Luzbelito, un espejo dramático para vernos 

El Indio Solari, Skay y la Negra Poly, el triunvirato generado de los Redonditos de Ricota, la banda que logró a fuerza de independencia jugar en la primera división del rock local y animarse, charló extensamente con La Nación.

Autor: Diario La Nación, 15 de septiembre de 1996. Por Adriana Franco

Una charla a la deriva. Una larga conversación en la que se habló mucho de rock, orgullosos hijos de esta cultura que parimos y que ha dejado marcas. Ideas sueltas, retazos de pensamientos, sin demasiado orden de pregunta y respuesta. Todos, pero sobre todo el Indio, embalados en un pensar que fue de ese día. Hoy, tal vez sea otra cosa. Un devenir donde, a veces, aparecen algunas certezas. Conversación de copas, mesa compartida y noche larga. Estaba Luzbelito, claro, su última producción. Un disco que fue mutando sobre la marcha. Sería primero una suerte de documental, de registro de aquellos temas que la banda hace en vivo, pero que nunca habían grabado. Luego, los temas nuevos fueron captando el entusiasmo. Finalmente quedaron de aquéllos el «Blues de la libertad», un popurrí con «Mariposa Pontiac» y «Rock and roll del país». Lo curioso es que ambos se engancharon con la idea general del álbum.

«Sí, grabamos temas viejos y en el transcurso apareció este nuevo viaje -dice el Indio Solari- . Cuando de movida tenés una especie de idea general, la esclavitud a esa idea te genera un álbum, en este caso, demasiado denso. Entonces hicimos una selección de esos temas que ya teníamos grabados y elegimos los que servían. Por el tipo de tratamiento, grabados en directo, pero también porque se relacionaban con el concepto y daban un pequeño recreo en la densidad del álbum.

«Además, cuando uno ha corrido con la cultura rock, hay cosas que no las sabemos de hoy. Los que estábamos mergullando, los que curioseábamos en esa cultura teníamos una visión diferente del poder y de cómo es este ejercicio de vivir en las postrimerías del siglo XX. Las miradas que uno tiene en este momento no significan que sean de ahora. La cultura rock siempre se caracterizó por sospechar más allá de lo que estaba en tránsito o en juego.» Una cultura que, en este país, dejó más huellas que aquella otra que, en los setenta, buscaba una salida política, violentamente revolucionaria. «Supongo que tiene que ver con ese tipo de información que uno tenía a través de hacer experiencias no ordinarias y de buscar en el tacho de basura de la cultura aquella información que era dejada de lado. Nosotros tenemos la suficiente edad para tener muchos muertos queridos entre los amigos. No sólo por la violencia política sino por el SIDA y por las distintas experiencias hechas. Supongo que había una mirada mucho menos inocente en aquellos que participaban y se untaban en la manteca de la cultura rock. Había al menos una cercanía mayor con aquellas cosas que iban a tejer el futuro. Uno tenía amigos en eso, jugándose la vida por sus ideales, con una honestidad de espíritu absolutamente respetable, pero al rocker siempre le parecía como una lucha antigua, sospechaba que eso no iba a dar una buena cosa.»

De quién son mis deseos de hoy

Para quien escuche el disco no será difícil encontrar el «maridaje» entre «Blues de la libertad» y el resto de la idea que sobrevuela el álbum. Y que se resume en el nombre, «Luzbelito». «El nombre apareció, cronológicamente si querés, en la mitad de algún momento. Primero aparecen las impresiones, aquellas cosas que son tus cuestionamientos. Cuando tenés un montón de cosas que te aquejan sobre las cuales querés recrear tus canciones, llega un punto en que te das cuenta de que no hay muchas otras maneras de llamarlo. Yo entiendo lo que dice Zippo (un personaje que aparece en el disco), que Luzbelito es un espejo dramático. Luzbelito está encarnado en ese lugar donde aquellos que son bien pudientes no van a poder dominar. Porque hay una capacidad de horror de aquel que no tiene mucho que perder, del que su vida vale la recaudación de un taxi. Que nadie en los guetos protegidos tiene. Si el norte de este planeta, de los que tienen el poder, es el ciberespacio, va a quedar fuera una legión. Legión es Luzbelito, legión es el demonio, legión es aquello que convocás desde un lugar que no sabés y no podés controlar porque estás embelesado en esas cosas muy atractivas que tiene este sistema consumista, chucherías atractivas pero en términos de gratificación humana son menores. Y el problema es que escapan a la ecuación ecológica. No hay para todos.»

Nosotros somos sólo una excusa

En el principio fueron los pubs. Cocina hereje de vibraciones, músicas y actuaciones. Poca gente, pero descabelladamente enloquecida, en estos recitales camuflados de fiesta. Epoca de un boca en boca, al que se accedía sólo si uno circulaba por el lugar adecuado en el momento correcto. Luego vinieron los teatros, los Obras, los Huracanes. Ahora es el interior. Los Redondos, empecinados seguidores de una historia a su medida y que no pretenden exportar ni levantar como bandera, plantean que en algún momento tendrán que hacerse cargo de las decenas de miles que pueden convocar en Capital. Pero, por ahora son las provincias, los éxodos redondos. La fiesta. «Todo este tiempo que estamos tocando en el interior es un poco como volver a los pubs, como reflotar aquella dimensión más intimista. En los pubs había presentadores y toda esa especie de troupe medio circense. Hoy ese lugar, ese rol, es lo que están haciendo las bandas, ahí abajo y alrededor», dice Skay.

La Negra Poly muestra entonces las fotos de los últimos recitales en San Carlos. «Ves, es un lugar raro, la banda está rodeada de gente. No están allá lejos, forman como una caverna de gente.» «Es como un gran palomar -agrega el Indio-. Para mí el show de los Redondos es la gente, uno no termina nunca de saber cuál es el rol que cumple. Somos como una excusa.» Y es cierto, los chicos planean el viaje, juntan la plata, llegan con días de anticipación. Se instalan, disfrutan, comparten. La vida. Luego, como broche final está el show de Los Redondos.

«Sí -insiste el Indio-, no somos más que una excusa. Algo que uno no se quiere perder y nosotros tampoco. A mí no me pasó nada más significativo en la vida, más allá de la intimidad que es otro viaje, que estar en ese lugar en donde hay toda esa pasión, con todos esos chicos colgados. Me dan ganas de estar ahí, como pueda a mis años, y si soy bienvenido en ese lugar, mejor para mí. Uno, como decía Floreal Ruiz, nunca sabe por qué lo quiere la gente. Sobre todo si uno sabe las deficiencias que tiene, lo maleta que es, y sin embargo está bendecido y apañado por esto que pasa. Desde algún lugar nosotros tenemos la certeza de que algo, que gracias a Dios desconocemos, ha pasado y que nos ha dado este privilegio de poder hacer esto en estas condiciones envidiables, ser una banda con una producción independiente, sin promociones, sin nada, y que suceda todo esto. Hemos tenido un permiso que no tiene precio y del cual hacemos uso de la mejor manera posible.»

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