Por varios cuerpos de ventaja

Artículo de Guillespie sobre el show de Indio Solari en Tandil.

Autor: Guillespie, para FM Rock & Pop, 23 de noviembre de 2010

Muchos de nosotros tenemos en nuestra memoria algún paseo de nuestra infancia  por Tandil. La visita al Parque Independencia, el Vía Crucis con su enorme Cristo o la piedra movediza suelen ser sus principales atractivos, a excepción de cuando toca el Indio. Allí los crucifijos, velas y rosarios, se confunden con las banderas, frases escritas en los autos y gente con mochilas por todos lados. Es la otra peregrinación.

Las tribus ricoteras comenzaron a arribar desde la tarde del jueves a esta simpática ciudad, rodeada de sierras. Desconozco la población exacta de Tandil, pero puedo asegurarles que el sábado se había al menos duplicado). Otra ciudad de gente con remeras negras se instaló sobre la anterior. A los pocos días de confirmada la noticia de que el Indio tocaría en Tandil, la demanda de hospedaje, cabañas y campings hizo que en Mayo (seis meses antes) ya no hubiera lugares disponibles. Un enorme lago, rodeado de árboles, fue el epicentro de la movida ricotera. Allí se instalaron miles de personas, algunos con carpas, otros con improvisados refugios, directamente a la intemperie o durmiendo adentro de autos. Las gaseosas, cervezas y hielo empezaron a escasear en los kioscos y estaciones de servicio. El rito había comenzado.

Pase por allí el viernes al anochecer. De un lado y de otro de la calle las banderas rojas, blancas y negras con la cara del Indio, fogones por aquí y allá, humareda con olor a asado, gente caminando de un lado al otro sin parar con botellas de birra, gaseosas  o unas maderitas para alimentar el fuego. Durante toda la noche del viernes y madrugada del sábado el arribo de gente fue constante y hasta la hora del show la gente seguía entrando a Tandil sin parar. He visto micros de Chile, Uruguay y de todos los puntos del país.

El lugar elegido para el concierto fue el Hipódromo de Tandil, (ubicado al costado de una ruta en un extremo de la ciudad). Un campo enorme y plano íntegramente con algunos arboles en los costados. Exactamente en medio de ese enorme campo se ubico el escenario, dejando un cuadrilátero de trescientos metros de ancho por trescientos cincuenta de largo al frente del escenario. Por detrás del escenario otro campo de dimensiones similares (tapiado con fenólicos negros para que el público no pudiera acceder) donde se ubicaron algunas carpas blancas de producción, primeros auxilios, etc. También en aquel campo trasero se ubicaron algunos móviles policiales, ambulancias, los fuegos artificiales y hasta un helicóptero (que al verlo aterrizar antes del concierto cientos de fans aplaudieron creyendo que el Indio bajaría de allí).

Mas lejos (a unos doscientos metros) la pista del hipódromo, dos enormes tribunas de hormigón y su coqueta confitería (de los años cincuentas) ahora convertida en oficinas, camarines de los músicos y logística de la producción.

A las 15 hs se abrieron las puertas, y después de un eterno peregrinar de miles de personas, autos y micros por la ruta pude llegar al predio pasadas las 18 hs. Allí pude deambular por todo el lugar. Unas veinte mil personas se apiñaban cerca del escenario cantando y agitando las remeras. Una gigante pantalla transversal ubicada delante de los instrumentos evitaba ver lo que sucedía en el escenario.

21.30 se apagaron las luces del hipódromo y el  inmediato rugido ensordecedor del público. El ritual comenzó. La música tribal y la enorme pantalla apaisada mostraba imágenes de fuego. “Con ustedes los Fundamentalistas del aire acondicionado” dijo el indio y los acordes de “Jugo de Tomate Frío” de Manal, ahora en versión Solari, constituyo la primera de las sorpresas de la noche. Insolitamente tocaron todo el tema con la enorme pantalla lumínica delante de ellos. Al terminar el tema el Indio, hizo un break inesperado, dado que el mecanismo de la pantalla debía elevarla y por algún motivo no había sucedido. “Parece que este telón se ha trabado, ya volvemos”.

Un par de minutos después y con la pantalla arriba, una verdadera catarata de temas de los redondos, alternados con un repaso de los temas mas “up” de sus dos discos solistas. Solari al mando de la más enorme máquina de rock de Argentina, en música y en público.

Su estilo austero.Un jean y una camisa cuadriculada de mangas cortas y sus históricos lentes negros, parado delante de una banda ya a esta altura monstruosa. La puesta de luces y pantallas en todo el escenario y laterales, le dio un carácter completamente lisérgico a el show. Fue sencillamente alucinante.

Pude escuchar buena parte del show en el medio del campo, a la altura del mangrullo y disfrutar de la compañía de Claudio Kleiman y amigos (incluso mis hijos). Fue una muy buena idea de la producción, el disponer de varias torres de sonido y pantallas a lo largo del predio. De tal forma que hasta el ultimo asistente pudo escuchar y ver los detalles del concierto (al menos en pantalla).

El trabajo de imágenes recae sobre los temas solistas del Indio. Allí es donde se construyen multicolores situaciones y animaciones. Mientras que en los temas de Los Redondos, las mismas pantallas sólo reproducen la imagen de los músicos en escena (para qué más…pensaría cualquiera)

“Le dedico este tema a mi viejo amigo Quique…..que ahora dice que me ama”  (en referencia a Symns) ,fueron las palabras que antecedieron al “Héroe del Whisky”, uno de los puntos mas altos del show, como así también los inolvidables clásicos ricoteros como “El infierno esta encantador esta noche” o “Vamos las bandas”.

Otra de las sorpresas fue el otro homenaje (el primero fue a Manal), cuando arrancaron con una furiosa versión de “Post Crucifixión” de Pescado Rabioso.

En lo personal considero que el Indio es uno de los que mejor versionan (recuerden el antecedente de “El Salmón” y otros). Tiene la capacidad de conseguir casi, un carácter superador de las versiones originales. No estaría nada mal un disco de versiones del Indio. (….no sería un disco más de versiones, seguramente….uds entienden.). Aunque esto corre por cuenta mía, obviamente.

Fueron 3 horas de show al palo con un Indio de voz impecable y una banda aguerrida (en donde todos son ademas brillantes solistas). Hubo un par de breaks para que la gente se oxigene, una contundente lista de 26 temas, dejando a “Flight 956” y “Ji ji ji” en el final para que el concierto sea como mínimo inolvidable.

“Ya no es el pogo mas grande del mundo…..es el mas grande del universo..” dijo Solari ante la enorme multitud (ahora iluminada) que se agolpaba a lo largo de más de trescientos metros. Facilitando a más de un periodista el título de la crónica. Después vendrían los fuegos artificiales y el lento proceso de desconcentración.

El futuro inmediato del Indio es el lanzamiento en diciembre de su nuevo disco, y se especula con varios conciertos el año próximo (serían quizás cinco.). Pero como todo lo que rodea al Indio, son sólo versiones y dependerá exclusivamente de él que las cosas sucedan.

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