No voy en tren ni en avión. Indio & Charly

En 1987 Chary García cantaba «No voy en tren, voy en avión, no necesito a nadie alrededor». Un año más tarde, desde la canción Todo un palo, el Indio le contestó: «Yo voy en trenes, no tengo donde ir». Repasamos la historia.

Autor: Redondos Subtitulados, domingo 12 de mayo de 2019

En el año 1987 Charly editó su cuarto disco solista, llamado «Parte de la religión». El LP está plagado de hits: «Parte de la religión», «Necesito tu amor», «Buscando un símbolo de paz», «Rezo por vos» y «No voy en tren», entre otros. En este artículo vamos a analizar esta última canción.

«No voy en tren» es el sencillo con el que García promocionó el álbum. Es una de las tantas canciones autobiográficas y autorreferenciales de Charly, no sólo por estar escrito en primera persona, sino porque en su letra revela el malestar que le provocaba la fama y la sobre exposición pública.

No voy en tren, voy en avión
No necesito a nadie
A nadie alrededor
Por qué no hay nadie que mi piel resista
Por qué no hay nadie que yo quiera ver
No veo televisión ni las revistas
No veo ya nada que no pueda ser

Esta canción se convirtió, con el correr de las décadas, en uno de los temas más famosos de Charly García, y de nuestro rock nacional. Pero en los meses posteriores a su publicación sonaba como una canción muy provocativa.

García era -quizá- el músico de rock más famoso de nuestro país. Atrás habían quedado otros proyectos populares y exitosos (Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros, Seru Giran, PorSuiGieco), y durante su etapa solista ya había publicado algunos de los discos más importantes de su carrera (Yendo de la cama al living, Clics modernos, Piano Bar). También alternaba su tiempo buscando y produciendo nuevos talentos. Incluso por aquellos años Charly quiso producir a Los Redondos, pero el grupo rechazó el ofrecimiento. «En esa época a muchos músicos les daba por meterse a productores artísticos, pero todo lo que sabían era cómo sonar bien ellos; y por eso todos los artistas que producían terminaban sonando como los discos del productor… Yo le dije que creía que el que terminaba pintando el cuadro era el que mezclaba al final, y que prefería mandarme cagadas pero aprender a hacerlo yo», contó el Indio en su autobiografía.

Todo eso se daba en una Argentina que acababa de recuperar la democracia, y si bien gran parte de la sociedad estaba «tirando papel picado» suponiendo que las cosas habrían de cambiar para siempre, algunas de las mentes más lúcidas del país, como la de Solari, alertaban desde sus canciones que la democracia por sí sola no alcanzaba para resolver los problemas de la sociedad. «Es que yo no me comí el rosco de que iba a cambiar todo de un día para el otro. ¿Cómo iba a cambiar, si la estructura de poder había quedado igual?», opinaba el cantante en su autobiografía.

Durante los últimos años de la dictadura Charly había compuesto canciones como «Los dinosaurios», en la que denunciaba, entre metáforas, las violaciones a los Derechos Humanos ocurridas en aquella etapa tenebrosa. Pero una vez restaurada la democracia se había «relajado» su lírica, y las canciones de protesta fueron reemplazadas por temas más instropectivos, en los que García empezaba a luchar contra Charly. Como Hulk vs. Dr Banner, o Dr Jekyll vs Mr Hyde, Carlos Alberto García entró en guerra contra su alterego Charly. Una década más tarde casi pierde la batalla, hasta que Palito Ortega lo salvó de la muerte. Pero esa es otra historia.

En «Parte de la religión» también escribió el «Rap de las hormigas». En esta canción nos relata las vacaciones de una familia tipo (quizás ¿él mismo?) en Mar del Plata. En los ´80 «la Feliz» era el destino más popular para la clase media. Como todo lugar de vacaciones muy visitado, había que lidiar con las demoras producidas por la enorme cantidad de personas que se amontonan para realizar cualquier actividad. Ya sea cenar, ir a la playa, caminar por la peatonal, ir al casino o sacarse una foto con los lobos marinos implicaba una odisea, adentrarse en un «hormiguero de gente».  Referencial o no, de algún modo Charly nos estaba diciendo que ese tipo de experiencias no eran para él: «No me banco las hormigas / Por favor pasame el raid / Esto no lo aguanto más / Yo me vuelvo a la ciudad». Al igual que en «No voy en tren», optaba por la soledad.

En 1988 Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota edita «Un baión para el ojo idiota» y desde su lírica Solari intentaba abrirle los ojos a una sociedad ingenua. El LP cierra con «Todo un palo», un temazo inoxidable.

¡Yo voy en trenes!
(no tengo donde ir…)
Algo me late
y no es mi corazón.

En su autobiografía, el Indio le tira algunas flores a su ex amigo Skay, afirmando que «Todo un palo tiene uno de los mejores solos de Skay. Verdaderamente maravilloso». Y pasa a explicar el sentido de la letra: «La canción era una suerte de llamado de alerta. Estábamos llamando a un gato  con silbidos, boludeando, en cualquiera. Veníamos esquivándole al futuro desde hacía mucho y eso no podía sino resultar muy costoso».

En el libro, Marcelo Figueras le dice que «ahí hay un par de versos que es fácil entender como un comentario al Charly que cantaba No voy en tren, voy en avión / No necesito a nadie, a nadie alrededor. Lo que vos decís, en cambio, es: Yo voy en trenes / No tengo dónde ir», y el Indio se explaya:

«Son dos discursos muy diferentes. Uno provenía de un artista que vivía como parte de una elite —yo no tenía entonces el dinero que tengo ahora, ni era Charly García—, era su forma de decir que todos los demás le chupaban un huevo. Pero yo sentía que había que tomar partido por los que no tenían nada, ni siquiera una dirección».

Los Redondos era un grupo que conmovía especialmente a los sectores de medios y bajos recursos de la población. Cuando Solari contraataca a Charly, «¡Yo voy en trenes!, (no tengo donde ir…)», lo hace a sabiendas que el tren es el medio de transporte más popular.

Pero las referencias no terminan ahí: en otro tema ya clásico de Charly («Yo no quiero volverme tan loco«), canta: «yo no quiero sembrar la anarquía, yo no quiero vivir como digan, tengo algo que late en mi corazón…» Nuevamente en «Todo un palo», una canción mucho más pesimista que la de Charly, el Indio responde que «algo me late y no es mi corazón».

¡todo un palo, ya lo ves!

En las memorias, el Indio explicó la expresión: «La usé en el sentido de pegarse un palo y finalmente darse cuenta. En general no lo hacemos, hasta que la realidad nos pasa por encima. Esa especie de contradicción genera enigma, pero te hace tomar partido. Era una forma de decir: No te dejes llevar por la nariz, tenés poco tiempo. Tratá de mirar con tus ojos y no con los de la sociedad, preservate de la convención que dura lo que un pedo en una mano». 

Hace muchos años, cuando le preguntaron a Solari si la canción implicaba una respuesta a Charly García, eligió patear la pelota afuera, aunque dejó bien clara su preocupación por la relajación de algunas expresiones artísticas -en especial de la cultura rock- luego del retorno de la democracia:  «no tiene por qué ser una respuesta a… Las interpretaciones corren por cuenta de cada uno. De todos modos, creo que rockeros como García o Spinetta son queridos, más que por sus últimos resultados artísticos, por su actitud durante la dictadura, por su significación. Que algunos de ellos se hayan olvidado de esto y hayan entrado en la comodidad del artista cortesano, del artista posmoderno que se limita a hablar de su soledad, es problema suyo. Son ellos quienes se pierden a la gente«.

Lejos de intentar una polémica entre dos enormes artistas que admiramos, escribimos este artículo para repasar una vieja historia que reposa semi-escondida en la letra de tres de las canciones más importantes de nuestra cultura rock: No voy en tren, Yo no quiero volverme tan loco y Todo un palo.

Anuncios