Somos un fenómeno social 

 La música, las ventajas y riesgos de ser independientes, la devoción del público, su rol de referentes ¿involuntarios?…Un diálogo a fondo con los líderes de una banda devenida mito.

Autor: Diario Clarín, 19 de mayo de 1998
“Hoy somos todos gente del pasado”, dice el Indio Solari, y dice también que esa frase pertenece a uno de los temas del próximo disco de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, alias Los Redondos. Y, tal vez, la estrofa que aparezca en el futuro refleje el ánimo y la paradoja de la extensa charla. Es que la conversación con el cantante Solari, el guitarrista Skay Beilinson y la Negra Poli ( gerenta general ) tiene sus momentos pero no necesariamente su tiempo. Entonces, las palabras remiten a los inicios, a la época del Proceso, en que ” no sabíamos si íbamos a vernos otra vez” para recalar violentamente en el presente, que los lleva a decir: “Cuando te va bien y todos lo dicen, es el momento de empezar a desconfiar”.
Las palabras, esa constante, funcionan como máquina de tiempo, son las clavas necesarias para que el malabar surta efecto. Los lleva a hablar de la prohibición de Olavarría, del acto creador, de los más de veinte años de carrera como músicos independientes, de Los Redondos como fenómeno social. Y a una conclusión tan inesperada como furiosa sobre el futuro inmediato: “Hoy hablamos de un mundo donde lo que ayer era significativo hoy ya es tarde. Quizás estemos en la etapa de olvidar por qué se generó esta cultura. Quizás estemos en la etapa de liberarnos de la cultura rock”.
 
Pensar las cosas de este modo no invalida seguir adelante. ¿Ahora qué viene?
Indio: Nuestra música no es para que salga en verano. Al menos los últimos dos álbumes, y probablemente el que viene, no lo son. Son discos con cierta pretenciosidad, en los que no podemos usar de referente a la gente que nos sigue, que pueden ser chicos de 12 años que por ahí no están cuestionándose estas cosas.
El trabajar sin productores puede convertirse en un riesgo. Nadie lo mira desde afuera. Y, para colmo, ustedes dicen que su propio público no tiene sus mismas obsesiones, ¿Qué los modifica?
Indio: Hacer canciones es como armar pequeños dramas musicales. Y el producto más genuino es el que respeta esa intención y esa obsesión, más allá de lo que pase con el producto después, con lo que vos hacés. Eso corre su propia suerte.
Skay: Y la única certeza que existe es cuando eso te emociona, te parece que está medianamente logrado.
Indio: Y creo que es genuino el cálculo. Digo, más allá de que estés confundido, de que eso te emocione a vos y a cinco, lo genuino es que vos provoques eso. De otro modo, producís híbridos muy extraños. Creo que si uno incorpora alguna textura o algo que lo atrae de la cultura mas contemporánea, es por una elección íntima y no por una conveniencia.
Está bien, pero eso puede llevar a conclusiones del tipo “No importa lo que digan los demás, esto es un acto íntimo”.
Indio: No, me encanta que nos vaya bien. Pero no voy a escuchar todas las opiniones. No voy a seguir lo que diga aquel que tiene una columna importante en un diario porque no sé cuáles son los méritos de esa persona. Digo: los juicios que me interesan son los de aquellos de los que yo soy testigo de la amplitud de su espíritu. Por supuesto, me gusta que todo me vaya bien, como a todo el mundo, vender muchos discos, ganar dinero, también que la crítica opine que está bien. Lo que no significa que no desconfíe.
Skay: Y también es importante saber qué te pasó a vos con el disco. Si a vos te parece que es una cagada y los otros dicen que está bien, ahí estás jodido.
¿Les pasó eso?
Indio: No sé si así. Pero yo, en general, no me gratifico mucho de los discos pasados. Es decir, quizás hay algunos que tolero más. Pero, me parece lógico, estoy más de acuerdo con las últimas producciones. Y no por calidad de las canciones, uno quizá nunca sabe cuándo es una buena canción o cuándo no lo es, sino con la realización. Uno está dedicado a la música popular, que es un poco de conocimiento y también mucho de calle.
¿Esa calle, hay que alimentarla constantemente?
Indio: Mirá, supongo que también hay que tener un poco de leche en el sentido de estar parado en un momento determinado donde caiga un rayo de luz que determine una cultura agitada, un tiempo con algo de revolución. Y probablemente era mucho más fácil que hubiera una generación provocativa en esos tiempos. Y hay otros momentos donde es muy difícil.

Momentos más épicos.

Indio: Exacto. Pero no hablo de esos viejos chotos, que se la pasan escabiando con la chabona, y porque están sentados con una Eva con una nuez de Adán creen que son unos bandoleros. Esos viven relativamente bien, porque son de la clase media, siempre tienen alguien que les banca algún vicio. Hablo de haber estado marginado. Eso ayuda a que haya una fortaleza. Y creo que uno ha pasado momentos donde vivía una marginalidad política, social, cultural. Hoy el planteo de un chico debe ser muchas veces zafar económicamente formando una banda de rock. Ven que a uno le va bien, que lleva minitas, falopitas, groupies, que se yo, y dicen: Bueno, entre ser remisero, o qué sé yo, por ahí armo una banda y zafo. Distinto es haber empezado en un época en la que no se pedían premios. Hoy es lógico que los tiempos de algunas bandas de rock sean cortos porque la estética que plantearon fue corta.
En sus comienzos la gente estaba más cerca de la militancia política que de otra cosa.
Indio: Sí. Bueno, había de todo. Desde gente que no le importaba un carajo hasta los muertos queridos. Uno quizá ya no tenía el estado de inocencia, casualmente porque estaba invadido de informaciones que nos decían que el mundo era bastante más turbio que bajar a la Casa Rosada con máuseres.
 
¿En qué cambiaron Los Redondos?
Indio: Originalmente, los Redondos no eran una banda que nutría a ciertos barrios, que nos siguen ahora, de imágenes. Era todo lo contrario, era medio elitista. Porque la gente que iba a estos reductos under no eran chicos de Laferrere ni obreros; eran, en general, artistas. Gente que podía ir a las cuatro de la mañana a cualquier sucucho. Ahora hay de todo. Pero, digo, hay una buena cantidad de gente que nos sigue que vive en barrios desangelados. Lo notás cuando vas por ahí y ves las pintadas en Laferrere, en Lugano…
¿Y ustedes empezaron a adaptar las letras a ese cambio? Se pasó de Semen up a letras como El pibe de los astilleros.
Indio: ¿Pero quién señaliza esos dos momentos? Porque esos dos discos no son el ábum blanco de Los Beatles. Sinceramente, no me doy cuenta. Mi juicio sobre los discos que hemos hecho es: algunos me gustan más que otros. Realmente, los cambios tuvieron que ver con lo que le pasa a uno. Nunca hubo un planteo de: ahora voy a hablar de tal cosa. No somos como esos solistas que leen Foucault y cambian su lírica. Los cambios, en todo caso, se van dando. Aparte, ¿cómo hacés para fingir eso? El acento del barrio te sale mal.
Es un momento, la noche se convierte en día. Al menos en la pantalla del televisor, que muestra el antes y el después de un recital en la cancha de Colón. Ahí, los ojos del Indio Solari se ponen rojos de una emoción íntima. Poli señala a cada uno de esos chicos como si fueran sus sobrinos preferidos. El mismo ritual que se repetirá el 23 en Villa María, Córdoba.
¿Tuvieron miedo de que la gente se desbandara en Olavarría?
Indio: Algo parecido. Porque, en realidad, quién vivió circunstancias de peligro sabe que, en ese momento, queda poco margen para la elucubración. Tenés que resolver cosas y pensar lo que te conviene y lo que tenés que hacer.
Poli: Al mismo tiempo que estábamos resolviendo eso, hubo opciones. Ofertas de otros lugares que nos decían: Bueno, vengan ya, a 300 km, a tocar. Tuvimos que pensar en el traslado de toda la gente. Y decidimos que no, que íbamos a hacer más cagadas con esa epopeya.
Indio: Escuchame, para una banda como nosotros, formar parte durante dos o tres días de los noticieros nacionales es por lo menos incómodo.
¿Son un fenómeno social?
Indio: Mas allá de que uno crea cuáles son los motivos, el de Los Redondos es un fenómeno. No tenés nada más que abrir el diario y ver la cita de una letra, un epígrafe de una foto, un comentario…
 
¿Y así, siguen siendo independientes?
Indio: Sí. Mirá voy a decir algo que es a veces molesto. Que seamos independientes le rompió las pelotas a todo el mundo: a músicos, a periodistas, a un montón de gente. Porque unos tipitos pudieron coquetear en las ligas mayores. Sin aceptar discográficas ni productores. En nuestro caso, el culo que cobra o paga es siempre el mismo. Porque, en definitiva, este viaje es un puto negocio del corazón hecho entre amigos. Y que sigue adelante.

ENCUENTRO CON REGLAS PRECISAS

El ritual de entrevistar a la plana mayor de Los Redonditos de Ricota tiene reglas precisas. Poli, manager todo terreno, oficia de anfitriona. A la hora señalada, abre la puerta de la casa de Palermo Viejo y señala el camino. A la vista, un living extenso y al oído jazz en versión láser. Y el Indio Solari y Skay Beilinson, puntuales como diplomáticos ingleses. El cantante viste suave. Pulóver celeste de fina hechura, jeans jaspeados, zapatos sport. El guitarrista luce más rockero y va por las bebidas. Whisky Chivas Regal para Solari, cerveza en lata para Poli y Fernet con agua mineral para él. Habrá un intervalo durante las casi cuatro horas de pulseada intelectual con el Indio y su entrañable socio musical a quien llama el Caperusa. La pausa la marca Poli, la que está atenta a que los ceniceros no desborden ceniza y la que refleja la intensidad del diálogo con suspiros tipo “Humm”. La pausa la marcan las empanadas: de verdura para los dueños de casa y carne para el cantor calvo que volverá en remís a su hogar en el Oeste bonaerense.

ENTRE COMILLAS

Televisión: Que yo tenga una visión que me pueda proteger del ojo idiota no quiere decir que intente apagarlo socialmente. Quiero decir: A mí me gusta jugar flipper pero no ser la pelotita, yo no quiero estar ahí en el programa de Marcelo Tinelli, pero me gusta verlo. Lo mismo con todo este asuntito de los talk shows: Cuando también aparece el condimento de que nos damos cuenta de que los escandalos no sólo suceden en la vida de Susana Giménez sino que Teresa, nuestra vecina, se encama con el cuñado de la hermana, se adjudica un condimento de humanidad a las cosas.
Bulacio. Si algo sale mal el garrón nos lo comemos solamente nosotros. Lo de Bulacio nos excedía, no era nuestra responsabilidad, pero son cosas que las cargás. Con todo eso el grupo comenzó a tener una magnitud en los medios y en lo político. Estuvimos de acuerdo con lo que pasó con los edictos y todo eso, pero salir a alentar a los políticos…¡De acá! Estuvimos donde teníamos que estar y no donde se nos reclamaba que estuviéramos. Y los partidos políticos nos reclamaban porque vieron la enorme convocatoria del grupo.( Poli )
La Renga y Los Piojos: Es cierto que le mandé un cajón de champagne a La Renga cuando llenaron Obras, pero la significación que se puede hacer de eso no es verdad. Fue para que festejaran y no para que esta gente tenga que padecer esta tutoría molesta que son Los Redondos. Más allá de que los vaya a ver gente que nos ve a nosotros, ellos están haciendo su experiencia. Cada uno se ha ganado, con su orto, la resonancia que tiene. Parece ser que cualquiera que intente una producción independiente está copiando el plan de Los Redondos y no es así. Yo no escucho paralelos entre la música de La Renga y Los Piojos y la de Los Redondos. MIA también fue una producción independiente, y qué: alguien puede creer que Los Redondos copiaron ese plan?
Palito Ortega: En términos del cariño de la gente, un tipo como Palito Ortega tiene menos posibilidades de cagar a la gente. En términos reales tal vez no. Porque no va a tener a Johnny Tedesco o Nicky Jones de ministro de economía. Un metro más allá de él está toda la estructura tradicional. No estoy diciendo vote a Palito Ortega. Lo que digo es que es más difícil creer que alguien como él o Mirtha Legrand va a abandonar el cariño de la gente por hacer un pequeño negocio. En general, los artistas, más allá de que no tengan aptitudes para administrar nada, no tienen el plan de confrontar con su imagen pública. De demolerla para, por ejemplo, asfaltar Morón.
Socios: Skay y yo no somos tan parecidos en un montón de cosas como la gente cree. Digo…no somos Piero y José. Entre nosotros hay afinidad y esfuerzo, porque uno lo que quiere es ser corregido. A mí me interesa la mirada de Skay para que esto que hago no tenga que proyectarlo a un tercero que me diga: a esto le falta… . Estoy con un par, un amigo, una persona entrañable, que puede decirme en qué momento estoy demasiado afirmado en mi obsesión. Ahí empieza a suceder la materialización de una canción.
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