Que las cosas sean poderosas con uno y no uno poderoso con las cosas

A pocos días de la publicación de «Un baión para el ojo idiota», el tercer disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, la periodista Gloria Guerrero entrevista al Indio, Skay y La Negra Poly.

Autor: Revista Humor, mayo de 1988. Por Gloria Guerrero.

Paradójicamente movidos por el precepto de no tener nada previsto, parecen sin embargo vivir con todo resuelto. ¿Cómo se hace?

Indio: Si supiéramos de qué se trata esto que nos pasa no lo haríamos. Desde afuera puede parecer que tenemos todo, que sabemos, pero por dentro, en realidad, nos miramos y nos reímos. Tenemos planes, no es que de pronto estemos sentados y venga la vida, pero no se trata de que uno sepa de qué se trata… lo que va a pasarnos es una perfecta novedad todo el tiempo, lo planificamos de acuerdo a lo que tenemos, decimos “bueno, vamos a hacer esto” “bum bam, ponemos guita acá, hacemos el video, los  afiches…”, pero ¿qué va a pasar? Gracias a Dios que no sabemos.  En general, no parece que tengamos visiones que nos calmen, más allá que se nos presente la vida con cierto riesgo, mi máxima ambición, si se cumpliera, sería mí máxima ambición. Y no dejaría de ser aburrida porque no habría intervenido nada más. Por eso es que trabajamos en equipo.

Skay: siempre hay una sorpresa.

Indio: Y una sorpresa que está en ese juego, porque tampoco somos una cosa, somos tres individualidades.  Cada vez aceptamos más que eso también tiene que ver con la magnitud, el rol de cada uno acepta un crédito mayor que la injerencia de uno. Si no, no es posible. Si yo tengo que estar todo el tiempo pensando de qué manera hace las cosas, la Negra cómo se firman los contratos, si Skay tiene que estar todo el tiempo creyendo en esa cosa que se vende afuera, en un capricho que uno tiene en el momento de decir en un reportaje, no se puede gobernar.

¿El principio gobernante sigue siendo el mismo?

Indio: Si, los Redonditos es un grupo que funciona por el principio del placer y no por un principio de rendimiento. Nunca, ni siquiera cuando éramos muy chicos, elegimos al que tocaba mejor la guitarra; tocamos con gente que no sabía tocar. Fue un plan de amigos. En el momento en que se afinó, por encima de estos tres tipos que ves, estaba la pretensión mayor del trabajo; eso fue lo que hizo que algunos amigos quedaran por el camino, porque teníamos la necesidad de hacer cosas, no de hablar y de imaginar, pero la base fundamental empezó ahí. Lo que Skay sabía tocar en la viola en ese momento, lo que la Negra sabía, lo que yo podía hacer… no sabíamos nada, el vínculo era previo. Es diferente cuando uno forma una banda en función del rendimiento, el guitarrista bueno, un productor que sea un as… un as también en tu contra, no siempre a tu favor… (sonríe)

Eso explica la cantidad de músicos que han pasado por Los Redondos en estos últimos doce años…

Indio: Claro, un guitarrista que viene, está un par de meses y cuando te querés acordar saluda estampitas todo el tiempo. O el tipo que no puede creer, que desde afuera cree que puede entrar y convencer de lo que está haciendo, y está un par de años hasta que se da cuenta de que no pasó todo eso y se va. De invitado de Los Redonditos quiere tocar todo el mundo, pero formar parte de la banda no, porque tenés que aceptar que SADAIC te da solo una luca y media…

Poly: Los músicos que no suben, que no dan, es por otra situación. No es porque especulen, porque SADAIC o lo otro: es simplemente el no comprometerse con una idea. Y hay que tenerlo continuamente en una situación de que no se sabe, de que tiene que jugarse.

Indio: Bueno, pero también tenemos una banda diferente de personas: hay gente que se ha ido, gente que no…

Poly: Gente que tuvo que irse por sus propias cosas, vio cuales eran sus compromisos, la minita, la familia, todo lo que lo rodea, ésa es la presión.

Indio: En lo que yo hago diferencias con respecto a lo que dice la Negra es porque frente a todos los músicos que se han ido, hay casos como el de Semilla, que es un rocker. No quiere decir que Semilla esté involucrado hasta tal punto, sino que es un rocker; lo que tiene claro es la materialidad del rock, que puede ser testigo de su vida. Eso lo separa de todos aquellos que pasaron y que cuando llegó el momento presionaron y dijeron esto, o lo otro: Los Gorosito, los Tito Fargo, los Piojo… toda esa gente hermosa que en un momento creyó en una historieta que va más allá de su temple personal. Semilla, creo que es el redondito más…

… redondo.

Indio: No sé si soy injusto con nosotros, pero creo que él es más que nosotros. Nosotros tenemos todavía un juego en el que estar, Semilla se entrega a una historieta que está más allá de eso. No sabe qué hace La Negra, no sabe que digo yo en un reportaje, ni qué se traslada, pero tiene que ver con su vida y su pretensión. Bueno, eso es un rocker. Yo sé que soy el charlatán, el cascarrabias de la banda, pero cuando Semilla habla es al único que escucho. Los otros músicos también tienen otras cosas, por ejemplo, tenemos un músico en este momento que parece ser que entiende lo que somos.

¿Quién?

Indio: No importa (risas).

¿Se puede ser la mejor banda de rocanrol y al mismo tiempo aguantar una actitud como involuntaria, bandera que nuclea a ciertos ghettos ávidos de “misa”, además de música? A veces tanta dicha puede parecer inhumana, valga la contradicción.

Indio:   Lo curioso es justamente que se vea como inhumano, mientras que lo otro, lo que depende de un montón de sistemas de comprensión, sea lo que supuestamente está claro. Parece que lo extraño fuera esto, que es la manera más lógica de vincularse con la gente. Me parece muy hermosa, igual, la palabra inhumano (risas).

En Humor no tenemos que reglamentarlo, con todos esos valores que son blanditos y que es todo “¡Oh!”. Mirá, la gente puede aceptar con facilidad estar ocho horas de su vida diaria trabajando con gente que no tolera, y le parece extraño que uno reúna una selección de personas con las que sí pudiera estar. De otro modo, nuestro trabajo en equipo sería muy dificultoso; antes de que toquen muy bien el bajo, por ejemplo, básicamente lo que me importa es si puedo estar encerrado ocho horas con vos en una sala de ensayo muy chica.

¿Sos un tipo de mal humor?

Indio: Soy un tipo de muy mal humor.

¿Qué te inquieta demasiado?

Indio: Tengo un compromiso social que tiene que ver con mi mambo, no interesa si está bien o si está mal. Tiene que ver con injusticias sociales, que me hacen humillante la vida.  Eso me saca de quicio.  También tengo que aceptar que en este momento, para mi vida que siempre ha sido austera, no tengo zozobra, puedo alquilar una casa, puedo tomar un taxi, y eso me puede llevar al grado de humillación que siento cuando veo otra condición. Me pasa eso, no quiero decir que esté bien, porque ¿por qué uno tiene que sentirse sensible ante la vida de los demás?  A mí me pasó. Tengo más tiempo para sentirme humillado por otras cosas y por este tipo de historietas. Y me inquieta algo más: los años en que en el grupo no tuvimos quilombos me pareció también un dato inquietante. Nadie tiene que tener quilombos, pero hay un momento en que uno dice “la puta, cómo puede ser que creamos que estamos tan apasionados y no arriesguemos”. Generalmente he creído en la pasión, pero tengo que aceptar que mi vida está equivocada en una gran parte, no solo en calidad sino en cantidad de tiempo. Tiene que ver que estoy con ellos (señala a Poly y a Skay). Es decir, yo no sé que pasa, creo que tuvimos suerte.

¿Qué miedos hay?

Indio: De todo, menos de los Redondos. No puedo tener miedo de aquello que hace que todos los miedos que tengo se resuelvan con facilidad. Es como el tipo que está dibujando y pintando, y que por encima de que a todos sus amigos les guste o no, o de que algún día se lo publiquen, básicamente está haciendo algo que es imposible no hacer. Skay siempre va a tocar la guitarra, más allá de, no sé, que quede manco, que se corte los dedos, y no sé si todavía no inventaría alguna cosa. La gente ve raro cuando las cosas son poderosas con uno, no cuando uno es poderoso con las cosas. Y es al revés.  Yo estoy de acuerdo en que la vida me presente cosas que son tan poderosas conmigo, las cosas que yo no puedo dejar de hacer, pase lo que pase.

¿Cuál es el ojo idiota?

Poly: En la tapa del disco hay un dibujo, una muñeca, viendo un televisor color, una luz, una figura siniestra.

Indio: El epígrafe va a estar en el momento en que tengas la imagen. El ojo idiota, ese espejo loco, ese tipo colgado mirando el televisor, una muñeca espantosa y el baión, la música que acompaña todo eso incongruentemente. Es como “Brazil”, ese ojo idiota que está siendo espejo de una circunstancia más valiosa.

¿A qué música estás apostando?

Indio: Ahora, hoy, si tengo que apostar a algo, no apuesto a Estados Unidos o a Inglaterra. Apuesto a Argentina, por ejemplo, o a España, aunque ya se trate de rock; apuesto a un lugar donde la socialización es posible, porque a mí la simple recreación de modas, por más que me provoque una diversidad que agradezco, no me provoca nada más. Ojalá me estuviera pasando escuchar buenos grupos argentinos y me cago en el hijo de puta de Luca que se murió.

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