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Soy viborita que quizo un milagro…

Hacemos zoom sobre una frase incluida en “Mi caramel machiato” y nos divertimos un rato.

Autor: Redondos Subtitulados, 18 de octubre de 2018. Fuente

¡Soy viborita que quiso un milagro
y en ese día la hicieron bastón!…

El “Éxodo” es uno de los textos más importantes de la Biblia. Narra la esclavitud de los hebreos en el antiguo Egipto y su liberación a través de Moisés, que los condujo hacia la “Tierra Prometida”.

Tanto para el judaísmo como para el cristianismo el éxodo tiene una gran importancia simbólica, porque representa el hecho fundacional del pueblo de Israel.

Haciendo un reduccionismo quizá poco académico, pero que sirve para ponernos en contexto, podemos decir que la gran epopeya del éxodo comienza cuando Dios se le aparece a Moisés a través de una planta en llamas que -sin embargo- no se consume y le explica que es el elegido para liberar al pueblo hebreo. Moisés, que era un pastor muy humilde, con una historia personal trágica, se niega, le dice que no se cree capaz de semejante empresa. Incluso le explica que tiene dificultades para expresarse, que es medio tartamudo. Dios lo tranquiliza y le dice que él le posibilitará comunicarse con fluidez.

Pero Moisés, que se ve que era bastante cabeza dura, no se dejó convencer tan fácil por la plantita en llamas: “¿Quién soy yo para que vaya ante el Faraón, y saque de Egipto a los hijos de Israel?”. Quizá medio hinchado las pelotas, Dios le respondió con sequedad: “Ve, porque yo estaré contigo”.
– Pero… si ellos (el pueblo hebreo) me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé?
– Yo soy el que soy.
– Ok, ahora me quedó todo más claro.

Las respuestas de Dios no convencían del todo a Moisés. El humilde pastor razonó con precisión: “¿y qué pasa si ellos no me creen? ¿Si me acusan de mentiroso? ¿Si me dicen “eh Moisés, a vos no se te apareció Dios, no chamuyes”? (el lunfardo corre por cuenta del redactor, para hacer más ameno el relato).

“¡Eureka!”, dijo Dios, plagiando a Arquímedes aunque faltaban varios miles de años para su nacimiento. “¿Qué es eso que tenés en tu mano, Moises?”. “Una vara”, respondió el pastor. “Tirala a la tierra”, ordenó el Mandamás. Acostumbrado a recibir órdenes, Moises creyó conveniente no ponerse a discutir con una planta prendida fuego y la arrojó con violencia al arenoso suelo. Instantáneamente el palo se convirtió en una serpiente. Moisés le tenía terror a las víboras, así que se llevó flor de susto.
– Extiende tu mano, y tómala por la cola -ordenó Dios-
– ¿Vos me estás cargando? -contestó Moisés en hebreo antiguo-
– Dale, no me hagas enojar que tengo mil cosas que hacer.
Moisés extendió su mano, tomó la serpiente por la cola y en el instante se volvió a convertir en su vieja vara de madera.
– Con este milagro te van a creer que se te apareció Dios. Ahora andá y liberá a tu pueblo…

Tal como Dios lo había predicho, la primera reacción de las personas era mostrar escepticismo sobre la historia que les contaba Moisés, pero a fuerza de convertir el bastón en viboritas, milagro más, milagro menos, miles de polillas comenzaron un largo éxodo hacia la luz…

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