Mucho rock y mística ricotera en el show del Indio Solari en Tandil

Desde todos los rincones del país, 50 mil seguidores incondicionales llegaron este fin de semana a la ciudad serrana. Clarín.com estuvo en la previa del show en el que el ex líder de Los Redondos hizo vibrar a la multitud. Salame, queso, cerveza y toda la música del Indio.

Autor: Diario Clarín, 7 de julio de 2008

Algunos eligieron la ruta 2, otros la 3 y una multitud llegó por otras vías desde cada rincón del mapa. El destino: Tandil. El motivo: el show del Indio Solari. En auto, micro, combi, tren, moto o en cualquier otro medio de transporte más de 50 mil seguidores confluyeron en la ciudad de la piedra movediza, en la que se vivió un fin de semana bien ricotero.

El recital duró poco más de dos horas. Pero la fiesta empezó mucho antes. Las estaciones de servicio fueron testigos de la peregrinación que comenzó, en algunos casos, el viernes por la noche. El grueso, no obstante, partió el sábado por la mañana. Ni la niebla logró empañar el viaje.

La picada

Tras varias horas de trajinar, el mate y los bizcochitos ya eran recuerdo en el estómago de los viajeros y el hambre comenzaba a golpear con fuerza. En Tandil, una buena picada se imponía como menú. El almacén de campo «Época de quesos» se vistió de rock. Las tablas de salames y quesos autóctonos y los chops de cerveza invadían las mesas.

«La cantidad de trabajo es equiparable a un fin de semana largo», contó el dueño del local, Rodrigo Gónzalez Inza, que no tuvo respiro al mando de la caja. «Lo que cambia es el público, porque la gran mayoría son chicos jóvenes», agrega y señala que, a pesar de lo que muchos creen, «son muy tranquilos». «Me olvidé de cobrarle a una mesa y vinieron los pibes a traerme la plata», revela.

La previa

Todavía faltaban varias horas para la cita en el hipódromo de la ciudad, lugar elegido para el recital y muchos optaron por ir con las panzas llenas y el corazón contento en busca de la piedra movediza, uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad serrana, situada a 400 kilómetros de la Capital Federal.

A partir de las 18, varias columnas de jóvenes empezaron a poblar las arterias cercanas al predio en el que a las 21.30 los recibiría el Indio. Desde los autos, se escuchaban a todo volumen temas de Los Redondos, la emblemática banda que Solari lideró durante 25 años, antes de encarar su etapa solista. Los que iban a pie, envueltos en banderas, entonaban el clásico: «Oh, vamos los Redó».

Cada kiosco se convirtió en un punto de encuentro para darle paso a «la previa». La rotisería «Los Hermanos», ubicada en la intersección de las avenidas Balbín y Buzón, se preparó para la ocasión. El frente del local parecía blindado. Unas chapas negras lo cubrían casi por completo. Sólo se asomaba un haz de luz por un cuadrado de 40 x 40, contra el que se agolpaban decenas de jóvenes y del que no paraban de salir cervezas.

A su lado, el dueño de la ferretería Buzón, bromeaba con los chicos que esperaban su turno: «Bardahl máxima compresión queda nomás. Ya se tomaron todo». Su comercio, a diferencia del otro, estaba abierto de par en par. Nadie buscaba lubricantes. Más allá, un joven que ya no lograba caminar en senda recta confesaba: «perdí a mis amigos». Preocupado no se lo veía. En cada cuadra iba intentando conseguir nuevos.

Gorro, bandera y… flores

En otra esquina, estaba Jonathan, de 18 años que había llegado como cada sábado para vender ramitos de flores. «Estoy pintado acá», ilustró con sinceridad el estado de su negocio. No obstante, la noche no estaba perdida: dentro de un rato, aunque no tuviera entrada, iría a ver al Indio. «Yo me mando igual», prometió.

A unos metros estaba Néstor, que viajó desde Lanús especialmente para ofrecer gorritos de lana a rayas multicolores por cinco pesos. Su mochila desbordaba de mercadería. La prenda no cuadraba con el atuendo ricotero. El reloj corría y ni él ni Jonathan lograban conquistar compradores. Enfrente, el local blindado se había convertido en una mina de oro.

Pero hubo otros vendedores ambulantes a los que no les fue tan mal, como a Roberto, que de Ezeiza llegó con banderas que otorgaba a cambio de «diez pesitos». Las remeras salían por 25 y, lo más baratito del merchandising eran las calcomanías y vinchas, a dos.

Ricoteros por caballos

El hipódromo empezó a poblarse desde mucho antes de las nueve. Todo campo. Ni una tribuna. Exaltación, ansiedad, alegría. Las boleterías en las que habitualmente se realizan las apuestas a los pingos el sábado se reconvirtieron en despacho de tickets de bebidas, que se retiraban en la barra improvisada debajo del cartel de «cantina».

Lautaro, de siete años, no ocultaba sus ganas de que el Indio saliera ya y tocara Check in- Check out, su tema preferido. Junto a sus papás, Fernando y Patricia, de 36, habían llegado temprano de Villa Tesei. No era su primer recital, orgulloso contaba que estuvo en La Plata en 2005 y en Córdoba hace casi tres meses. Pero su fanatismo empezó en la panza, cuando desde ahí adentro disfrutó el show de Los Redondos en River. En casa quedó Candela, de 11. «A ella no le gusta», se apresuró a explicar el chiquilín.

Hacía un rato nomás que «El Laucha» había desembarcado en Tandil, procedente de Olavarría junto a sus hermanos mayores, Andrés y Quique. «Nunca escuché un tema», confesaba. Sin embargo, con el correr del recital, se lo notaba sorprendido, feliz: parecía un ricotero de toda la vida.

Al despedirse, como ya es costumbre, el Indio invitó a sus fieles al próximo show: «Nos vemos el 27 de septiembre en San Luis», les dijo. «El que abandona no tiene premio», lanzó, como si ellos necesitaran la advertencia. «Si sos ricotero tenés que venir, en septiembre vamos todos a San Luis», coreó la multitud -el Laucha incluido-, en una clara muestra de que nadie quiere quedarse sin su premio.

Show redondo en Tandil

Esta vez la cita era en Tandil. Los invitados llegaron más que puntuales. El anfitrión salió a darles la bienvenida a las 21.30. A partir de ese momento y durante más de dos horas el hipódromo de la ciudad serrana se convirtió en el escenario de la reedición de un clásico que une al Indio Solari con sus seguidores, desde hace 30 años. El próximo encuentro será en San Luis.

Para el arranque eligió Pedía siempre temas en la radio y Ramas desnudas, las dos primeras canciones de su segundo disco solista, Porco Rex. «Me van a tener que dar una mano esta noche porque mi salud no está en su mejor versión», les advirtió desde el inicio a las más de 50.000 personas que llegaron desde todos los rincones del país al predio ubicado a 400 kilómetros de la Capital Federal.

Sólo un tema más de su último trabajo medió entre una serie de hits ricoteros. «Ahora vamos a hacer una que sepamos todos», anunció e instantáneamente se escuchó la introducción de La hi ja del fletero. Le siguieron El infierno está encantador esta noche y Rock para el negro Atila.

Al igual que en su anterior presentación en la cordobesa Jesús María, hace poco más de dos meses, el Indio Solari hizo un repaso casi completo de Porco Rex.

Sólo faltó Veneno paciente, el tema que interpreta en el disco junto a Andrés Calamaro.

El ex líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota estuvo nuevamente acompañado por «Los fundamentalistas del aire acondicionado». La banda completa sonó impecable, destacándose la actuación del guitarrista Baltasar Comotto, que en un solo en Y mientras tanto el sol se muere arrancó aplausos al por mayor. «Hizo olvidar a Skay», se escuchó de un enfervorizado fan.

Hasta el clima estuvo de parte del show. Tras una jornada nublada, en la que no faltó la molesta llovizna, el cielo se abrió por la noche y dejó asomar algunas estrellas que le dieron el mejor marco a un show que, no obstante, tuvo brillo propio. En el escenario, una pantalla de fondo reproducía la estética de los dos discos del Indio y dos más chicas a los costados pasaban imágenes del concierto.

El final fue casi cien por ciento redondo: arrancó con Un poco de amor francés, Mariposa Pontiac/Rock del país y Juguetes perdidos. Para concluir con Flight 956 y una nueva versión del pogo más grande del mundo que se generó con Jijiji y que amenazó con derribar la réplica de la piedra movediza, el principal atractivo turístico de la ciudad.

Al despedirse, como ya es costumbre, el Indio invitó a sus fieles al próximo show, el 27 de setiembre. Si sos ricotero tenés que venir, en septiembre vamos todos a San Luis, coreó la multitud.

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