Skay: “Somos víctimas de nuestras propias decisiones»

Antes del show de hoy con su banda Los Fakires, el ex guitarrista de los Redondos habla de su quinto disco, “La Luna hueca” y descree de las teorías conspirativas a nivel global. Además, sus viajes, su mística, su fe, la muerte,  y la relación actual con su viejo socio: El Indio.

Autor: Diario Clarín, 1 de marzo de 2014. Por Pedro Irigoyen

Pobre de aquel que vea a la Luna como un simple satélite suspendido en la noche, porque se estará perdiendo su misterio y su poesía. Skay Beilinson, legendario guitarrista de Patricio Rey, hoy rockeando junto a Los Fakires, hizo un trato con ella: contemplación a cambio de inspiración.

La Luna hueca es su quinto disco, más acústico, con sonidos que llegan de viajes remotos e historias que se alimentan tanto de la fantasía como del pensamiento. Un observador de cielos silencioso, un hombre sensible y tímido. Invisible. Difícil de acceder. Tras varios mensajes de ida y vuelta con su compañera de toda la vida y ex manager de Los Redondos, La Negra Poly, dueña de la última llave de sus palabras, se dio el encuentro en algún pasaje de su barrio de Palermo.

Con la Negra Poly son asiduos viajeros, y “La Luna Hueca” está perfumado con sonidos traídos de otras tierras, otras culturas.

Más allá de la aventura de viajar y de lo interesante que son los lugares que uno visite, sobre todo en destinos remotos donde hay otras culturas, como la de Marruecos, o Estambul, para mí lo interesante de los viajes es que cada lugar pareciera tener un sonido propio. Así como el sonido de Buenos Aires es el tango, cada cultura tiene su propio sonido. Y estando un tiempo en cada lugar, termina sucediendo que esas melodías se van metiendo en tu inconsciente musical. Generalmente me traigo algún instrumento de cada viaje, y tarde o temprano terminan formando parte de algún tema.

¿Alimentás el pensamiento con la vibración de esas culturas?

Es otra concepción de la vida, y de plantearse la existencia.

¿Sos una persona de fe?

Sí, la fe es un trabajo. Porque la fe incluye la duda, sobre todo. Y de eso trata. En realidad, creo que todo el mundo tiene fe en algo. Incluso aquel que se dice ateo también cree.

Algo de eso plantea “La fiesta del karma”: “No hay atajo ante la duda / el misterio se hace aquí / se hace carne en cada uno / el misterio es existir”. ¿Cuál es tu hipótesis frente a esa gran duda?

Lo que aparece es la pregunta, la respuesta siempre es sólo esa incertidumbre. Uno intenta expresarse de todas las maneras posibles y sensibles. O leyendo, o aventurando la mente hacia donde pueda. Pero lo que está es la pregunta. Siempre.

La canción también plantea la dicotomía de no saber si esto es obra de Dios o del diablo, si esto es el paraíso o un infierno. ¿Cómo lo vivís personalmente?

Los dos componentes siempre están presentes, y todo se resume un poco en la cabeza. Así como a veces uno tiene un día maravilloso y todo parece un paraíso, al día siguiente todo puede estar cruzado y resultar un infierno. Creo que el paraíso es la posibilidad, y el infierno es un poco lo que estamos construyendo.

Es muy amplio, pero en ese sentido, ¿cuáles son los aspectos del mundo que más te preocupan?

Podemos ir desmenuzándolo un poco. Por lo pronto creo que estamos inmersos en una cultura materialista, que nos bombardea y nos deja en un estado embotado, donde la conciencia es algo parecido al sueño. Estamos metidos en ese mundo y entonces cuesta encontrar un poco de sentido a todo esto. Todo tiende a volverse más intrascendente, más materialista, inmediato, sin profundidad. Y tiende a degradarse. Pero por otro lado hay señales de cosas que están pasando que también son maravillosas. Nunca antes se habló de ecología como se habla en estos días, y a pesar de que estamos haciendo estragos el planeta, cada vez somos más concientes de que somos una aldea global. Estas cosas, inevitablemente, nos van a llevar a un colapso, a un despertar.

En “Arriba el telón”, se plantea la hipótesis de que todo está orquestado y no somos más que títeres. La pregunta es: ¿Quién es el director de esta súper producción?

Diríamos que es Dios. O de alguna manera podría serlo.

Pensaba en algo más mundano…

Puede ser, pero yo no creo tanto en las teorías conspirativas. Creo que somos víctimas de nuestras propias decisiones. El mundo es así, pero no por el genio macabro de algunos seres hijos de puta, sino que nos incluye a todos.

Creo que otro asunto a discutir es el falso sentido del éxito de hoy…

Para mí el éxito es hacer una canción. Lograr que esa canción hable y tenga vida propia. Después, todas esas fantasías del éxito con el público y el mercado, cada vez estoy más convencido de que son pura pavada.

¿Y por qué nos alimentamos de esas pavadas?

Supongo que por un lado tiene que ver con cierto vacío que hay en general. Identificarse por un rato con alguna cosa y sentirse junto a otros. Muchas cosas influyen.

¿Cuáles son tus hábitos diarios?

Por la mañana me dedico a mí, salgo a caminar para ventilar mi cabeza y mis pulmones. Y luego me quedo un rato bajo los árboles escuchando los pajaritos. Un ejercicio maravilloso: el silencio. Para mí es fundamental. Y la pausa. Soy un autodidacta, me armé mi propia rutina para meditar, no sigo ninguna escuela. Es una meditación que me inventé yo, una forma de conectarme conmigo, estar en silencio y cortar con el ruido.

¿Pensás en la muerte?

Pienso a veces, pero no me asusta. Hasta te diría que tengo cierta intriga. Lo veo como parte del proceso. Nacer es morir. Todo aquel que nace está condenado a morir. Lo que sí me asusta es el dolor y el sufrimiento. Como digo en la Oda a la sin nombre, la presencia de la muerte también hace que el momento presente, es decir la vida misma, tenga un significado mucho más intenso. Sabiendo que mañana podés no estar, este momento es maravilloso.

Sos un tipo tímido.

Absolutamente tímido.

¿Cómo se explica en un rockero?

No es el primer caso, hay un montón de artistas que son absolutamente tímidos abajo del escenario. No soy un esquizofrénico. Ya tengo 61 años y convivo con estos dos personajes desde siempre. Para mí no es difícil, nos llevamos bastante bien. En el mundo me gusta más ser observador. Prefiero el anonimato para observar. Y el escenario es el lugar de exposición donde podés dejar que aflore el alma. Tengo el don de la música, bueno, eso es lo que voy a hacer.

¿La sensación es la del comienzo?

En un sentido sí, siempre hay una gran ansiedad, un gran cagazo y unas enormes ganas de hacerlo. Siempre. Creo que a todo músico le pasa. Uno, en la intimidad, sabe a qué alturas puede llegar como músico. Y el gran desafío es poder llegar a esa altura frente al otro y poder compartirlo. Cuando no lo lográs produce un dolor enorme. Un dolor que personalmente no se lo recomiendo a nadie.

Y… ¿se juntan?

Ex Redondos como Walter Sidotti, Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi participaron del nuevo disco del Indio, ¿cuál fue tu sensación al escuchar esa canción?

La verdad es que no la escuché, así que no puedo opinar.

¿Ese encuentro te genera algún tipo de nostalgia?

No, porque tampoco es que plantearon hacer Los Redondos. Fue un encuentro de ellos y supongo que habrá sido bueno. No lo sé.

Las relaciones importantes, que marcaron historia y forman parte de nuestros años felices, pueden terminar. Pero pienso que se puede estar separado, pero bien. ¿Te genera impotencia que no sea así?

A veces, tengo la sensación de que esto hubiese necesitado como un cierre. Pero, no sé, parece que las condiciones no se dan. Si algún día El Indio me llama por teléfono… No sé, para conversar, podríamos charlarlo. Pero las cosas son así. Los Redondos nacimos en un pedo, y nos disolvimos en un pedo.

Creo que sería positivo poder llamarse, decirse uno al otro “Escuché tu disco, me gustó o no”, o lo que sea. Aún sin estar juntos como banda ,como lo pide la gente.

La verdad que sí. Pero es algo que sólo podemos hablar entre El Indio, la Negra Poly y yo.

Redondos de película y libro

La historia de Patricio Rey se sigue escribiendo. Por un lado, los periodistas Mariano Del Mazo y Pablo Perantuono preparan un libro que recopila más de 50 entrevistas para narrar el fenómeno. Además, en Cosquín, se estrenará El alucinante viaje de Patricio Rey y sus redonditos de ricota, un documental sin firma sobre la génesis de la banda con material inédito de los primeros ensayos, el primer recital y el viaje a Salta. “No lo vi todavía, pero sé que se tomaron el laburo de entrevistar a todos los viejos Redondos, ahí donde se generó toda esta historia. Les pasaron material y fotos. Está mi hermano Guillermo, y es el gran mérito de la película que hayan logrado entrevistarlo porque es un tipo que eligió otro camino. Algo lo habrá conmovido en estos pibes que se avino a hablar y les pasó mucho material. Eran años muy interesantes y muy oscuros al mismo tiempo, La Plata se había convertido en un lugar muy peligroso en esos años, 1975, 1976”, recuerda.

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