitarra tocando un boogie y una voz de caverna: «Cerró sus ojos para no ver / tapó su boca para no hablar / apretó los puños por no gritar / guardó los sueños en el placard».

Como en el anterior, A través del mar de los Sargazos (2002), el guitarrista continúa la línea ricotera en cuanto a lo musical y, también, en las letras.

¿Cómo te sentiste todo este tiempo como solista?
Feliz. Estoy muy contento con la banda, hay un feeling muy especial. Además me siento más maduro musicalmente, más firme y seguro con la voz. Tengo confianza al cantar y al escribir las letras. Igual, con la cuestión de las letras, cuento con mi compañera la Negra Poli que me ayuda a redondear ideas.

Lo que sorprende ahí es cómo compartís la cosmovisión de la lírica del Indio Solari.
Es casi como inevitable. Si bien yo nunca escribí las letras de Los Redondos, aprendí a ver cómo el Indio las escribía. Para mí, el Indio escribe muy bien. Si bien yo soy otra persona y tengo otro universo de palabras, posiblemente tengamos algo en común. Ahora que debo hacerme cargo de las letras, estoy mucho más atento: anoto frases, observo.

En tus conciertos hay un cantito que se impone entre la gente, ese que dice: «Sólo te pido que se vuelvan a juntar…» ¿Qué sentís?
Y… yo no soy melancólico. Tengo 52 años y miro para adelante. Ese cantito… bueno, es el deseo de la gente. No sé si ocurrirá en algún momento. Por ahora no. Y yo no lo extraño.

¿Se vieron en este tiempo?
No, hace dos años que no nos vemos. Nuestro vínculo siempre fue de cariño y amistad, pero estaba sustentado sobre todo en el hacer. Y ahora él está haciendo sus cosas y yo las mías, cada uno por su lado. Punto. El cariño sigue intacto.

Prácticamente coinciden la salida de los dos discos…
Y también sale el de Sergio Dawi, que tocó con nosotros. Hay una irrupción de Patricio Rey en este final del 2004.

¿Pensás que se debe a algo en particular?
No, no. Mirá: la nostalgia es una trampa. Hay que tener cuidado porque se corre el peligro de perderse la novedad. Yo creo que artísticamente lo mío es muy rico. Es medio ridículo que la gente esté esperando una reunión de Skay con el Indio: se están perdiendo mi viaje y el del Indio que, por otra parte, estoy seguro que va a sacar un disco muy bueno.

Skay muestra un leve fastidio al hablar de los Redondos. Lo dejará claro con una frase inconclusa: «Lo comprendo. Sé que es inevitable hablar del pasado pero…». El equipo sigue avanzando con Talismán (ver recuadro) y entre tema y tema se conversa. De asuntos puntuales y no tanto. La calidez del Flaco (como lo suele llamar Poli) se impone a cualquier queja. El modo de hablar de Skay es sereno, e incluye un breve tartamudeo que recuerda a Jorge Luis Borges. Justamente se cita a Borges cuando el guitarrista habla sobre la obsesiva manía de corregir permanentemente las canciones que compone. Borges decía que publicar es la única manera de dejar de corregir. «A mí me pasa algo similar».

Cuenta que fuma demasiado y que, hasta hace poco, salía a correr. «Para mí es importante la actividad física, pero ahora me jodí la rodilla, asi que sólo puedo salir a caminar». De todos modos, afirma y subraya: «Mi momento es sensacional. La vez pasada escuché que los mayas decían que cada 52 años el ser humano cumple un ciclo completo, que se mueren las células, nacen otras y se inicia un ciclo nuevo. Debe ser cierto. Tengo 52 años y siento que estoy entero, enamorado de la vida».

¿Cómo es este ciclo nuevo?
Tiene que ver con rescatar el placer de hacer cosas y de tener almas dispuestas a compartirlas. Uno no es un ente abstracto. Hay momentos en que la alegría se desvanece y hay que ver qué ocurre. Yo recuperé mi viaje.

¿Por qué le pusiste «Talismán» al disco?
Creo que la música es un talismán, un talismán muy poderoso. La música ha salvado mi vida. Es una gran cosa poder armar una banda, ensayar y salir a tocar. Conozco brillantes músicos que no se han podido desarrollar.

¿Vos cómo lo lograste?
No es fácil. Yo pude conciliar siempre lo que es el mundo espiritual y el mundo exterior. Armar una banda es complicado. Era complicado cuando armé los Redondos y es complicado ahora. Trabajás con personas y cada persona tiene sus propios rayes. Yo con lecturas le pude dar rienda suelta a cierta cosa espiritual. No me gusta hablar mucho de esto, pero digamos que es como encontrar tu propia melodía. Y eso repercute en todo.

Cuando se le pregunta por guitarristas, recita: «Jimi Hendrix, Chuck Berry, Keith Richards, David Gilmour y Jimmy Page». Confiesa que no sabe escribir música, que se siente un instrumentista limitado y que tuvo la capacidad de hacer»de defecto, virtud. Lo que llaman estilo»

Acaba de terminar el Quilmes Rock… ¿Por qué no participás de ese tipo de festivales?
No me gustan los festivales. A mí me interesa organizar mis propios recitales, disponer de mi tiempo para la prueba el sonido, para armar el escenario… En los festivales ese tiempo lo maneja otro. Sigo la vieja consigna ricotera.

Skay sonríe una vez más. Habla de amigos caídos, de búsquedas místicas, de su hermano Guillermo, de la prosa de Enrique Symns, de la película Sabiduría garantizada de la alemana Doris Dörrie y del disco del Indio Solari.

¿Te lo manda o lo vas a comprar?
Lo voy a comprar.

CERO NOSTALGIA.
«HAY QUE TENER CUIDADO CON LA NOSTALGIA, PORQUE ES UNA TRAMPA. SE CORRE EL PELIGRO DE PERDERSE LA NOVEDAD. YO CREO QUE LO MIO ARTISTICAMENTE ES MUY RICO. ES RIDICULO QUE LA GENTE ESPERE UNA REUNION DE SKAY CON EL INDIO: SE ESTAN PERDIENDO EL PRESENTE».

ROCK AND ROLL, VALS, BLUES Y MELODíAS GALLEGAS

Talismán es el segundo disco solista de Skay y lo grabó con la banda con la que estuvo tocando estos dos años: Oscar Reyna en guitarra, Javier Lecumberry en teclados, Claudio Quartero en bajo y Daniel Colombres en batería. Lo va a presentar oficialmente el 14 de diciembre en un estadio más que significativo en la historia de los Redonditos: el de Excursionistas. Allí, en el Festival Pan Caliente, en 1982 los Redondos de Ricota dieron su único recital en horario diurno.

La mayoría de los temas ya fueron presentados en vivo a lo largo de este año. Estilísticamente el disco es una suerte de continuación de A través del mar de los Sargazos, esto es, material con inequívoca impronta y filosofía ricotera. Hay mucho rock (Golem de Paternal, ¿Dónde estás?, Paria, El gourmet del infierno —imposible no pensar en El infierno está encantador—, y ese seguro hit que es La ley del embudo), un hermoso vals (Presagio, con la participación de la soprano Eva Faludi), acercamientos celtas (Dragones, una festiva melodía gallega que se entrama con ritmos circenses), un blues (Boggart blues, con letra del periodista Claudio Kleiman) y algunas buenas canciones como la acusticona Bye bye.

Muchas de las letras no desatienden un realismo casi de noticiero: Lluvia sobre Bagdad comienza con un sonido de citar, finaliza con bombas y dice: «…Vio su cara, su cabeza rodar por el suelo». Flores secas es, directamente, un tango con ritmo de rock: «Callejón, viejo callejón (…) Tus veredas de suburbio son de tierra, callejón. / Por las noches sos testigo de mis sueños, callejón / En tus muros crecen flores, callejón.

Más allá de la declaración generacional y rocker de Abalorios, hay varias canciones que, según Skay, hablan de «la búsqueda interior, de la necesidad filosófica de encontrarse». El disco tiene saludablemente más preguntas que respuestas. Las más angustiosas se pueden rastrear en ¿Dónde estás?: «… ¿Cómo serán tus ojos? ¿Cómo será que suena tu voz? / Es tan presente tu ausencia / Sigo buscándote, buscándome / ¿Quién sos? ¿Quién sos? ¿Dónde estás?.

El envoltorio del disco es una coqueta, elegante cajita cuadrada. Una especie de medalla. Un talismán. «Abalorios», con un aire a The Police, esta canción es casi una síntesis de la mirada que hoy tiene el guitarrista sobre la cultura rock. Participante del Mayo Francés, agitador artístico del under platense en los 60 y los 70, Skay es un sobreviviente de aquellas experiencias. «El rock, la cultura rock, irrumpió en la vida cotidiana del mundo de una manera que, en aquel tiempo, era insospechable. Si pensamos en los grandes sueños, sí fue un fracaso. Pero en la vida cotidiana, no. Y en algunos temas como la ecología o la necesidad de encontrar espacios alternativos para solucionar los quilombos, tampoco. En lo que respecta a mí, personalmente, el rock me torció la vida. Me modificó la manera de expresarme, de relacionarme con los demás, las lecturas… Todo.»

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