Nos van a tener que bajar a patadas 

Después de dos años sin grabar y uno sin tocar, la banda que masificó el rock underground presenta en vivo nuevo disco y vuelve a desatar la fiebre de sus fans. ¿Todos pasan y ellos quedan? En su primera entrevista exclusiva tras dos años de silencio, El Indio Solari reaviva el fuego de la polémica: NOS VAN A TENER QUE BAJAR A PATADAS”.

Autor: Suplemento Sí. Diario Clarín. 5/11/1993. Entrevista y textos: Javier Febré y Marcelo Franco

La banda independiente más famosa rompe el silencio. Las huestes de Patricio Rey tienen nuevo disco, un álbum doble titulado “Lobo suelto, Cordero atado”, y volverán a escena el 19 y 20 de noviembre, en Huracán. En esta entrevista, la primera en dos años, El Indio Solar enfrenta sus férreas opiniones a las dudas y certezas que echa a rodar el éxito después del éxito.

“El álbum era doble desde el vamos”, dice el cantante calvo saliéndose de la vaina. En el exacto momento en que rompe un silencio de más de dos años, el Indio Solari enciende el primero de una serie interminable de cigarrillos rubios sin filtro. La noticia de la edición del esperado álbum doble de Los Redonditos de Ricota- veinticinco canciones reunidas en dos volúmenes bajo el título común de Lobo suelto, Cordero atado- y su próxima presentación en vivo- después de un largo año de ausencia, los próximos 19 y 20 de noviembre en Huracán- han golpeado con fuerza al adormecido avispero ricotero.
Aunque del encuentro participan también los infaltables Poly- la multifacética responsable de los destinos comerciales de la banda- y Skay- guitarrista y media naranja compositiva-, es el Indio quien lleva la batuta de la charla. “Estos dos personajes que aparecen en el disco, Rulo y Lupus, hablan de la ambigüedad en la que nos movemos todos, todos somos un poco ángeles y demonios- dice socarronamente-. Las personas son seres bastante más misteriosos que esos bloques cuadrados con los que se las quiere identificar”. El orgullo por el nivel alcanzado en el estudio de grabación se confunde en sus palabras con la ansiedad por el regreso al escenario, ese podio multitudinario que premia con fervor e incondicionalidad un camino recorrido sin concesiones.
Hace ya seis años que Los Redonditos salen a la cancha con el mismo equipo. ¿Se puede considerar a la actual la formación definitiva de la banda?
Los Redondos siempre han sido una banda de amigos. Lo que sucede es que hay tres maníacos en toda esta historieta que son los que se han encargado de sacar adelante su ambición. Los roles de cada uno en la banda están claros y eso hace que perdure esta estructura.
¿Cómo se explica que en un grupo integrado por cinco personas, sólo dos estén a cargo de las decisiones musicales?
Seguramente, ellos tienen capacidad para generar su propio mundo musical. Sucede que entraron a formar parte de una banda donde hay de movida, dos tipos absorbentes que han tolerado esta especie de sociedad pura y exclusivamente porque ha dado buenas cosas. Está claro que a mí me gustaría hacer todo y a Skay le gustaría hacer todo. Como este es un sulky que venimos manejando nosotros, se hace la música que diseñamos nosotros.
¿Esa actitud no hace difícil sobrellevar la relación?
Los demás miembros de la banda tienen claro cómo es el plan y disfrutan de sus ojos de libertad. Cada uno de nosotros sabe reconocer qué es lo bueno del otro y qué es lo conveniente para el plan de todos.
Si bien están todos los rasgos identificatorios del estilo ricotero, sorprende que en los discos no haya dos canciones cortadas con la misma tijera.
Tenemos la edad suficiente para haber curtido toda la cultura rock. A mí, por ejemplo, el grunge me parece bárbaro, aunque creo que en la cultura rock de hoy hay menos diversidad y riqueza. Aún así, en todo momento me han gustado distintas cosas y, quizás por eso, en nuestros discos hay de todo.
¿En qué notás que la riqueza del rock decrece?
Caprichos de la mente de uno, sospecho que el año 2000 traerá, al fin, aquello que Los Redonditos preconizaban hace muchos años: “Saltaremos por encima de los decorados del rock”. Estamos agregándole a la cultura rock cosas que no están mal, pero que nos van avisando que en algún momento habrá cambios. Me gusta cuando veo a los nuevos hippies, ¿cómo no le va a gustar a alguien que alguna vez fue hippie? Pero no es menos cierto que la gente de nuestra edad, que ha venido untándose las mantecas todo el tiempo, está condenada a vivir su cultura dos veces.
Lo que decís suena casi apocalíptico…
Es curioso, no apocalíptico. Cualquiera se da cuenta que no se han solucionado los problemas que teníamos a los 17 años. Se pelea por lo mismo que alguna vez revolucionó, sólo que las cosas están un poco más bastardeadas. No veo por qué los que amamos una condición de vida más honesta y respetuosa debamos tener pruritos para hablar de ciertas cosas.
Lejos del prurito, lo que vos decís goza de consenso.
Siempre dije que nosotros estábamos más para escuchar lo que dicen los pendejos que para bajarles línea. A los 44 pirulos soy yo el que los disfruta desde arriba del escenario.
Como consecuencia de los largos períodos de ausencia es evidente que las “bandas” ricoteras comenzaron a hacerse notar en otros públicos. El de Divididos quizá sea el caso más evidente, pero no el único.
Yo no creo eso. Se han beneficiado con lo que tienen para dar. Siempre hubo público de Los Redonditos en otros conciertos, como también nos van a ver chicos con la remera de Hermética. Creo que Divididos ganó gente porque tocan bien, porque hacen canciones que les gustan a los pibes y porque tienen su palo.
Hace algunos jueves, el canal televisivo de más ráting les dedicó un extenso informe en horario central. ¿Te viste en la pantalla?
Sí, era un extracto de un documental que hizo Bebe Kamin sobre el underground hace muchos años. Lo bueno es que me ví más joven (risas). Hay gente que se maneja bien con la popularidad. A mí me incomoda un poco, no me gusta. La exposición es uno de los motivos para no ir a la televisión, más allá de que no sea la estética que mejor domino. No estamos en ninguna cruzada contra la televisión, no sería tan estúpido como para querer apagarla socialmente.
¿Son conscientes de que esta idea de independencia ha germinado en tipos que no la desarrollan con el grado de principismo de ustedes, sino que la reciclan?
Es cierto, pero también coincide con que el business no da para tanto. Estamos cansados de escuchar que más allá de dos o tres popes el resto de los músicos se caga de hambre. Ya no es nuestro modelo, es una realidad con la que chocan todos. Esta sociedad se pierde muchos talentos sometiéndolos a una selección aantropofágica.
¿Nunca te ha coqueteado la idea de sustentar, económica o artísticamente hablando, a esos talentos?
Desgraciadamente la gente puede pensar que con el cariño basta para llevar un plan para adelante, pero no es así. Producir a alguien de la manera que uno cree que debería hacerlo, implica meterse hasta las tetas. Nosotros tenemos que estar pensando todo el tiempo qué mierda está pasando, esto nos cuesta nada más que la vida. Somos una banda de la época en que los bombos llevaban los nombres de las bandas, no de los sponsors.
Imaginemos por un momento que la historia de esta banda cabe en una novela clásica con introducción, nudo y desenlace. ¿Qué capítulo será el que comience a escribirse a partir del disco doble?
Eso se verá, pero está claro que nos van a tener que bajar a las patadas. Siempre hemos dicho que somos los más ambiciosos, no los menos. Los rockers no pueden andar en componendas, no pueden vivir más que como lo indica su temple. No digamos nada más.
Sobre la violencia
La popularidad de Los Redonditos de Ricota atravesó en los últimos años un proceso de crecimiento geométrico según el cuál todos los sitios quedaban chicos a la hora de cada nueva presentación, con las improlijidades (a veces violentas) del caso. Así es que el Indio Solari, para comenzar, se refiere al peso específico que un grupo como Los Redondos tiene para los titulares del tipo catástrofe: “De pronto viene Nirvana y hay un quilombo de palos y todo, pero no sucede nada. Esa es una manera selectiva que no proteje, no tiene sentido que el blanco sea uno porque no forma parte de ninguna cadena de negocios”, apunta.
El episodio trágico de la cadena fue la muerte del joven Walter Bulacio en abril de 1991, tras ser detenido por la policía en los alrededores de Obras.
“Los Redondos no pueden ir a protegerte a tu casa. A tu culito cuídatelo vos mismo”, dice. “Ahora vamos a hacer un par de estadios abiertos, es una apuesta que hacemos para no propiciar el hecho de que haya excusas para decir que entran 5 mil habiendo afuera miles. Cada vez que modificamos un ámbito lo hacemos por la misma razón”.
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