Los Redondos, los perdedores y el estado de ánimo

El fenómeno que significa los Redonditos como movimiento cultural y social es algo que merece ser analizado porque no sucede a menudo. De hecho son el único ejemplo en esto que se llama Rock Nacional. Un estudio sobre la relación entre las bandas y los Redondos, pero desde el punto de alguien que forma parte de esas bandas de este informe. Suficientemente rico y contundente decidimos publicarlo en su totalidad, pero en dos ediciones. Aquí está la primera.

Autor: Revista Pelo, nro. 508. Diciembre de 2001. Por Pulga Pavlovich. Fotos Daniela Botinelli

“Nosotros, los perdedores, no podemos decir mucho. Nuestras denuncias no se escuchan entre tanto ruido. Nuestros gritos son tantos y tan largos que forman parte del paisaje como algo natural”.

Esta frase, tomada del folleto de una obra de teatro, muestra el estado de ánimo con el que nos toca mover en estos tiempos.

Estamos inmersos en una sociedad depredadora, que socava hasta los sentidos más íntimos y los perdedores encontramos pocos lugares donde refugiarnos. La cultura rock hace años que lucha contra la discriminación, además de ser la encargada de mostrar la disconformidad de jóvenes sobre el mundo que les dejan. Mientras tanto, los medios juegan un papel fundamental. En pos de continuar el show, te ofrecen la guerra contra Afganistan, Tom y Jerry y la muerte de un pibe que había caído en manos de la policía. Todo en la misma cacerola, casi sin discriminación. En esta situación no hay mensaje posible, el medio es el mensaje. Yno de los refugios que encontraron los perdedores es la misa pagana, la fiesta ricotera. Un lugar con características muy particulares, un rincón más que apto para sentirte parte de algo.

“Esa banda inconsolable de perros sin folleto, brujas de alma sencilla, patéticos viajantes.
Pobres tontos, pobres diablos, lunáticos diamantes, prometidos de carne, lánguidos impalpables son mis amantes”
(Buenas noticias, Lobo suelto / Cordero atado, 1993)

Sería tonto aclarar que el público que sigue a los Redondos varió. Desde Desde aquellos tiempos de la Esquina del Sol, lugar al que hubiesen ido todos los que dicen, tendría una capacidad similar al Monumental de Nuñez, hasta hoy, las cosas han cambiado. Los intelectuales y aquellos periodistas “psicobolches” (Indio dixit) hoy no se notan tanto en la multitud. Aquellas primeras copias de Gulp!, el primer disco de la banda, distribuidas a pulmón se transformaron en cientos de miles de ejemplares de Momo Sampler, trabajo con una producción enorme, desde lo musical hasta el arte de tapa (hecho que vienen repitiendo hace varios discos).

La comunión

Para hablar de la relación de los Redondos y las bandas, me resulta más cómodo hablar desde mi grasáceo Montevideo. Y no es que no haya concurrido a los recitales en Argentina. Son simples razones de comodidad, no pregunten tanto, che!!…

En el show de la banda en el Estadio Centenario había gente de todas las edades. Desde estudiantes o profesores que juntaron pesos a peso para pagar la entrada, hasta tipos con alto poder adquisitivo. Además de una gran mezcla de uruguayos y argentinos, algunos llegados en avión y otros que ni siquera sabían como habían llegado.

¿Cómo se produce esa conexión incluso con los sectores más marginados de la sociedad? No es fácil dar una respuesta a esto. Las canciones tienen letras complejas (fueron calificadas hasta de crípticas) y sin embargo son cantadas de principio a fin por pibes de quince añoa y tipos de cincuenta; por intelectuales que vieron el trajinar de la cultura rock y chicos que no terminaron la escuela “(…) el arte es una disolución simbólica de algo entendido estéticamente, es sugestión, misterio y enigma. No es descripción ni enunciado, no son panfletos las canciones”, dice el Indio, tirándonos alguna pista. Hay una especie de intuición por parte de la gente, que permite captar la poesía de los símbolos presentes, fundamentalmente a través de su forma. Esto va más allá del mensaje o del concepto que hay detrás. Es evidente que las letras tienen un contenido vertido por el Indio o Skay, pero cada uno es libre de hacer su viaje. A cada uno le llega “Scaramanzia, cábala de amor virtual / Scaramanzia para un sony samurai” de forma diferente y con un rumbo propio. Pero aún detrás de ello, hay cierta uniformidad que la gente capta y que seguramente tenga que ver con el cuidado del estado de ánimo.

“Negrita yace asustada
la hormiga se le durmió.
-Dios ya no quiere que baile…
me dijo y me sofocó
Vamos Negrita!
baila hasta el fin, hacelo por mí”.
(Caña seca y un membrillo”, Lobo suelto / Cordero atado, 1993)

Esta nota fue realizada sobre la base del trabajo “Vamos las bandas. Una aproximación al fenómeno sociológico de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota”, de Marcos Abella, Marcelo Fernández Pavlovich y Mariana Segovia.

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