Los Redondos sabemos donde tenemos el dolor 

Los Redondos se largaron a hablar de un montón de cosas que han pasado, también de la muerte de Walter, ahora que desapareció de los diarios. La injusticia, la miseria, la marginación, el manejo de los medios y la última placa, que incluye todos estos temas.

Autor: Fuente: Revista 13/20. Puerta abierta del 1 al 7 de noviembre de 1991
¿Por qué tocan tan poco Los Redondos en vivo? 
Indio: La falta de lugares es uno de los problemas, pero no es el único. Además habría que aclarar que Los Redonditos, para tocar en un lugar, tienen requisitos, a partir de las necesidades y de un plan desarrollado que ha establecido la banda.
Este año también han pasado cosas que han determinado ese alejamiento… 
Indio: Sí, este año la exposición en un escenario -llamémosla así- ha sido mucho menor que otras veces por un montón de cosas que han pasado en la intimidad de la banda. Han cosas que han sido revistas y nos ha hecho muy bien el parate, que está vinculado con el relacionamiento íntimo de la banda, donde se dio la grabación del disco nuevo, algunas salidas a tocar afuera (Mar del Plata y Balcarce) y el replanteo de un montón de cosas, como ver también de qué manera estamos siendo enjuiciados.
¿Lo decís por la muerte de Walter Bulacio y todo lo que sucedió a partir de eso? 

Indio: No es el caso de Bulacio en sí, sino el detonante y la resonancia de un hecho trágico. Walter está muerto y de aquí en más nos toca el ejercicio de la memoria a nosotros, los Redondos propiamente dichos. Se acabaron esas dobles y triples páginas sobre el tema y el show televisivo y todo lo que se montó a su alrededor. De acá en adelante somos nosotros los que tendremos que ver dónde ponemos nuestro dolor y saber qué carajo pasó en realidad, por más que el pibe esté muerto y eso ya no podamos remediarlo. El caso desnudó también algunas pequeñas miserias interesadas por parte de amigos en común, gente que en última instancia está protegida ante uno porque tiene un proyecto provocativo de vida y en su hacer, y que si son fieles hasta la última instancia todavía sirven para este ajo, porque uno tiene claro quiénes son sus enemigos, a los que nunca vamos a confundir con los amigos hincha pelotas, que, por más que jodan, nunca van a ser nuestros enemigos.

Ustedes recibieron muchas críticas… 
Indio: Recién hablábamos con la Negra y con Skay sobre estas cosas, y medio en joda llegábamos a la conclusión de que para algunos viejos el negocio hubiese sido quedarse con la placenta y tirar al pibe… porque hay tipos que están en las pequeñas miserias, tipos de mierda que terminan desnaturalizando y quitando todo lo importante que tiene un dolor. Eso era un dolor potente e importante socialmente para que hubiera algún tipo de reacción. Ahora, si eso cae en manos de una especie de organización de gente que está full time dedicada a eso, y en términos donde esos organismos han ya aceptado que la manera de describir el dolor es en términos mediáticos, bueno, entonces para el paladar de uno estas cosas se transforman en algo delicado y ahí hay que hacer una pausa, ver donde uno está sentado, porque nosotros no queremos aceptar que la descripción del genuino dolor sea en esos términos. Nosotros no aceptamos jugar ese partido con la pelota que nos propusieron, aparecer dos minutitos diciendo algo que no esclavice. Nos quedamos como cuando te pegan un directo al hígado, pero ahora sí podemos hablar de ese dolor, cuando en los diarios ya no queda ni un pequeño epígrafe. Los Redonditos sabemos dónde tenemos ese dolor y para siempre, pero sin perder en ningún momento la elegancia del espíritu…
Hubo como un juego con el uso de las palabras, hasta les escribían notas críticas utilizando las propias letras de Los Redonditos… 
Indio: Hay cosas que hoy día dicen más que las palabras; hay todo un estilo para defender, si las palabras las usa cualquier papanatas por televisión para decir cualquier verdura. Es muy simple: Yo no sé si es mejor ser trapecista que cajero de un banco, pero si uno quiere hacer piruetas en las alturas… son dos cosas diferentes. Por eso las palabras le sirven a cualquiera y con los mismos términos te pueden decir lo contrario de lo que vos necesitás que te digan. Los Redondos nos referimos durante todos estos años a un estilo, a una manera de ver y sentir las cosas, pero no a certezas. Nosotros estamos en este mundo como está todo el mundo… Pero no tenemos certezas, no podemos, no tenemos elementos para afirmar que sea mejor ser trapecista que cajero de un banco, pero si querés volar por las alturas, eso ya es otro mambo…
Están resumiendo algo así como la esencia de Patricio Rey, el alma de este grupo. 
Poly: Aquí ya habría que hablar del temple, del llamado interior que nos hizo hacer lo que hicimos escuchar ese llamado y respetarlo fue lo que hicimos. Para nosotros hubiese sido más cómodo y hasta más rentable estar ahí adelante y hacer ese juego oportunista que no nos cabe. Siempre estuvimos claros, por eso el retiro, por eso retirarse y hacer caso a lo que uno verdaderamente le está pasando y no dejarse llevar por todo lo que para la banda podría haber sido distinto, lucir de otra manera…
Indio: Sí, ir abrazados en la primera fila con Varela Cid, sacar un disco a los 15 días, hacer una canción… (canta) “pobre Walter, qué sé yo”. Bueno, ése no es nuestro estilo, porque, equivocados o no, en general sabemos dónde tenemos el culo: no digo que sea en el lugar correcto, pero sabemos quiénes somos, sabemos que estamos sentados en nuestro sentimiento, en el respeto que nos tenemos para hacer una canción juntos y que sea verdad.
Poly: Nosotros podemos mirarnos a los ojos tranquilos.
La gente que los sigue les hizo un aguante digno de mención. ¿Es un público tan especial como se dice? 
Indio: Es un poco un privilegio que uno tiene, un permiso especial que nos conceden el resto de Los Redonditos; no sé por qué te lo otorgan, es algo que a uno le ha ido pasando al estar metido en este viaje, al compartir las cosas que nos conmueven.
¿Qué cosas les parece que comparten juntos con el resto de Los Redonditos? 
Indio: Hay una percepción de este ajo… Hay un entendimiento mutuo sobre el horror que nos toca vivir. Los pibes saben que todo se negocia, lo ven a (José Luis) Manzano en la televisión, ven los términos en que todo se negocia y tienen un sentido del horror que compartimos… El horror que vemos padecer a los marginales de siempre, los presos comunes, los locos, las vergüenzas de la condición humana que todos conocemos. Matan a chicos por afanar una pelotudez, el horror es esa concepción según la cuál hay gente que nace mala y salvaje y otra nace buena y rubia… No sé, un pibe que arriesga su vida por 30 lucas, ¿qué le vas a reclamar? Si él a su vida le puso ese precio, la recaudación de un tachero de dos horas… Seamos sinceros: hay gente que se está comiendo los empastes de las muelas en este país… y hay pelotudos que usan la corneta que tienen para contestarle a Sting las boludeces que dijo sobre el rock, y todos repitiendo lo que ya dijo Joe Cocker… Padecemos cosas en común peleando contra este horror.

LA MOSCA Y LA SOPA

¿Toda esa temática está en el nuevo disco, La mosca y la sopa? 
Indio: Hay un texto en La mosca y la sopa que a mí me gusta mucho y que creo refleja todo esto: las mismas cosas que nos pueden estar pasando a un montón de gente y sin que nos demos cuenta. A mí no me gusta explicar las letras que cantamos, pero, si se observa bien, se verá que en estos textos está todo esto de lo que hablamos.
¿Les gustó como quedó el disco? 
Indio: Sí, el disco está buenísimo, me parece que es lo mejor que hemos hecho en los últimos tiempos. Este trabajo no me produjo lo que otros discos, que después los escuchás y pensás que el tambor entró un segundo tarde con respecto a la guitarra, cosas así. Me gustó cómo quedó en general y como canté yo en particular.
¿Ustedes se escuchan después que sale un disco? 
Indio: Yo sí, soy el obsesivo que está escuchando todo el tiempo mientras lo producimos y mientras lo grabamos. Y después también lo escucho.
Skay: Yo no. Una vez que terminamos toda la producción no lo escucho más. Muy rara vez lo puedo hacer, casi nunca. Siempre te pasa que la última vez que lo escuchaste, antes de que salga, te parece que algo quedó colgado, pero con La mosca y la sopa no me pasó: me parece que es el mejor grabado de todos.
Indio: En general, es un proceso que tiene que ver con la marcha de una banda. Yo creo que este disco está mejor grabado y suena mejor que Bang Bang y que ese a su vez era mejor que el tercero, el tercero que el segundo, y así. Ojo que no me refiero a la calidad de las canciones sino a cómo fueron grabadas.
¿Algún tema en especial que haya gustado más que los otros? 
Indio: No, todos me gustaron. Por ahí me gustó como quedó Salando las heridas o cómo salió, la forma en que lo decimos, El pibe de los astilleros; también un rockito tradicional como Mi perro dinamita, que suena de puta madre…
¿Y la presentación?, que tanto están esperando las bandas… 
Poly: Bueno, tiene que ver con lo que decíamos cuando empezamos este reportaje: la falta de lugares para tocar y los requisitos que tienen que tener esos lugares para esta banda… Pero la presentación se hará y de una forma bastante original: iremos por la mayor cantidad de barrios posibles y haremos una presentación múltiple.
 

SALANDO LAS HERIDAS

Ha pasado ya mucho tiempo desde que empezó a juguetear este Patricio Rey, ¿no? 
Poly: Mucho. Somos de la época en que en esta historia no había premios.
Indio: ¿Sabés que en lo que se llama la etapa fundacional del rock argentino nosotros casi no escuchábamos nada de esto? Ni nosotros ni toda la gente que conocíamos en este palo escuchaba nada de lo que se hacía acá, porque estábamos ocupados haciendo esta historia. En todos lados había bandas tocando, pero eso no lo registra la historia oficial del rock, que tiene la visión porteña del rock; había que tocar en la Capital Federal para existir, pero había bandas en La Plata, en Rosario, en el Gran Buenos Aires. Me acuerdo de memorables atardeceres en Punta Lara, con Pinchevsky y Kubero Díaz tocándose todo, cuando una tarde de esas cayó un chico que tocaba el piano: era Charly García.
Y ahora, ¿qué pasa? 
Indio: Esto que pasa ahora, con la manteca de estos días. La experiencia de otras épocas deja cosas para rescatar que hoy tienen correlato en todos lados; a mí no me gusta hacer nombres, pero, por ejemplo, cuando las revistas de rock y pop de estos días reflejan a Jazzy Mel y en ese mismo momento hay una bandita de Laferrere o de Lugano I y II que la está rompiendo, bueno, siempre han pasado estas cosas, porque es una de las características de esta cultura. Dentro de muchos años vamos a ver de quién se acuerdan para reflejar las distintas etapas: así como de aquellos primeros años se recuerda a Almendra y a Manal, y nada de las peores cosas de esta época también se va a recordar lo mejor. Y es ahí es donde tal vez se cuele el ajo de esa bandita de Laferrere. Un poco así es la historia de Patricio Rey; estábamos tan ocupados haciendo y viviendo nuestra historia que un día nos dimos cuenta de que ya estábamos en otra época del viaje. En esta etapa a la que hemos llegado después de poner todo en esto, de hacer las cosas con cojones y corazón, porque a esta altura ya debo aclarar que nadie te regala nada. Skay es lo que es porque toca todo el día, en lugar de hacerse la paja, yo escribo todo el día, y lo mismo los otros tres chicos de la banda (Sergio Dawi, Semilla Bucciarelli y Walter Sidotti), que son una parte fundamental de Los Redonditos. Yo creo que van a quedar esas cosas, la producción de Sumo -fuera de eso que hacían con las máquinas de ritmo, que no me gusta- y también (Charly) García, que no sé si me gusta su música, pero me gusta cómo el tipo se banca su culo… Héctor Sánchez

POR FIN EN CAPITAL 

La presentación en vivo de La mosca y la sopa tendrá lugar en el porteño barrio de Floresta. Será un concierto triple, los días 22, 23 y 24 de noviembre en Autopista Center, Juan Bautista Alberdi 4550. Después de mucho buscar, Los Redondos parecen haber encontrado un lugar donde volver a pisar las tablas de un escenario en la Capital Federal, para alegría de las huestes ricoteras. Por lo demás, no volver a tocar en Obras Sanitarias es ya una decisión tomada, según explicaron al autor de esta nota.

PONIENDO LAS OREJAS

Hay variedad en los gustos musicales del Indio, menos cantidad en los intérpretes que elige Poly y casi nada en la cassetera de Skay. Aquí van los gustos de cada uno: 
Indio: “Yo me despierto y escucho la música de la vida, es decir todo. Desde Edith Piaf y Marlene Dietrich hasta el pop rock de estos días. Escucho de todo, pero están las preferencias del corazón. Con esto del compact disc estoy recuperando toda mi historia de rocanrol, al volver a escuchar a Paul Butterfly; Mick Taylor; John Mayal; Harry Nilsson, que es uno de mis predilectos. También Hendrix, como todo rocker. ¿Sabés que me pasa con Hendrix? Creo que es una de las pocas músicas subversivas que quedan, esa que aún no toleran los vecinos, igual que algunas cosas de Frank Zappa. Pero escucho de todo: grupos punk, tango… por ejemplo, me encanta como cantaba el Tata Floreal Ruiz. Mi preferido de todos es Harry Nilsson, un amigo de Los Beatles, de Lennon más específicamente, a quién acompañó en varias noches de borrachera, un tipo increíble que ha hecho una música muy descomprometida de los charts”.
Poly: “The Cure, mi banda preferida para todos los horarios, pero muy especialmente a la madrugada. También algo de jazz, como Jerry Mulligan, John Coltrane y Charly Parker. También tango, pero siempre, en algún momento del día, The Cure, un grupo formidable que pasa por todos los estadios: la alegría, el bajón, en fin, son alucinantes”.
Skay: “No escucho casi nada, porque toco todo el día. Digamos que cada cuatro meses escucho lo que más me gusta: Jimi Hendrix. También puedo escuchar Stevie Ray Vaughan, los Rolling Stones, Los Beatles, pero es sólo una referencia, porque en realidad no escucho música”.

Gracias Pablo Ponce por las imágenes de la revista!