Patricio Rey puede encarnar en cualquier gil 

Los Redonditos de Ricota conceden el primer reportaje oficial en casi tres años. A pocas horas del lanzamiento de su quinto álbum, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota rompieron un silencio de casi tres años para contestar a quienes cuestionan su creciente popularidad. El éxito comercial, los entredichos con la prensa, las mezquindades del under, la muerte de Walter Bulacio, el papel de ciertos productores y las intimidades y obsesiones del trípode que conforman el Indio, Skay y Poly, desfilan por esta extensa entrevista que ya mismo nos ponemos a leer.

Autor: Fuente: Sí. Suplemento joven de Clarín. Viernes 11 de octubre de 1991. Nota: Guillermo Allerand & Marcelo Franco
¿Cuánto hace que no conceden una nota, así, oficial?
Poly: Dos años, fácil… Casi tres…
¿Por qué se han negado?
Indio: No nos hemos obligado a cosas. Un reportaje, en última instancia, el único valor que tiene es que uno pueda mandar una impresión más de lo que uno es. Si no, es como una promoción, como una publicidad. Que no está mal cuando uno la necesita.
¿Siempre están de acuerdo entre ustedes o se pelean mucho?
Indio: Nos peleamos muy poco y a mí es una cosa que desde hace años me preocupa. Una de esas preocupaciones que te dejan dormir.
Skay: Lo que pasa es que nos conocemos hace tanto tiempo que aprendimos a conocernos como personas en diferentes situaciones, de las mil maneras posibles.
Indio: Si le damos validez a lo que es la intimidad de lo que a nosotros nos sucede, en realidad nada de lo que se escribe y se publica acerca de lo que somos, de lo que hacemos, es así. Yo creo que casi todas las editoriales han sacado una especie de historia de los Redonditos de Ricota y todas son apócrifas. Es que los mitos, de la manera que son utilizados y desarrollados acá, son mitos muy miserables, muy pequeños, de las que uno no puede enorgullecerse de formar parte. Yo creo que lo que uno más puede ser es el pívot de esa necesidad que tiene un montón de gente, en un momento determinado de una cultura. En todo caso el fenómeno es que, de pronto, pendejos de quince años todavía resuenen con lo que hacemos tipos que tienen cuarenta. El fenómeno recién se confirma cuando todo resuena. Si no, no significa nada.
¿Saberse parte de eso implica mayor responsabilidad?
Indio: Pero hace quince años, cuando éramos veinte o treinta los que estábamos haciendo esto, antes de ir a tocar también nos preguntábamos que ibamos a hacer, estábamos locos de la misma manera. Lo que hay que entender es que esto a nosotros nos ha ido pasando paulatinamente. Nosotros nos acostumbramos a trescientos, a seiscientos, a mil. Nos acostumbramos a miles.
Eso también los ha expuesto a las críticas. Recordemos cuando vos, Indio, insultaste desde el escenario de Obras a un periodista que los había cuestionado por tocar allí o cuando en el concierto al aire libre la gente empezó a dar vuelta los quioscos de bebidas y te pusiste verde.
Indio: ¿Quieren que opine lo mismo hoy? Opino lo mismo de cierta gente que es genuflexa y que yo sé que es así, y no me importa decirlo. Eso es aparte. Lo otro a lo que te referís, lo que pasó con las bandas, esa sí es una preocupación nuestra. Después, lo que dice Carlitos, lo que dice Quiquito… Cada uno sabe cómo se tapa el culo. Lo que no van a poder exigirme a mí, un tipo que tiene los huevos como los tengo yo, es que participe de esa descripción. A mí no me termina de preocupar porque, el día que la resonancia no esté de acuerdo a mis funciones, yo no funciono. Tenemos otro viaje, estamos funcionando en otro lugar. Vayamos a lo que pasó con Walter (Bulacio) y toda esta historia. Nosotros estuvimos en el lugar en que tuvimos que responder. Lo que no podemos es hacer de campana de resonancia de un montón de gente que entra en este tipo de circunstancias con intereses muy particulares y que de pronto empieza a hacer circular una especie de descripción verdadera de las cosas, cuando está totalmente alejada de la intimidad de los hechos. Se nos responsabilizó como que hubiéramos tenido que dar la cara o hacer no sé qué. Y lo hicimos de la manera que lo hicimos, con una carta abierta en una revista. Pero tampoco nos preocupamos por hacer una gran exposición. A lo que voy es a que aquel viejo correo de Los Redondos sigue funcionando. Los Redonditos, momentáneamente, todavía no están tan distraídos. Saben dónde tenemos el corazón.
Lo que ocurre, en el caso concreto del pibe Bulacio, es que se murió.
Indio: El pibe se murió y ahí se armó el quilombo. Y esa es la historieta, cuando se desnaturaliza el dolor. Nosotros hemos visto cosas muy raras. Cuando de pronto hay que repetir los actos de dolor porque la cámara tiene que tomarlos, hay una desnaturalización del dolor real. Vos estabas llorando por tu hijo hace media hora, ahora quizás ya no pero vuelve el camarógrafo y hay que llorar otra vez. Y todo el mundo se acostumbra a eso y nosotros estamos en contra de esa descripción de la vida. Entonces, no vamos a hacer una campaña ni una cruzada contra esto pero, cada vez que alguien nos venga a testear en un reportaje, vamos a avisar: no nos involucren como si formásemos parte de toda la gente que cree en esa descripción de la vida, porque para nosotros la vida pasa por otro lado.
Pero al evitar las notas parecieran estar cumpliendo con algún rito purista. A cualquiera en tu lugar le gustaría que lo vayan a ver veinte mil personas antes que doscientas. 
Indio: Aceptaría el hecho de que estamos privilegiados por nuestra resonancia para poder obrar de esa manera. Acepto eso. Pero punto. Lo que no voy a aceptar nunca es que uno se dedique de purista cuando en realidad estamos hablando de cosas elementales, la ética mínima del corazón. Nosotros tenemos un día de veinticuatro horas que resolvemos en función de nuestras ambiciones, de nuestros planes, de nuestros caprichos… ¿Por qué carajo no podemos tener caprichos? Lo que nunca va a hacer un tipo que empezó a hacer rock and roll con esta banda y está terminando su viaje- no sé lo que nos queda, ojalá que mucho- es opinar sobre otros que, para poder estar en algún lado, han tenido que fichar en una corporación y han tenido que hacer lo que hay que hacer desde ese lugar.
¿Se sienten atados o deudores de ese lugar al que deben seguir siendo fieles?
Indio: Desde un lugar no, porque casualmente el lugar de Los Redondos es mudar de dogmas. Sabemos cómo funciona todo. Pero de ahí a emitir juicios sobre los demás… Hay una cosa que hemos dicho siempre: fuera de que este sea un plano envidiable, no podemos dar fórmulas. ¿Cómo le decís a una banda formada por chicos de quince años, que deben bancar equipos que salen en dólares mucho costo, el camino que tienen que seguir? No estamos en contra de lucir. Me encanta que uno se merezca las cosas.
Vayamos al grano. Hoy Patricio Rey vive de lo que hace y gana buena guita, mientras durante años debió subsistir de otros recursos.
Indio: Esa es una descripción, yo voy a dar otra. Uno no necesita ganar guita de esto. Es buenísimo estar abocado a esto y no tener otro quiosco, pero no nos ha cambiado la vida.
Si la situación que les permite ganar dinero cambiara, ¿harían algo para que volviera a darles plata?
Indio: Seguro. Aunque tampoco estaría dispuesto a hacer más cosas de las que hago. Intentaría volver, por supuesto. Porque a mí me da otra dimensión el hecho de vivir de esto.
Skay: Yo la pregunta la haría al revés. ¿Seguirías haciendo lo mismo si no te diera dinero? Y, seguramente, yo seguiría haciendo música por más que eso no me diera dinero.
Poly: Mejor que haya. Pero todo depende de los ensueños que cada persona tenga. Para mí, el único ensueño es hacer esto que hago. No es por lo que voy a ganar, sino es el hecho de hacer lo que hago.
Indio: La prueba de que nuestro objetivo no es ése es que este año, cuando la resonancia de Los Redondos está a punto de caramelo, sólo tocamos dos veces. Digo que no es ese el ojo del viaje. Si uno ha hecho la calle sabe que llevando unas esmeraldas para allá y trayendo unos topacios para acá, listo. La verdadera ambición en esta vida, para aquel que sabe moverse de esta manera y sabe cómo se juegan los tantos y cómo es el ajo acá, empieza a estar en otro lado. Es como fifar. Querés fifar y fifar y fifar, hasta que un día querés un poco de amor, porque, como el conejo, fifa todo el mundo.
Parece como si estuvieran en posesión de un tesoro… Vamos a darnos el gusto de tocar.
Indio: Boludos no somos, nos damos cuenta dónde estamos. ¿Nos movemos tan mal como para que se crea desde afuera que no sabemos dónde estamos sentados? No. Si no, uno debería hacer cagadas más grandes. Me parece que tan mal no lo hacemos.
Son como una especie de aristócratas que se permiten lujos.
Indio: A mí me gusta la palabra privilegio. Parece que uno estuviera en una frivolidad, y no, realmente tenemos obsesiones grosas. Somos tipos obsesivos. Yo tengo dos testigos fundamentales de mi vida, que son Poly y Skay. Son testigos de mi crecimiento, de mi orientación, de lo que soy. Lo que yo no me permitiría nunca es que me vieran en algún lugar por el que se avergonzaran del cariño que me tienen.
¿Ustedes son el trípode de Los Redondos?
Indio: No es sólo eso, sino la gente con la que podés estar, gente rica como la que tenemos, pares que quizás lucen de otra manera por la obsesión que tenemos nosotros tres. Claro que, cada tanto, cambia la mano, porque el sulky viene desde lejos. Hubo otros momentos en los que todo el mundo quería ser invitado de los Redonditos, porque los Redonditos eran una cosa querida, respetada, mataba ser invitado. Pero el business estaba en otro lado. Acá no había nada para repartir. Era para ir y que el under te quisiera y los periodistas opinaran bien. Pero negocio, negocio, ser el guitarrista de los Redonditos no era. Tanto la Negra como productora, Skay como guitarrista o yo como autor hemos sido tentados, nos ha llamado gente que en un momento era más negocio. Me cantaba una canción alguien que vendía 70 mil ejemplares o a Skay lo invitaba algún músico, no sólo a grabar sino a formar parte de su viaje. Las tentaciones han estado permanentemente.
¿Qué les pasa cuando se topan con una pared en la que alguna mano anónima ha escrito frases de sus canciones, como “Vivir sólo cuesta vida”?
Indio: Uno mira con cierto azoramiento cómo cosas que forman parte de su imaginería resuenan en miles de personas. Sobre todo porque creo que hoy en día un tipo de mi edad debiera más escuchar que bajar línea. Cuesta mucho ponerse a decir cosas, boludeces que uno cree caprichosamente y que de pronto después se graban para siempre. Es un viaje desgraciado. Lo bueno es cuando algo de esos pendejos pareciera indicarte que todavía estás vivo. Cuando descubren y resuenan con eso yo me siento par de ellos. Lo que uno agradece es el hecho de poder estar lucubrando la presentación del disco y todo eso con total libertad, avalados pura y exclusivamente por esos miles de pendejos que pagan la entrada.
Hace poco, en un reportaje del Sí, Daniel Grinbank no escatimó elogios hacia Los Redondos.
Indio: Acá luce trajes extraños gente que le ha hecho muy bien a todo el viaje. ¿Querés que te diga que Grinbank nos ha dado a nosotros, a través de la historia, un par de dichas que nos han servido? Es un tipo que, contra todo lo que se jode en la vida, nosotros no lo tenemos mal dibujado. Hemos tenido que aprender cosas del business, y él mismo nos ha dado datos fundamentales sin reclamar un mango. Cuando un tipo tiene su culo bien pagado, muestra qué tipo de elegancia tiene para hacer. Y a nosotros, que somos tipos decididamente mafiosos, esa clase de elegancia nos gusta, aunque no nos obnubila desde ningún punto de vista.
¿Cómo van a resolver el plan familiar de volver a tocar?
Poly: Presentar el disco ante de fin de año será la respuesta, pero todavía no está resuelto dónde.
O sea que hay problemas que superar…
Indio: Hay que aceptar que este ha sido un año para nosotros donde hemos tenido que rever un montón de cosas, eso es verdad. Pero punto. Ya veremos qué nos depara este viaje. Yo creo que es un tema que tiene que dominar bastante en el caso nuestro, que hemos tenido la mala costumbre de que en los años que llevamos tocando, a pesar de manejar un público bastante contestatario y bastante firme, bastante de temple grueso, los quilombos han sido pocos. Entonces digo, de este quilombo que hay en este momento para manejar los grandes eventos, que tienen que cuidarse no sólo los Redonditos, sino cualquiera.
Algún día podrían presentar a Patricio Rey…
Indio: Patricio Rey puede encarnar en cualquier gil, como si te cayera del cielo. Es como nuestras obsesiones. Creo que el día que la gente se corra medio metro de dónde está, empezará a ver que es más fácil creer que la vida se parece a estas cosas y no a todos aquellos tipos lúcidos que generan planes irrevocables. Mi sobrino, el sobrino que más quiero, está con una banda. Cuando hablamos, lo único que tengo para decirle es: poné el culo en lo que estás haciendo y cobrale la vida al contado. Subite a un escenario y aceptá que es el lugar adecuado. El escenario, para un salame como yo, es el lugar más cómodo, más claro, más afín con la manera de mirar que he encontrado en mi vida. Si tengo que vanagloriarme de algo es del simple hecho de estar a la altura de la vida que me toca vivir. Esas son las ambiciones de uno. No el auto, si casi no sé manejar. A mí me gusta el taxi.