La noche de Skay y los Fakires en Estudiantes

El histórico guitarrista tocó con su banda por primera vez en Santa Rosa.

El calendario de los productores locales no es el mismo que el del bolsillo del rockero, y seguramente esa es la explicación para que la histórica noche del viernes en el Club Estudiantes no tuviera el marco esperado y merecido para el debut de la guitarra de los Redondos en Santa Rosa.

Con un show de otros peso pesado como La Renga en la ciudad dentro de apenas 7 días, muchos se vieron obligados a elegir entre un show y otro en estos días de billeteras flacas. Y fue una lástima porque el millar de almas que en el gimnasio de la calle Moreno disfrutaron de Skay y su banda contarán que fueron testigos de una noche de aquellas…

Skay Beilinson y sus Fakires estaban por primera vez a La Pampa, con la excusa de un nuevo disco en la calle (aunque en definitiva sólo tocaron dos temas) y con la mística ricotera siempre flotando.

Inevitable es comparar el bagaje musical de Skay con el de su excompañero en los Redondos. Mientras el Indio contuvo desde su voz y su lírica la mística de la misa ricotera, un mito alimentado con presentaciones esporádicas y palabras calculadas, Skay eligió salir a la ruta casi continuamente con canciones directas en escenarios chicos o medianos para que la sombra de Patricio Rey termine siendo citada solamente tres veces en su show.

“Lluvia sobre Bagdad” fue la canción que abrió la noche en Santa Rosa y se le pegó “Arriba el telón”. Una banda ajustada (que lo acompaña desde hace años), un sonido que se fue acomodando con el pasar de los primeros temas, y el perfil flaco que entre un tema y otro sonríe detrás de sus lentes oscuros pero que cuando toca y canta se contorsiona como si fuera una figura más de esas canciones que parecen recortadas de una versión rockera de “Las mil y una noches”.

Tras el saludo de rigor a los “peregrinos”, soltó “Arcano XIV”, “Aves migratorias”, “Dónde estás”, “Suelo chamán” y “Falenas en celo” para después dar paso al primer temblor: el riff de “El pibe de los astilleros” sacudió el Coliseo Celeste cantado a medias con la gente.

“Oda a la sin nombre” cerró la primera parte de la noche y vino un descanso de diez minutos que Skay interrumpió solo con su guitarra acústica. Sonó “Boggart blues” y una versión casi desnuda de “El infierno está encantador esta noche”.

El resto de los músicos (Oscar Reyna en guitarra, Claudio Quartero en bajo, Javier Lecumberry en teclados y “Topo” Espíndola en batería) volvieron para que Santa Rosa probara por vez primera los efectos del pogo más grande del mundo: sonó “Jijiji”, el himno que los Redondos ubicaban generalmente como gran final en sus shows pero que Skay elige usarlo como el ecuador de los suyos.

De allí en más fueron todas canciones de sus discos, una decisión que funciona como silenciosa declaración de principios para dejar en claro que en su vida post-Redondos no vivirá para el eterno homenaje.

Después de “El redentor secreto”, llegó el estreno en vivo de “Cáscara”, canción que abre “El engranaje de cristal”, su disco más reciente. Luego pasaron “Tal vez mañana”, “Ya lo sabés”, “Flores secas”, “Astrolabio” y el falso final con “El golem de Paternal”.

Tras otro descanso, volvieron para los bises con “Egotrip” (otro de los nuevos) y dos potentes versiones de “Lejos de casa” y “El sueño del jinete”.

Así se fue la noche en que la histórica guitarra de los Redondos tocó por primera vez en Santa Rosa: un atado de canciones que en manos de Skay y sus Fakires toman vuelo propio.

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